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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Nunca es tarde...

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
jueves, 24 de julio de 2008, 23:04 h (CET)
Lo que no debiera ser noticia lo es, en ocasiones porque ha dejado de cultivarse un tiempo. Como digo esto pasa a veces, sobre todo en un mundo que confunde semánticas, que disimula el engaño y disfraza los designios. Resulta que la democracia es por si misma unidad y consenso, pacto y diálogo, apertura y participación. Es palabra rumiada por el pueblo. Aún es más: el forofo dice que debe serlo siempre. Y añade. Nadie puede dirigir a su antojo políticas, la pluralidad social exige otro estilo y, el espíritu demócrata, la acción de la mano tendida y de los brazos abiertos. Dentro del respeto constitucional, trabajar a destajo para llegar a un punto de coincidencia ha de ser razón de vida (o de estado) para aquellos que concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular, remata un político de tres cuartos de esos que andan siempre a la mecha del votante. En consecuencia, que un jefe de gobierno, pues, establezca una hoja de ruta y acuerde con otros partidos trabajar en la misma dirección, y máxime en la lucha contra el terrorismo, aparte de ser una necesidad impuesta por la ley, es también un ético ejercicio a ejercer de responsabilidad política. Lo que sucede es que este buen talante democrático hace tiempo que brillaba por su ausencia y la presencia novedosa se ha subido a los altares, cuando menos de la sonrisa.

Propiciar el respaldo de la mayoría de fuerzas políticas y sociales, en su tarea de gobierno, es lo propio que ha de hacer quien debe gobernar. Nunca es tarde si la dicha es buena. Hace tiempo que ya se debió utilizar la contundencia democrática, que es distinta a la puñalada trapera, injertada en la unidad e inmersa en los valores superiores del ordenamiento jurídico. Me parece un justo deber, instar a todas las administraciones para que retiren los símbolos que enaltezcan cualquier artimaña de doquier sembrador de guerra psicológica como es el terrorismo. Solidarizarse con las víctimas implica respeto. Es lo menos que le debemos ofrecer a los martirizados por el terror. Ya es hora de que los terroristas vean las orejas al lobo. Su persistente intento de modificar comportamientos, de provocar miedos, incertidumbres, división de la sociedad, con frecuencia ha generado el efecto pasivo socialmente y para más INRI, en más de una ocasión, se han llevado el gato al agua las gentes del miedo.

También es justo que la legislación penal proteja a las víctimas del terrorismo de por vida, frente a los sembradores del horror que tras cumplir sus penas no muestren ni un mínimo de arrepentimiento; y que, se revise su patrimonio para que satisfagan sus responsabilidades civiles. El presidente del Gobierno ha explicado que el entendimiento con el principal partido de la oposición en materia antiterrorista se ha fijado sobre cinco pilares: unidad de los demócratas, apoyo a las víctimas, cooperación internacional, confianza en el Estado de Derecho y respaldo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, reafirmar que el único destino de ETA es desistir de la violencia. Bienvenidos sean los cimientos que cimientan unidad frente a las gentes del miedo. Nunca el terror puede ser moneda de cambio, nace del odio, se basa en el desprecio de la vida del ser humano como tal y es un auténtico crimen contra la humanidad. Nadie queda a salvo. Cualquiera puede ser cebo y caer en su trampa de perder la vida. Y la vida no es terror sino deseo de vivir y de dejar vivir.

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