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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cuestión de sexo

Helena Trujillo (Málaga)
Redacción
jueves, 24 de julio de 2008, 22:13 h (CET)
Marta tiene 29 años y prepara las maletas para irse de vacaciones, ha contratado un viaje un tanto especial. Hace unos meses le llamó la atención un email que llegó a su correo que anunciaba viajes especiales para singles o solteros. Desde hace 3 años no mantiene una relación estable con ningún chico y es que parece “misión imposible” encontrar a alguien que no venga de una relación traumática o que quiera una relación formal. Ha conocido a varios con los que ha salido alguna que otra vez, llegó a la cama con alguno, pero no cuajó la cosa. Marta es una mujer bastante independiente y dedica la mayor parte de su tiempo al trabajo, pero también sabe disfrutar del tiempo libre, o al menos eso desearía, porque lo cierto es que a estas edades resulta difícil quedar con las amigas, la mayoría ya está casada, muchas de ellas con hijos, o en vías de matrimonio y, más que en divertirse, piensan en cenas románticas con sus parejas o en quedarse en casa porque la hipoteca está muy cara. Con estas perspectivas, le resulta bastante difícil enfundarse en su ropa más sexy para pisar fuerte en alguna pista de baile para conocer gente nueva.

Cuando contrató este viaje sus expectativas estaban muy claras: pasarlo bien, vivir nuevas experiencias y, tal vez, encontrar el amor. Sus padres le educaron en ideas bastante tradicionales, incluso fue a un colegio de monjas y durante muchos años su idea era encontrar al chico ideal y formar una familia. Lo intentó con el primero, con el segundo, pero la experiencia le fue mostrando que no es tan fácil como se lo habían pintado. Desde esas tempranas fantasías infantiles al día de hoy ha llovido bastante. Hoy en día Marta ha tomado la iniciativa en más de una ocasión, sin embargo muchos chicos rechazan su actitud activa e independiente. Al principio aprovechan la ocasión, pero luego buscan en ella esa mujer tradicional que aún nos vende nuestra sociedad y que cada día resulta más difícil encontrar. Se aplaude la incorporación de la mujer al mundo laboral, se admite que cada vez son mejores conductoras y que tienen una mayor capacidad adquisitiva, sin embargo en cuanto se emparejan, tanto ella como él tienden a esperar que la mujercita se ocupe de la casa y de los niños como lo hacían las mamás de entonces. A veces el juego sale bien los primeros tiempos, pero luego ella se siente insatisfecha por haber abandonado sus ideas y sus proyectos y él tampoco encuentra ya la mujer alegre y con iniciativa de la que se había enamorado. Las reglas del juego han cambiado.

En pleno siglo XXI los roles sexuales son muy distintos a otras épocas, el matrimonio, en el que muchos siguen aún confiando, ya no es un modelo que resista al paso de los años, cada día son más las parejas que se separan al poco de casarse y cada vez nos parecemos más a otros países donde la gente se casa dos, tres o hasta cuatro veces con distintas personas. Marta no quiere dejarse llevar por ilusiones románticas, en sus maletas ropa cómoda y también atrevida, y en su ánimo muchas ganas de vivir la experiencia. Nunca hasta ahora se había planteado hacer un viaje de este tipo, otras veces había ido con alguna amiga o algún novio al extranjero, pero desde hace varios años se quedaba con las ganas de conocer mundo porque no tenía con quién hacerlo. Le atrajo la oportunidad que se le brindaba de encontrarse con otras personas que, como ella, se habían quedado muchas veces plantados, no era por dinero, sino por la compañía y ahora la agencia te resolvía ese problema. Actividades programadas para ir rompiendo el hielo, excursiones, buenos hoteles, hombres y mujeres de edades similares con ganas de pasarlo bien. Llegar a sentir atracción por alguien o acabar viviendo una aventura es un extra no obligatorio.

Los días sucesivos decidirán qué experiencias vive o no Marta, pero está segura de que serán unas vacaciones muy diferentes en las que podrá dejarse llevar y ser una mujer activa, como a ella le gusta referirse, sin tapujos. El sexo para ella dejó de ser algo unido, necesariamente, al amor. Ahora es una forma más de comunicarse con otra persona, de sentir su cuerpo. No le obliga a nada más. Emparejarse es una cosa muy seria y lo hará sólo si encuentra la persona adecuada con la que pueda compaginar su vida, tal y como ella la ha decidido.

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Helena Trujillo Luque. Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero.

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