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Etiquetas:   Crítica de televisión   -   Sección:   Televisión y Medios

‘Los Soprano’, una serie para no olvidar

Herme Cerezo
Herme Cerezo
sábado, 18 de abril de 2009, 11:13 h (CET)
Los voy a echar de menos. De verdad. Y mucho. Comencé a ver ‘Los Soprano’ mediada la Eurocopa de Naciones. Y en poco más de un mes, me he metido, entre pecho y espalda, los 86 capítulos de que constan sus seis temporadas, incluida la llamada Serie 6ª, Episodios finales.

Antes de proseguir mi reseña, quería comentarles a ustedes un par de cosas. En primer lugar, que descubrí ‘Los Soprano’ gracias a los comentarios de ese maestro de la crítica literaria y, en ocasiones, comiquera y cinematográfica, que se llama Manuel Rodríguez Rivero, actualmente en el diario ‘El País’. Y, en segundo lugar, que es de agradecer que la empresa que edita la serie, HBO, tenga la gentileza de que los menús de cada deuvedé arranquen nada más introducir el disco en el lector. Hay series, ‘CSI Las Vegas’ sin ir más lejos, que te zumban la cabeza con anuncios antidrogas o antipiratería. Pase lo primero, lo de las drogas, digo, pero parece claro que una persona que gasta su dinero en una copia legal, comprada en "esos" grandes almacenes que todos conocemos, no tiene por qué soportar los previos antipiratería, unos previos que, además, no admiten ser evitados: hay que tragárselos sí o sí.

La verdad es que no soy excesivamente aficionado a las series televisivas porque enganchan, te pringas y llega un momento que no sabes si las ves porque te gustan o por pura rutina. No, no, en serio. En las series largas existe ese peligro, el de desnortarse y no distinguir los momentos buenos de los menos buenos y de los francamente malos. Y eso, en algún instante, por fortuna breve, también ocurre con ‘Los Soprano’, concretamente en aquellos capítulos en los que el protagonista, Tony Soprano, permanece en estado de coma a consecuencia de un disparo efectuado por Junior, su tío de más de ochenta años a pesar de su nombre. De hecho, algunos de los personajes que transitan por aquellos episodios y prometían resurgir en cualquier momento, sin avisar y con alevosía, me refiero al pastor evangélico o a la doctora de la compañía aseguradora, no vuelven a escena en los capítulos restantes, transformando su prometedor futuro en astillas de burundanga.

Llevado por mi entusiasmo, me resisto a creer que a estas alturas ningún aficionado a la televisión en este país no haya visto algún capítulo de ‘Los Soprano’ o que no los conozca, aunque sea por referencias terciarias. La serie nos habla de una familia compuesta por un matrimonio, Carmela y Tony, y sus dos hijos, Meadow y Tony Jr. Los cuatro viven en una zona residencial de New Jersey. Hasta ahí todo aparente, todo ideal, todo bonito. Pero el espectador comienza a percibir que los vecinos les rehuyen y que las amistades que frecuentan no son del todo recomendables. Y es que Tony Soprano regenta un club de streepers llamado Bada Bing, donde unas chicas, muy macizas ellas, ondulan sus siliconeces alrededor de unas barras verticales la mar de tiesas. Eso es en apariencia, ya que en la trastienda, el capo y sus muchachos Paulie, Christopher, Silvio, Bobby, Tony Blundetto, Pussy o Vito Spatafore, diseñan las estrategias económicas que la familia va a seguir. Porque ‘Los Soprano’ es una serie sobre "la Cosa Nostra", sobre la Mafia. Y en ella, con todo realismo, asistimos a extorsiones, coacciones, palizas, robos, pago de comisiones ilegales, ajustes de cuentas, discriminados e indiscriminadas, atracos y pactos entre bandas rivales que se reparten los distritos urbanos como las porciones de una tarta. La construcción, las apuestas del hipódromo, las timbas de póquer, el fútbol americano o el béisbol tampoco escapan al control del grupo. "Somos una familia" inculca constantemente Tony Soprano a sus subordinados, como un eslogan de marketing moderno, acompañando sus palabras con una palmada afectuosa en el rostro, un beso y un abrazo, no siempre sinceros, no siempre falsos.

Y bien, mis improbables, tras haber leído todo esto, ustedes me dirán que conocen multitud de películas sobre gángsters mejores que ‘Los Soprano: ‘El padrino’, ‘Uno de los nuestros’, ‘Atrapado por su pasado’, ‘Billy Bathgate’, ‘Érase una vez América’ o ‘Bugsy’ sin ir más lejos. Entonces, ¿qué es lo que convierte a ‘Los Soprano’ en una serie especial? Pues muy sencillo: el afán de Tony Soprano y Carmela por llevar en cada capítulo una vida de familia normal. Y eso, con una ocupación como la de Tony, es algo realmente difícil. Para Tony Soprano y los suyos, extorsionar, chantajear, cobrar préstamos a porcentajes exorbitantes – menuda memoria tienen los capos de "la familia" para recordar los intereses de sus préstamos – es su trabajo, su oficio. Él es un gángster profesional, que no se conforma con dar un golpe de vez en cuando, sino que trabaja continuamente, las veinticuatro horas del día, como un ejecutivo... como un ejecutivo del crimen organizado. De vez en cuando, entre las bambalinas del Bada Bing, la cámara le descubre enfrascado en anotaciones o tirando de calculadora, es decir, la parte "administrativa" de su pingüe negocio, cuya cohesión radica en la fuerza de los puños, las patadas, los bates de béisbol y las pistolas, los auténticos "lazos familiares".

Por supuesto, esa dicotomía vida ideal-vida real de los Soprano, no puede quedar soterrada. Pasa factura. Y se la pasa al propio Tony Soprano, que es presa de ataques de pánico que le producen desvanecimientos. ¿Se imaginan algo más chocante en la vida real, y en la del celuloide, que un capo mafioso, duro, fuerte y al que no le tiemblan los dedos al apretar el gatillo, se desmaye víctima de ataques de pánico? Pues yo no me lo imaginaba. Creía que lo había visto todo en el género "negro", pero se ve que todavía quedan territorios por explorar. ‘Los Soprano’ es un ejemplo de ello. Y aquí, con la aparición de los miedos, es donde entra en juego uno de los personajes fundamentales de la serie: Jennifer Melfi, una psiquiatra que se debate entre la eterna duda de su juramento deontológico y su compromiso médico con su paciente. Como está obligada a denunciar ante la policía a cualquier enfermo que pueda cometer algún delito, Tony se las tiene que arreglar para contarle sus problemas de tal modo que la doctora comprenda sus sentimientos y emociones y, al mismo tiempo, no le delate. Difícil papeleta la de él. Difícil papeleta la de ella. Por supuesto en las sesiones de terapia aparece la raíz de todo el problema de Tony: su pasado, su relación con su padre y, especialmente, con su madre.

Pero ‘Los Soprano’ avanza y los hijos crecen. Crecen y multiplican sus problemas: descubren que su padre no se gana la vida como los otros padres de su entorno escolar. Y llega la hora de asumir situaciones y realidades, de comenzar a vivir sus propias existencias, independientes, problemáticas, caóticas en algunos casos. Tony, que lo que más desea en el mundo es que sus hijos se dediquen a profesiones "normales", comenzará a sentir la angustia inherente a la frustración de sus anhelos. Es en este tramo, cuando la vida familiar ocupa el primer plano argumental, donde la vertiente psicológica de los guiones alcanza uno de sus puntos culminantes.

‘Los Soprano’ es una serie con final, cosa que no ocurre con otras. Sin embargo, los guionistas han sido lo suficientemente hábiles como para programar un desenlace ambiguo, que admite varias interpretaciones y que, faltaría más, deja abierta la puerta a un posible regreso de "la familia", aunque por el momento no parece factible que se produzca.

Después de convivir más de ochenta horas con los protagonistas de la serie creada por David Chase, que se emitió en España desde 1999 a 2007 y cuyo reparto de actores es muy extenso (James Gandolfini, Lorraine Bracco, Edie Falco, Michael Imperioli, Dominic Chianese, Steven Van Zandt, Tony Sirico, Robert Iler, Jamie-Lynn Sigler, Drea de Matteo, Aida Turturro, Nancy Marchand, Vincent Pastore, Joe Pantoliano, Steven R. Schirripa, Vincent Curatola, Frank Vincent, Ray Abruzzo, Dan Grimaldi, Sharon Angela, John Ventimiglia, Federico Castelluccio, Steve Buscemi, Joseph R. Gannascoli ...), podría continuar hablándoles mucho más sobre ‘Los Soprano’. Sin embargo, me limitaré a decirles que entre sus numerosos personajes, el que suscribe, siente una inclinación especial, llámenle simpatía o como quieran, por el personaje Silvio Dante, ‘Il Consigliere’, interpretado por Steven Van Zandt, mano derecha de Tony Soprano e imitador de Al Pacino en ‘El Padrino’, para regocijo de los colegas del Bada Bing. Silvio Dante, sin perder la realidad de la ficción, incorpora a la serie una pizca de caricatura, acentuada por su hermético tupé, y actúa con sus muecas como contrapunto a la seriedad absoluta del resto de personajes.

‘Los Soprano’ serie de género, de mafiosos, de grandes actores, de espléndidas historias, de buenos diálogos, de oportuna BSO, de estupenda fotografía y mejores guiones. ‘Los Soprano’, una serie para no olvidar.

Ya lo dije en el titular.

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‘Los Soprano’, edición completa (32 deuvedés). HBO, año 2008. Precio: 169 euros.

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