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El imperio y la memoria secuestrada de América Latina

Luis Agüero Wagner
Redacción
lunes, 28 de julio de 2008, 22:58 h (CET)
Decía Rodolfo Walsh que la historia a veces parece una propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.

Durante uno de sus célebre viajes por Latinoamérica, en la que sobrevivía haciendo changas ocasionales, el joven Che Guevara logró vender una nota sobre sus andanzas a una revista panameña, que le pagó por sus relatos sobre su travesía en balsa por el Amazonas, en compañía de su amigo Alberto Granado. Buscando recaudar un poco más de dinero antes de seguir su camino hacia el norte, presentó un segundo artículo sobre Machu Picchu, que –algo muy frecuente en la prensa latinoamericana, más papista que el Papa- fue cuestionado por los editores de la revista Siete por su sesgo antinorteamericano.

El artículo finalmente apareció el 12 de diciembre de 1953 y según Pacho O´Donell, las reservas de los editores no eran antojadizas. "Ahora viene lo más triste.-decía el CHE, ocasional cronista, en su nota- Todas las ruinas fueron limpiadas de maleza, perfectamente estudiadas y descritas y…despojadas de todo objeto que cayó en manos de los investigadores, quienes se llevaron a su país más de doscientos cajones de tesoros arqueológicos invalorables y también, por qué no decirlo, de importante valor monetario. Bingham (su descubridor) no es culpable; un gobierno económicamente incapaz de llevar a cabo una expedición como la del descubrimiento de Machu Picchu tampoco es culpable. ¿Entonces no hay responsables? Lo cierto es que para apreciar las obras de arte de nuestros antepasados indígenas habrá que concurrir a los muesos norteamericanos".
Si bien es cierto que la "vida pública" de Machu Picchu empieza en 1913 con su presentación en un artículo en la revista de la National Geographic, hablar del norteamericano Hiram Bingham como "descubridor" es una exageración considerando que la ciudad nunca estuvo perdida. Su ubicación siempre fue conocida por los habitantes de la zona, entre ellas un arrendatario de tierras de nombre Agustín Lizárraga, que incluso había mostrado las construcciones a varios visitantes en la última década del siglo XIX. Fue precisamente Lizárraga quien llevó a Hiram hasta las cumbres de Machu Picchu el 24 de junio de 1911, donde incluso encontraron viviendo a dos familias campesinas, que incluso utilizaban todavía un canal inca precolombino para abastecerse de agua desde un manantial cercano. El resto de la historia ya lo ha consignado el mismo Che Guevara.
Apenas fueron convocada la ayuda de la "Yale University", la "Nacional Geographic Society", el ingeniero Ellwood Erdis y el osteólogo George Eaton para asistir al gobierno peruano al estudio y rescate del sitio arqueológico, se inició el saqueo.

Lo mismo podríamos decir de reliquias mucho más sensibles para el imperio como los Archivos del Terror de Paraguay, cuyos principales documentos pronto deberemos visitar en algun archivo de Washington, donde nos lo mostrarán con tachas y sólo si lo desean.

La apertura al público de estos archivos del horror del Plan Cóndor es mérito del responsable del hallazgo del sitio donde los represores lo tenían oculto, el abogado y pedagogo Martín Almada.

Desde que la cooperación de USAID se ha hecho presente, han desaparecido un sinnúmero de documentos vitales, que comprometían a militares, agentes diplomáticos y financistas de Washington en el operativo genocida conocido como Plan Cóndor, inspirado en las ideas de Henry Kissinger, entre otros.
Una Revista publicada por el ARCHIVO DEL TERROR, es decir por su actual responsable ROSA PALAU, bajo el titulo de " DICTADURA, AÑOS DE LUCHA Y
RESISTENCIA" 1954-1989, es un buen ejemplo de la censura implacable que se aplica a quienes denuncian la decisiva participación del imperialismo en estos siniestros episodios del pasado latinoamericano..
La publicación en cuestión lleva como subtítulo Proyecto Conmemoratoria, y su sello revela que está financiada por USAID. El boletín que se distribuirá a las Escuelas supuestamente tiene el supuesto objeto de sensibilizar a la opinión estudiantil sobre los Derechos Humanos, y presenta los hechos cronológicamente desde 1954 a 1989, aunque con notorios y severos tijerazos.
La Revista publica muchas fotos del ARCHIVO DEL TERROR pero con una omisión altamente sospechosa: no se menciona en ningún momento al responsable del hallazgo de los documentos, el luchador por los derechos humanos y premio Nóbel Alternativo, Martín Almada, y todo lo que pueda comprometer a Estados Unidos con la represión sanguinaria de los primeros años de la dictadura pro-Washington de Alfredo Stroessner.
De un tiempo a esta parte, USAID ha penetrado instituciones del estado paraguayo y se ha apoderado del Archivo del Terror, al que ha castrado de los documentos más sensibles que comprometían a los "benefactores" con la represión durante las dictaduras que asolaron al país desde 1940.
No se trata de los primeros recortes de memoria que los Estados Unidos hace, en forma directa o valiéndose de sus personeros y colaboracionistas paraguayos, a la historia del país.
Temas de fundamental importancia para entender el pasado del Paraguay, como la participación del imperialismo inglés sufragando a la Triple Alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay que en 1870 arrasó al Paraguay, sigue ausente de los debates entre historiadores, la bibliografía paraguaya, los enfoques académicos y las ocasionales publicaciones periodísticas sobre el tema. Otro tanto podríamos decir sobre la participación de la petrolera Standard Oil en la guerra del Chaco que entre 1932 y 1935 enfrentó a bolivianos y paraguayos, aunque la misma haya sido denunciada en el mismo Congreso norteamericano. Ni siquiera la extendida fama del denunciante en la cultura popular norteamericana, el senador por Louisiana Huey Long, ha movido a los historiadores y periodistas paraguayos a ocuparse del tema, en un país donde la burguesía fraudulenta profesa la más ridícula de las fascinaciones por la cultura norteamericana.

Decía Rodolfo Walsh que la historia a veces parece una propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas, algo que en Paraguay es quizás más perceptible que en ninguna otra parte del mundo.

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