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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La resaca de Aznar

Mario López (Madrid)
Mario López
lunes, 21 de julio de 2008, 09:42 h (CET)
Es bien sabido que la resaca es la desagradable y lógica consecuencia de dejar de beber. Creo que lo que le pasa a José María Aznar es que lleva más de cuatro años resacoso. Sufre la resaca del poder que es la peor de las resacas.

La más cabezona. Dice nuestro héroe de Perejil que es escritor. Hace años leí el maravilloso cuento de Truman Capote, El invitado del Día de Acción de Gracias, en el que la anciana Miss Sook afirma que el único pecado imperdonable es la crueldad premeditada. Y quitarle esa ilusión a Jose es una crueldad de dicha categoría. Así que no pienso convertirme en un pecador imperdonable, que es una carga excesiva para alguien de mi escasa corpulencia. Lo que sí diré es que un escritor es un individuo que mantiene un constante diálogo consigo mismo, en un estado de alerta permanente por lo que pueda ocurrir a su alrededor. A mí lo que me parece es que Jose tiene la mente resacosa y esto le dificulta enormemente el diálogo interior y le hace ver la realidad que le circunda como algo totalmente previsible y reiterativo, pues considera que sólo sucede algo si, de alguna manera, le afecta a él personalmente. Así que vamos a aceptar a José María Aznar López como miembro del Parnaso. Pero añadiendo que se trata de un miembro escueto, huraño y hosco como no se ha conocido otro.

Las miradas distraídas nos delatan. Cuando gozamos de un estado de ánimo próximo al nirvana, sin sospechar que alguien nos pueda estar observando, nuestra mirada cobra vida propia y se va con aquello que más le pueda interesar o deleitar. La inmensa mayoría de nuestras miradas distraídas suelen marcharse detrás de un culo, de unas piernas o de cualquier otro órgano apetitoso. La mirada entretenida de Aznar se busca siempre a sí misma, como el bueno de Narciso. Ese new look gay que en la actualidad exhibe sin el menor recato, es la lógica consecuencia de su desmedido afán de volver siempre hacia sí mismo, a lo que en esencia él mismo se considera: el epicentro de la vida nacional. En el fondo, no deja de ser fascinante que un hombre tan racista reproduzca rasgos tan marcados del Oriente más profundo. Un día de estos le veremos emulando a la imagen del dios Shivá junto a su señora, convertida en la diosa Párvati. Todo es cuestión de que se hagan un viajecillo a Ellora. Ya sabemos la facilidad que tiene nuestro héroe para imbuirse de todas las culturas y acentos. Y si no, al tiempo.

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