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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

¡No es difícil acabar con ETA!

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
jueves, 31 de julio de 2008, 09:33 h (CET)
El grupo de sádicos del País Vasco, dedicado al terrorismo urbano, ha vuelto a alterar la vida de los españoles. Las localidades cántabras de Noja y Laredo han comprobado cómo se las gasta el grupo criminal etarra y cómo quiere tener su parte de protagonismo en los medios de comunicación durante la aburrida época estival.

Nos decía hace poco un amigo que en vez de llamarse ETA, debería llamarse grupo terrorista GAFE (Grupo Armado de Fanáticos de Euskadi). Sea como fuere, y se llamen como queramos llamarlos, el caso es que este grupo socialista, terrorista y abertzale no está dispuesto a dejar las armas. Ni siquiera aunque sus presos se lo exijan, como así lo han hecho; sobre todo desde que hace tiempo comprueban que los cabecillas salen de la cárcel enseguida y algunos presos defendidos por Askatasuna no verán la calle hasta que tengan casi setenta años. Tanto esa organización, como Etxerat, se embolsan cuanto pueden para ETA, mientras que a los que dicen defender ven cómo se pudren en los ‘hoteles gratuitos’ del Estado.

Se impone la necesidad de atar corto a esta gente y avanzar hacia la legalización del cumplimiento íntegro de las penas. No hay que descartar a corto plazo la cadena perpetua. Incluso, vayamos más lejos, en un Estado aconfesional (¡Ojo, no es lo mismo que laico!) habría que plantearse con seriedad la pena de muerte para casos de terrorismo, violencia doméstica y pederastia. Si alguien desea llevarse las manos a la cabeza está en su derecho de hacerlo, pero o cogemos el toro por los cuernos o la sociedad civil acabará pagando los platos rotos. Esos son temas mucho más urgentes y de más enjundia que la política socialista a favor del aborto que, por cierto, cada vez interesa a menos gente seria.

ETA ha abierto un proceso de discusión sobre el futuro de la organización terrorista. Y una vez que el Ministerio del Interior ha formado ‘el trío arbitral’ para hacer un seguimiento, seguramente ETA se habrá ‘partido los ejes’ con semejante estupidez. Y es que, cuando un Gobierno no hace nunca nada serio, en el momento de intentar hacerlo bien acaba montando un circo que suele ser objeto de mofa y escándalo.

¿A dónde quiere llegar ese grupo de seguimiento creado por el Ministerio de Alfredo Pérez? ¿O pretende demostrar que el comisario, Manolo Risco, es experto en terrorismo? No debería perder el tiempo Rubalcaba, pues Risco es a la seriedad contra ETA, lo que Evaristo (Risto de OT) a la elegancia, la amabilidad, el talante y el saber estar.

Los tres funcionarios del grupo no parecen convencer a nadie. Ni siquiera se gustan entre ellos. Y menos mientras esté entre ellos el comisario de la Policía Nacional sobre el que recaen todas las sospechas de los chivatazos en el asunto de la extorsión de ETA. El juez Garzón podrá decir cuanto le plazca, pero el hecho de que siga esperando el tema tan tapado y bien tapado el asunto, las sospechas son cada día mayores.

En este momento es muy fácil acabar con ETA, si se controla a quien menea el árbol y a quien recoge las nueces. Mientras ETA busca el independentismo con las bombas y amenazas, el PNV sigue extorsionando a la sociedad vasca y amenazando a la sociedad española. El nacionalismo es un retraso ancestral; es un avance de cangrejo impedido; es una estupidez con la bandera arrastrando y un incordio amarranado para la evolución de cualquier sociedad desarrollada como la española.

Sea como fuere, nuestro temor antes o después se verá confirmado. Al tiempo. En temas de ETA, y visto lo visto estos años de atrás, sobre todo mientras duró la tregua-trampa con la que nos engañó el Gobierno, Garzón nos ofrece menos seguridad y confianza que un infante a la puerta de un colegio con una escopeta de cañones recortados. Lo dicho nos recuerda un pensamiento de Platón que nosotros adaptamos al momento y a los hechos. Y es que los mentirosos y tramposos, a quienes se les ve la oreja rojilla, habituados a mentir y a engañar, son tolerados en la sociedad como un mal cada vez más innecesario.

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