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Etiquetas:   Momento de reflexión  

Dioses inútiles

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 31 de julio de 2008, 09:33 h (CET)
Nuestra mentalidad occidental considera buenas todas las expresiones religiosas. La época de la historia del antiguo Israel que se conoce como Jueces, etapa intermedia entre el inicio de la ocupación de la Tierra Prometida y la instauración de la monarquía, tenía un cierto parecido con la nuestra: Se toleraban todas las manifestaciones religiosas. Dicho consentimiento llevaba consigo la degradación moral debido a que habían desaparecido los principios éticos que frenan la decadencia moral.

A pesar del grado de corrupción alcanzado, esta época fue una de las más oscuras de la historia de Israel, no impedía que periódicamente entrasen en escena auténticos hombres y mujeres de Dios. Una de estas personas fue Gedeón a quien el Señor le dijo: “Destruye el altar de tu padre dedicado a Baal”. Gedeón aprovechó la oscuridad de la noche para llevar a cabo la orden recibida de Dios. A la mañana siguiente la gente encontró derribado el altar a Baal. Indagaron y llegaron a la conclusión que Gedeón había sido el autor de la profanación. Se dirigieron al padre del culpable para decirle. “Entréganos a tu hijo, ha de morir porque ha derribado el altar de Baal”. El progenitor de Gedeón con mucha sensatez les dijo: “¿Vosotros habéis de luchar a favor de Baal? ¿Lo habéis de salvar vosotros?……Si Baal es Dios que luche por sí mismo”.

Los adoradores de Baal consideraron una ofensa gravísima que Gedeón hubiese derribado el altar que habían dedicado a su dios. Para entender la actuación de Gedeón nos tendríamos que situar en el escenario de los hechos e intentar averiguar el contexto religioso. Sería muy largo de explicar en un breve escrito. Nos detendremos, pero en las palabras que Joaix, padre de Gedeón dijo a quienes pretendían matar a su hijo, porque tienen aplicación hoy: “Si Baal es Dios que luche por sí mismo”.

En algunos sectores religiosos es totalmente imposible la crítica. Los dioses y personajes religiosos, especialmente si han fallecido, son intocables. Cualquier crítica que se les pueda hacer es una ofensa que en los sectores más extremistas debe acabar con la muerte del injuriador. ¿Verdad que ello nos recuerda las famosas viñetas de Mahoma y a la protección especial que se le de debe brindar a su autor? Si el dios ofendido a quien se sirve es incapaz de defenderse por sí mismo, ¿por qué se le tiene que proteger? ¿No se le invoca para que ayude a sus fieles en sus necesidades? Un dios impotente que necesita el refuerzo de sus adoradores no se merece que se le alabe. Es preferible arrinconarlo en el trastero por inservible.

La fe en el Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra y Padre de nuestro Señor Jesucristo, infunde en el lama del creyente un sentimiento de confianza y de tranquilidad porque uno sabe que se encuentra en buenas manos. Los agravios que se le puedan hacer a este Dios único, entristecen, sí, porque como se le ama, sabe mal que se blasfeme a su nombre. La cosa no va más allá por parte de hombre porque Dios sabe cuidarse por sí mismo. Cuando llegue el momento ya pasará cuentas a quienes se hayan atrevido a injuriarlo.

Por otro lado, quienes adoran a un dios que no sabe valerse por sí mismo y salen en su defensa ocupan el espacio que debería llenar él. A mi entender aquí se encuentras el origen del fanatismo religioso. La tendencia a ocupar el lugar de Dios está muy extendida. Por ello es muy importante atender el consejo del apóstol Pablo: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos,12:19). Dios es el único que lo sabe todo y por lo tanto puede juzgar con conocimiento de causa. Aún hay más, Dios es el único que no se excede a la hora de castigar para disciplinar. Siempre utiliza la dosis adecuada y justa a la ofensa. El hombre tiende a extralimitarse a la hora de hacer justicia. Dejemos, pues, en las manos de Dios la responsabilidad de pasar cuentas.

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