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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La impunidad de los antiespañolistas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 18 de julio de 2008, 21:14 h (CET)
Uno puede hacerse cruces de hasta donde puede llegar la verborrea de ciertas personas y admirarse de que, además, algunos de los que cometen más excesos verbales sean personas que por su trayectoria política, por su edad y por los lugares privilegiados que han ocupado durante su singladura política, más debieran saber contenerse, más debieran medir sus palabras y más sensatez debieran tener a la hora de pronunciarse sobre una determinada cuestión. Y digo esto porque, estos días, hemos tenido ocasión de leer en la prensa determinadas declaraciones de dos personas que, aunque ya nos tienen acostumbrados a sus salidas de tono, no dejan de pretender adquirir protagonismo aunque, para ello, tengan que desbarrar y mear fuera del tiesto como, en un lenguaje vulgar, se suele decir. Por si no lo habían adivinado me refiero al señor Ibarra, este Guadiana de la política que tanto le da por decir que la abandona como, cuando uno ya se ha olvidado de su existencia, vuelve a reaparecer para lanzar alguna de sus habituales perogrulladas. El otro, más circunspecto, que es uno de los colegas del ministro Soria, menos conocido en el ámbito de la investigación pero, eso sí, más rojillo, más extremista y reconcomido por el hecho de que nunca se ha comido una rosca (ni él ni su partido) en eso de la política nacional; se trata, como ya habrán supuesto, del señor Llamazares.

Al señor Ibarra le flojea la memoria y se olvida de que es muy peligroso mencionar la soga en casa del ahorcado. Porque veamos, señor mío, acusar al gobierno del señor Aznar de “sindicato del crimen”, cuando tuvo la habilidad de trasformar una España, la de González precisamente, de una situación abracadabrante y desahuciada para ponerla en lo alto del candelero (la Mazagatos diría, con gracejo, aquello de “candelabro”) en toda Europa; por lo menos es una estupidez como la copa de un pino, pero, si se tienen en cuenta las “hazañas” de sus compañeros de partido en el caso de los Gal; o el caso del señor Roldán o el uso de los fondos reservados para aumentarse los sueldos y hacerse con primas millonarias o las negociaciones bajo mano con los terroristas de ETA; o el trato privilegiado que se le dio a De Juana Chaos contra toda legalidad; o la gran traición que le hicieron al PP en las elecciones del 2004, aprovechándose de un acto terrorista para minarle el suelo electoral; es, cuanto menos, meter la pata hasta el corvejón. Pero, a mi me gustaría que el señor Ibarra nos definiera ¿cómo consideraría él que un gobierno socialista para que el electorado no les huya y así asegurarse la victoria en unas elecciones; acudiera al engaño, a la mentira y a la desinformación, asegurando que “en España no pasaba nada”, que la economía estaba boyante y que nunca nos afectaría la gran crisis que se anunciaba; permitiendo, con su falsedad e inoperancia, que la debacle posterior sorprendiera a los ciudadanos desprevenidos y faltos de recursos para enfrentarse a ella. ¿Le parecería un apelativo adecuado que les llamáramos “sinvergüenzas? o ¿quizá mejor “hatajo de embusteros”? No, yo creo que lo que de verdad les cuadraría sería “cuadrilla de aprovechados y traidores”. ¡Cállese señor Ibarra y deje de apoyar a aquellos cuya única idea es acabar con España!

Otro que tal. Es evidente que lo mejor que podría hacer Llamazares es permanecer con la boca cerrada, para no hacerse notar. No cabe duda que, desde que el señor Anguita, que sí era un señor, abandonó la dirección del PC, este medicucho de tres al cuarto no ha hecho más que conducir a su partido de mal en peor, hasta el punto de que ha quedado convertido en algo residual que no pinta nada en el concierto político de nuestra Nación. Pero si, además de ser el responsable de que, en el País Vasco, sus camaradas permitieran que los separatistas se hicieran con cargos municipales y hayan participado en eso de convertir a Euskadi en un polvorín a punto de explotar; ahora nos sale con que las víctimas del terrorismo se han de quedar tan panchas y permanecer calladas viendo como se consuma la injusticia más grave que se le puede achacar a nuestro sistema Jurídico —cuando ni el Ejecutivo, ni el Parlamento ni el sistema Judicial han sido capaces de evitar que un señor, que se ha cargado a 25 personas, se libre con unos pocos años de prisión y que, para más INRI, resulte que, aquellos que sufrieron las consecuencia de su canallesca locura, se vean en la tesitura de tener que verlo cerca de sus casas y aguantar su sonrisa de vencedor y de empedernido criminal, que no ha sido capaz de tener el menor rasgo de arrepentimiento por sus actos ni se ha escusado con los, parientes de sus víctimas –, uno se pregunta hasta dónde llega la insensibilidad de este señor o hasta que punto el rencor por sentirse postergado en la arena política le puede haber afectado a sus meninges para que se atreva a molestar, insultar y ningunear a las víctimas del terrorismo con semejantes barbaridades.

Pero, en este país, todo está permitido hasta que el señor Castells del Tripartit confunda la unidad de España con algo que depende de que la financiación en Catalunya se lleve a efecto de acuerdo con lo convenido en el Estatut( que continúa durmiendo el sueño de los justos en el TC) o que, sea por la crisis o por otras causas, se suspenda la recepción de el río de euros que están esperando para continuar financiando su labor separatista. Para Castells: o España se sitúa a la altura de Catalunya, para negociar de igual a igual, como si estuviéramos en un país federal o se rompe la baraja, en cuyo caso se acabó lo que se daba y, ¡nos atengamos a las consecuencias! Ante una bravuconada semejante uno se pregunta en qué país estamos en el que, una Autonomía, que presume de no ser España, amenaza al Gobierno de la Nación exigiéndole que, ocurra lo que ocurra al resto de las autonomías; haya o no haya recesión económica; se cumpla o no se cumpla con la Constitución en materia lingüística; la Generalitat tiene el derecho y la prioridad sobre el resto de España, a recibir lo que se convino en un Estatut,que lleva vigente ya hace unos años, sin que se haya aclarado si es constitucional o no. Así estamos, señores, con un gobierno débil, unas autonomía separatistas que llevan la voz cantante y con una oposición que, de pronto, se ha dado cuenta de que es “centrista” y que reivindica la “moderación”. ¡Ah! Pero eso sí, que no falte la carnicería de infanticidios por las abortistas y no dejemos en paz a los viejos, porque es necesario hacer sitio para la juventud por medio de la eutanasia.

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