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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El tirón del Papa

Santiago Chiva (Granada)
Redacción
miércoles, 30 de julio de 2008, 17:40 h (CET)
He tenido la ocasión de participar en varias Jornadas Mundiales de la Juventud. Esta vez no ha sido posible. Sydney estaba demasiado lejos. Sin embargo, en la aldea global se sigue aprendiendo de acontecimientos como éste. El Papa ha reunido a 400.000 personas en esta Jornada. Ha sido la Misa más numerosa de la historia de Australia. Han asistido personas de más de 170 naciones, en unos eventos seguidos por unos 500 millones de personas en todo el mundo. En sus mensajes no ha caído en un triunfalismo fácil sino que ha reconocido que vivimos en un "desierto espiritual" donde algunos pretenden "asociar la idea de religión con el terrorismo y el fundamentalismo"...

Desde que Juan Pablo II comenzara a organizar este tipo de encuentros con jóvenes, muchos se preguntan por qué miles de personas, que no en todos los casos son personas ejemplares o que en ocasiones ignoran la doctrina católica, acuden para escuchar al Papa. Los jóvenes son conscientes de sus limitaciones y contradicciones pero acuden a escuchar en pleno verano a un anciano de 81 años. Quizá el Papa no tenga el especial carisma de Juan Pablo II, pero que convence por su perspicacia, rigor y claridad. Y la gente joven quiere respuestas. Por eso se alegran de que alguien les proponga mejorar, alguien que les hace querer ser mejores personas. Un conocido productor de cine comentaba que había visto cientos de veces una película que contaba la vida de Sir Tomas Moro, canciller de Inglaterra y mártir cristiano. El motivo que le llevaba a verla tantas veces era el efecto que producía en él, el hecho de salir, de permitirse esa enorme presunción de salir del cine pensando: "Sí, yo también hubiera dejado que me cortaran la cabeza para salvaguardar un principio". Reconocía que realmente no era así, y probablemente nunca encontraría a nadie que lo hiciera, pero ese buen ejemplo le permitió ese sentimiento, le permitió que, por un momento, sintiera que todo lo decente que había en él se había puesto en pie. Muchos jóvenes de todo el mundo acuden al Papa por ese motivo. Propone metas altas como se puede ver en las preguntas que les hacía en la Jornada: "¿Qué dejaréis a la próxima generación?", ¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas? ¿Estáis construyendo algo que durará?¿Cómo estáis usando los dones que se os han dado?" La gente joven que sigue al Papa sabe que la meta es alta. Pero sólo se dejan guiar por personas que les digan la verdad y que sinceramente quieran ayudarles a mejorar.

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