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Lo que Joseph Stiglitz debería saber

Luis Agüero Wagner
Redacción
martes, 22 de julio de 2008, 08:41 h (CET)
Todo lo que Stiglitz condena al enfocar la política tributaria fue implementado por Borda, para financiar la juerga de unas pocas decenas de burócratas del gobierno.

El economista estadounidense Joseph Stiglitz recalará en Asunción días antes del 15 de agosto para reunirse con el equipo económico que encabezará el futuro ministro de Hacienda, Dionisio Borda, según fuentes del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Stiglitz, reconocido crítico de la globalización neoliberal y el Fondo Monetario Internacional, fue destituido como vicepresidente del Banco Mundial a raíz de sus críticas sobre la política hacia los países menos desarrollados.

Por una extraña paradoja que se parece bastante a una maniobra diversiva de la Central de Inteligencia Americana de Langley, dicen haber convocado al economista los miembros del equipo de Borda, ministro que con sus impuestazos hambreadores y claudicantes ante el FMI, deterioró la economía de los estratos sociales necesitados al punto que la desesperación los llevó a votar por un mesiánico emergido desde las carpas de la iglesia católica, verdadero hilo conductor de los proyectos reaccionarios en la historia.
En "Globalización, organismos financieros internacionales y las economías latinoamericanas", el mismo Stiglitz señaló que lo más llamativo le resultó, desde un principio, fue la enorme diferencia entre las políticas que el FMI impulsaba en Latinoamérica y lo que hacía en Estados Unidos. Lo mismo podríamos decir de sus anfitriones como el ex ministro de Nicanor Duarte Frutos, Dionisio Borda, quien decidió recibir a un economista y hacer todo lo contrario de lo que éste siempre predicó.
Todo lo que Stiglitz condena al enfocar la política tributaria fue implementado por Borda, quien elevó por las nubes los impuestos para financiar la juerga de unas pocas decenas de burócratas del gobierno, ahogados en el prebendarismo. Basta saber que terminó su gestión ovacinado por el sector de agro exportadores, que promueve en Paraguay el monocultivo de soja, producción que sirve para alimentar a los animales del primer mundo.
Durante su reinado, Borda utilizó el eterno caballito de batalla tan criticado por Stiglitz, el impuesto al Valor Agregado, eximiendo unas cuantas categorías como verduras o hierbas medicinales, pero sin dejar de mantenerlo como un impuesto proporcional. Para colmo, un impuesto proporcional que en un país como Paraguay gravó el sector formal de la economía, según lo señala el mismo Stiglitz. Y dado que sólo lo pagaron unos pocos, introdujo profundas distorsiones en el funcionamiento de la economía.
También durante la gestión de Borda el Banco Central funcionó como si sus directivos fueran un grupo que no tenía que rendir cuentas absolutamente a nadie, y su presidenta ni siquiera se dignó a conceder una miserable entrevista a la prensa. Y tal cual lo señala Stiglitz como norma en casos de esta índole, la economía del país terminó controlada por personeros de la comunidad financiera, con oscuros intereses particulares antepuestos a los nacionales.

La lista de ejemplos que podríamos hacer a Stiglitz, si puntualizáramos todo lo que se contrapone con sus teorías y realizan los responsables de dirigir la economía paraguaya como su anfitrión Dionisio Borda, podría escribir con ellas un segundo tomo de "El Malestar de la Globalización". El único consejo que debería dar a Dionisio Borda es que se haga un lavado de cerebro antes de reiniciar sus actividades, y haga exactamente todo lo contrario de lo que ya hizo y piensa hacer. Otro consejo que podría ser útil, en este caso al Obispo Fernando Lugo, sería anular los nombramientos uno por uno de todo su gabinete de ministros, en su totalidad exponentes del más crudo neoliberalismo.
Tal es así que al conocer los bellos rostros que aparecían como futuros ministros, algunos se plantearon la interrogante que Stiglitz plasma certera en uno de sus libros: "Cuando un gobierno socialdemócrata actúa igual que uno conservador, el votante tiene todo el derecho a preguntarse: ¿para qué votamos entonces? Al tratar de incluir a todos, los políticos muchas veces terminan alienando y desilusionando al electorado". Es exactamente el dilema de la hora para el clérigo presidente Fernando Lugo.
Tampoco está demás que Stiglitz sepa que, tal cual lo ha confesado en su sitio web uno de los grupos que lo apoyó electoralmente (http://www.tekojoja.org.py/v1/news.php?id=1364) su anfitrión ganó las elecciones paraguayas el 20 de abril en ancas de una descarada intervención en su favor del embajador James Cason, ahijado político de Otto Reich, y que su prédica en Paraguay con toda seguridad será una triste y aburrida alocución en medio del desierto.

En fin, la decisión de Fernando Lugo y Dionisio Borda de invitar a Stiglitz, quizá como golpe de propaganda similar a la bandera de la "soberanía energética" que agitó durante la campaña electoral, para después dejar que Brasil le prohíba nombramientos, recuerda la paradoja que Eduardo Galeano señala sobre John Locke.

El conocido filósofo de la libertad en todas sus formas; de empresa, de comercio, de competencia, de contratación, invirtió sus ahorros en la compañía Royal Africa Company. El dinero del filósofo de la libertad contribuyó a los activos de una empresa que se ocupaba de atrapar esclavos en África para venderlos en América. Ya lo dice el viejo refrán: "Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago".

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