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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Risto

Leticia Moreno (Pamplona)
Redacción
lunes, 21 de julio de 2008, 09:42 h (CET)
Tienes a media España intentando definirte. "Don nadie con aire de rebelde y perro vagabundo, que cierto tipo de mujeres no duda en adoptar". "Entertainer o animador sociocultural, como lo llaman en los hoteles cutres de costa". Son sólo algunas de ellas. Todas patinan, o están cojas, creo yo. Es como si las definiciones, contigo, se escurrieran. Puede que seas un egocéntrico enamorado de su propio cerebro. Pero también te hemos visto suplicando amor, como un niño. Puede que seas un cínico un pelín amargado. Pero se te escapan siempre, como un despiste, tus ganas de creer. Al menos, de creer que no está todo perdido.

¿Pilla alguien lo que escondes cuando hablas, lo que enseñas cuando callas? Poniéndoles haches a tus "hartículos" (sic), como el Horacio Oliveira de Rayuela... Yo también estoy bastante harta. ¿Qué hace un chico como tú en un programa como ése? Le vienes tan grande... Y lo sabes. Tú mismo nos despejas las dudas "la entropía no deja de ser la religión de la naturaleza, la asimetría, su liturgia, y lo natural, este equilibrio caótico entre cosas muy desequilibradas que tienden a desordenarse juntas".

Cada martes, con un par, sabes que estás consiguiendo un imposible. Desenmascarar un poco más el cinismo de la televisión). Por eso creo que eres mi héroe y el de media España. Y la rabia de la otra media (nada nuevo, pasa siempre). Estás destrozando la esencia misma de lo que pretende significar un "reality".

No, ya basta de conejitos rosas, de hombres anuncio, de mundos felices. Risto no es equilibrio, ni corrección política. Ni mentirijillas piadosas, ni compasión de mercadillo. Risto es exceso. Lo drástico en estado puro. La verdad sin grumos. Te la tragas o te dan arcadas. Pero sabes que seguirán siendo verdades como puños (nunca mejor dicho). Verdades amargas, que, una vez oídas, ya nadie te puede endulzar. (Sólo hay que ver la desesperación de Ángel Llácer). Pero que son verdades que te pueden salvar la vida.

Nadie conseguirá nunca definirte (y menos aún dejarte en ridículo). Puede que ni tú mismo. No sé ni para qué lo intento. Eres... Risto (como no podía ser de otro modo). Porque "en esta vida, para ser alguien, hay que ser muy nombre". ((c) Risto).

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