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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Socialistas expulsan al sacerdote de su propia casa

Roberto Esteban Duque
Redacción
jueves, 24 de julio de 2008, 22:13 h (CET)
Dice Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona, que “nuestros socialistas no son ya socialistas” y que “el socialismo se ha convertido en un progresismo y el progresismo consiste en ampliar las libertades y los derechos de los ciudadanos”; dice también que el progresista, como es evidente, sólo busca hacer lo que a cada uno “le venga mejor”, lo que le dé la gana, sin más referencia que “el relativismo subjetivista” o el de la dictadura de la “mayoría parlamentaria”. Según Fernando Sebastián, para el cristiano “está llegando un momento de prueba”, está en juego la identidad cultural y moral de nuestra sociedad.

¡A mí qué me van a contar, que las he visto ya de todos los colores! Inauguran oficialmente el día veintiuno de julio la restauración de la Ermita de Santa Ana, en la localidad de El Pedernoso, en Cuenca, y el Excmo. Ayuntamiento no invita al sacerdote. Es normal, al cabo no existe diferencia alguna entre una piscina municipal, un centro social polivalente y una ermita. ¿Ve alguien la diferencia? El acto político de la inauguración no es la enfermedad, sino tan sólo su escaparate. Y el escaparate del ayuntamiento respecto de la parroquia y del párroco dejó ver un traje sórdido de mala educación, aversión personal e institucional y difícil convivencia. El ayuntamiento de El Pedernoso encarna con semejante acto la peor actitud actual del socialismo: la pretensión de expulsar a la Iglesia de la vida pública. Peor: no quieren ver al sacerdote ni en su propia casa. El vicepresidente primero del Gobierno Regional de Castilla-La Mancha, Fernando Lamata, un hombre de modales exquisitos, que hizo gala de una extraordinaria sensibilidad y humanidad, respeto y afecto hacia las gentes de El Pedernoso en su breve discurso, señaló que sólo la conservación del patrimonio hace que valga la pena restaurar una ermita noble y sencilla, que tantos recuerdos trae a la memoria de los vecinos de un pueblo. Lamata, desde un alto sentido de la responsabilidad y una magnífica prudencia política, hizo posible a través de una llamada personal y cuando tan sólo quedaba media hora para el evento, la presencia del sacerdote en un acto político viciado de mala fe y rechazo público hacia el párroco.

Volviendo sobre las afirmaciones del arzobispo, creo que uno de los errores más abyectos del socialismo actual consiste en identificar mayor democracia con aumento de derechos y libertades de los ciudadanos, con una proliferación indiscriminada y partidista de leyes y normas tupidas y perversas. De este modo, se reduce la convivencia civil a la acción de dos agentes únicos: el individuo, que cada vez quiere más derechos, frente al Estado, que los otorga y crea legislando, en lugar de tener únicamente que reconocerlos. Así se llega a lo que sentenciaba Sergio Cotta, uno de los principales referentes de la Filosofía del Derecho contemporánea: “querer gozar de derechos sobre los demás hombres”, con lo que se acaba lesionando el derecho ajeno, como el gobierno de España está haciendo contra los católicos. ¿O es que requiere la razón de las cosas o la estructura misma de la sociedad la ampliación del aborto y acabar con la vida de quien nosotros juzgamos que ya no la tiene buena ni es digna de ser vivida? Aquí, es obvio, se excluye cualquier cuerpo intermedio, como la Iglesia, un “convidado de piedra”, un “tercero incómodo”, tolerable cuando está ausente y se calla. Ay, ya me lo advertía un amigo: “cuéntales un cuento y la moraleja cada domingo, y así todos tan contentos”. Valientes totalitarios, que expulsan al sacerdote de su propia casa. Ya saben, “por sus obras los conoceréis”, dice el Evangelio. Y, como bien sostenía Marguerite Yourcenar, quien consiente en hechos, no debe sentir miedo a consentir después en palabras.

Se ha difundido la idea de que en una sociedad democrática y plural sólo hay derechos reconocidos por imposición legal. En este sentido, cualquier referencia a una moral objetiva, o al reconocimiento y defensa de la verdad, es una utopía fundamentalista. Los socialistas han llevado a sus huestes a la confusión de la moral con el derecho y de lo bueno con lo prescrito por la ley. Los socialistas actuales practican una falta de reconocimiento evidente hacia la Iglesia católica, en un intento constante y peligroso de expulsarla de la esfera pública, ignorando con injusticia que los valores de España han arraigado siempre en tradiciones católicas de las que nunca se debe prescindir.

¿Es esta la laicidad que quieren los socialistas y el gobierno de España? ¿Es la laicidad empleada con el párroco de El Pedernoso? ¿Esta es “la fuerza modernizadora e innovadora garante de los derechos sociales”, según Zapatero? ¿Es este “el partido que más se parece a España”, apenas reconocible, como bien pronosticara Alfonso Guerra? ¿No me digan que “este es un partido cercano a las aspiraciones de los españoles”, la “España plural” integradora que merecemos, privatizando el hecho religioso como un signo excelente de talante y modernidad? Valientes totalitarios que sólo crean ciudadanos resentidos y relativistas, que pretenden arrinconar y silenciar a la Iglesia y mantener la vida del ciudadano libre de toda intrusión metafísica o religiosa. Vuestros rasgos de democracia laica y moderna son la vigencia de una cultura insalubre de decadencia y de muerte.

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