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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Lázaro y Epulón

Manuel Villena
Redacción
jueves, 24 de julio de 2008, 22:13 h (CET)
Se presenta un señor, de aspecto muy distinguido, en la sala de espera del médico, y sin respetar turno alguno pasa al interior de la consulta, los demás pacientes estupefactos ante tanta arrogancia y falta de respeto piden explicaciones. El señor en cuestión les presenta unos documentos, que no son más que la declaración de la renta. En ella se puede comprobar que ha contribuido con una considerable cantidad de dinero. Una vez dentro de la consulta lo primero que le espeta al galeno es que a él no le puede recetar genéricos, si no medicamentos de “marca” y sabedor de que sus dolencias necesitan de una intervención quirúrgica manifiesta que él no puede engrosar las listas de espera, pues como es sabido su contribución a Hacienda es muy considerable, por lo cual no puede recibir el mismo trato que el resto de ciudadanos.

Un padre quiere matricular a su hijo en el colegio “Z” y encontrándose en circunstancias fiscales similares al del caso anterior pretende que no se le apliquen los criterios de selección de alumnos, queriendo además que su vástago lo incluyan en la clase del maestro “P”, ya que este docente goza de muy buena reputación.

¿Cómo se podrían calificar ambas actitudes? Al menos como egoísta e insolidarias.

Recientemente se han publicado las balanzas fiscales de las distintas Autonomías y todo por el empeño e insistencia de las más “ricas”, gobernadas éstas principalmente por socialista y nacionalistas. ¿Qué pretenden con la referida publicación? Pues muy sencillo, lo mismo que los dos señores que ponía de ejemplo al principio de este escrito. En dos palabras: privilegios e insolidaridad. Cada vez estoy más convencido que el principal principio ideológico que sustenta al nacionalismo es: “Lo mío es mío y lo tuyo de los dos”

¿Cómo se les podrá hacer comprender que los territorios no contribuyen a las arcas de hacienda? Quienes verdaderamente pagan son los ciudadanos que viven en ellos.Así pues, la desértica tierra almeriense poco puede contribuir, pues son pocos los habitantes que en ella viven. En cambio en las Ramblas de Barcelona, al haber muchos habitantes, la suma de todos sus impuestos en términos absolutos es muchísimo más elevada. ¿Condenamos, por tanto, a los almerienses a vivir en las condiciones del paleolítico?

Por último quisiera recomendar a los ricos insolidarios la lectura de la parábola “Lázaro y el rico Epulón”

Una vez leída ¿Encuentran alguna similitud? Y la gota de agua ¿Podría ser el agua que pretendían llevarse de Almería a Barcelona en tiempos de sequía? Como pueden comprobar: Nada hay nuevo bajo el sol.

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