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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Balanzas fiscales y egoísmos nacionalistas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 18 de julio de 2008, 04:23 h (CET)
Por si hiciera falta un elemento más de discordia que perturbase y pusiera la guinda a los enfrentamientos entre comunidades, a causa de la forma de repartirse el pastel común, que no es otro que el total de lo que pagamos todos los españoles, a través de esta serie interminable de impuestos que nos vemos obligados a satisfacer a Hacienda, para saciar la sed inagotable de ingresos por recaudación tributaria por laz que tienen tanta obsesión estos que nos gobiernan; el Gobierno ha publicado las famosas Balanzas Fiscales. Los nacionalistas que, como sabemos, son una suerte de sanguijuelas ávidos de hincar sus tres placas dentales para succionar las arcas del Estado; han conseguido salirse con la suya y han obligado a Zapatero, Dios sabe bajo qué suerte de amenazas, a publicar, por fin, los tantas veces reclamados datos fiscales sobre las diversas comunidades. Es cierto que los que no somos técnicos en la materia tenemos dificultades para comprender a qué se están refiriendo cuando nos hablan de este tema. Sin embargo, a grosso modo, yo quiero interpretar este dato como aquel en que se compara lo que cada comunidad aporta al Tesoro y lo que, a cambio, recibe de él. Sin entrar en datos técnicos que no me incumbe valorar, lo que creo que sí queda suficientemente meridiano es que la filosofía de este trasiego de dineros se basa fundamentalmente en que, las comunidades más ricas, las que tengan mejor nivel de vida y las que recauden más dentro de su territorio (aunque parte se deba a exportaciones inter regionales o sea, beneficios, conseguidos a costa de otras comunidades) aporten más, en virtud de un principio de solidaridad entre regiones, para que, con ello, se puedan mejorar las condiciones de vida, estructuras y servicios comunes de otras comunidades que generen menos riquezas y que estén en desventaja respecto a las más favorecidas por su situación geográfica o por su falta de industria o por sus condiciones climáticas o por cualquier otra circunstancia.

Parece que, el concepto, se puede entender y dudo que alguien, que se sienta miembro de esta gran nación que es España, pudiere objetar algo a lo que la Constitución de 1978 estableció para que se llegara, algún día, a que no hubiera diferencias entre las posibilidades de todos los españoles para conseguir que, con un mismo esfuerzo y dentro de un trabajo similar, existiera una equidad respecto a sus emolumentos y los servicios que recibía a cambio de sus impuestos con cualquier otro español residente en otra de las regiones del solar patrio. No obstante, no se vayan a creer ustedes que todo va a quedar tal como está en la actualidad porque, como ya viene ocurriendo desde hace algunos siglos, la comunidad catalana tiene otras opiniones al respeto y, si ha insistido en que se publicaran las balanzas fiscales, ha sido con el propósito de reclamar al Estado lo que estima que ha pagado de más respecto a lo que le correspondía teniendo en cuenta el número de habitantes. Aquí conviene especificar que Catalunya ha sufrido un aumento de mas de millón y medio de nuevos ciudadanos debido al número de inmigrantes que ha acogido; y no se vayan ustedes a creer que ha sido por simple filantropismo, no, de ninguna manera; la causa es que precisaban mano de obra barata para cubrir las plazas vacantes de aquellos españoles, perdón, catalanes, que no se dignaban a ocuparlas.

No obstante, ahora este aumento de población lo esgrimen para justificar que se les aumente la asignación, sin tener en cuenta que, gracias a la colaboración de estos nuevos trabajadores inmigrantes, la riqueza de la región ha aumentado. Por supuesto que no les vaya usted a hablar de solidaridad porque, cuando se trata de conseguir dinero, no existen para ellos otros principios que el de beneficiarse a sí mismos. Aquí se podría recordar lo que hicieron durante la Guerra Civil, en cuyo transcurso, decidieron que su única obligación para con la República era defender el territorio catalán y que los demás se las compusieran como pudieran. Sin duda esta actitud y la desidia con la que la CNT se ocupó de las fábricas de material de guerra, fueron una de las causas de la victoria del general Franco.

Lo curioso del caso es que ya, en el famoso Estatuto de Catalunya, del que ya se están aprovechando en parte, existen partidas millonarias conseguidas en su negociación con el PSOE del señor Zapatero. Y lo que todavía nos llama más la atención es escuchar a líderes, como el señor Más, reclamando más dinero para la comunidad y, a la vez, más dosis de “soberanía” como si una cosa y la otra debieran otorgarse a la vez. A esto se le llama vulgarmente “querer comer a dos carrillos”, aunque a mi se me ocurre que quizá se pudiera calificar de tener muy poca vergüenza. Pero ya han empezado a explotar este nuevo as que el señor ZP les ha proporcionado, para volverse a sumergir en el victimismo que tan buen fruto les ha dado, para convencer a todos los catalanes, nacionalistas y no nacionalistas, de que, desde Madrid, se les está “robando”. Ya han aparecido varios sesudos señores por la televisión exhibiendo, con indignación, sus quejas, diatribas y reivindicaciones contra el Gobierno Central y ya, desde los medios de comunicación, se ha iniciado la campaña mediática para soliviantar a la ciudadanía y conseguir la colaboración de los extremistas y progresistas, con el fin de orquestar lo que, sin duda, puede ser una de las causas de alborotos durante el próximo otoño. No, ahora no, porque estos que nos gobiernan las vacaciones no las perdona auque caigan sobre la nación chuzos de punta.

Ya, algunos de los próceres del Tripartit, han empezado a lanzar amenazas veladas y no tan veladas, para el caso de que el señor Solbes se muestre reacio a soltar una “pasta”, de la que no dispone, pero que parece ser que, por parte de quienes piensan exigirla a rajatabla, no van a tener contemplaciones a la hora de extender la mano para cobrarla. Y es que, señores, parece que la fecha fatídica, el plazo que los entendidos le conceden de gracia al Gobierno socialista antes de que se levante, a galope, el tercer jinete del Apocalipsis, montado en su corcel negro, que nos va a traer la balanza (y esta no será fiscal) del colapso y la crisis económica. Pero, quizá esto no preocupe a la Generalitat, porque puede que vean en ello la ocasión de profundizar más en su nacionalismo, una vez que hayan exprimido las cajas del gobierno del señor Rodríguez Zapatero.

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