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Opinión
Etiquetas:   Con el telar a cuestas  

Tus ósculos, rollizos, melíferos, me hacen felicísimo, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
viernes, 18 de julio de 2008, 04:23 h (CET)
Mi vida:

Te agradezco sobremanera tus ósculos (porque la inmensa mayoría de los tales son rollizos, melíferos). Tina, puedes estar segura de que atinas, si coliges (y no corriges) que me hacen felicísimo.

Estuvimos hablando, cariño, una hora larga (y, luego, a continuación, casi diez minutos más, hasta que el menda se vio obligado a acortar –llegando incluso a cortar inopinadamente- la comunicación). Creo que, estando juntos, en nuestra nueva vida de casados, viviendo propiamente en pareja, hablaremos por los codos (la expresión quizás tenga que ver con el hecho de que nadie, por el momento, ha conseguido besarse los propios; extremo que, en la misma medida, tampoco ha ocurrido con los labios de uno –no me hagas mucho caso, porque acaso sea otra de mis inconcusas e inconclusas ocurrencias o boutades, como las llaman nuestros vecinos del otro lado de los Pirineos-).

Pues a mí me importa un bledo o comino si nos cogen in fraganti, quiero decir, si nos “pescan” o pillan con el cepo elegante o el verbo fragante (que se ajusta a la mui o sinhueso como un guante), en la boca, porque, como aduces audaz, certera, concreta y correctamente, no estaremos haciendo nada malo (en todo caso, al contrario, algo muy bueno, Amar). Ahora bien, tengo para mí que, si podemos ahorrarles a los más allegados un disgusto, pues, ¡mejor que mejor! ¡Miel sobre hojuelas! ¿No?

No te ocupes ni preocupes; entenderé (lo mismo que entendiste otrora, eso sí, viceversa) mi inesperado “rebautizamiento” (pues ya sabes que no miento).

Gracias, mi bien, por armarme de ciencia, de conciencia y de paciencia y amarme desinteresadamente. Gracias, gracias y más gracias aún, sí, por soñar o pensar que llevas a cabo muchas de tus acciones diarias tomándome por tu lazarillo, mano derecha, fiel colaborador, sirviente o paje, llevándome al lado. Gracias por las sorpresas, espuelas cordiales. En definitiva o resumen, gracias por ser mi elixir, o sea, por existir.

Ahora mismo, lo que yo imagino no es el aroma ni el sabor del melón o de las nectarinas, no. Sino el de tu cuerpo, templo del Espíritu Santo. Y es que, cuando digo o escribo que eres omnímoda, no exagero una pizca; es la pura y dura (poco, casi nada –ésa es la verdad-) realidad. Parafraseando lo que verseara in illo témpore “Pablo Neruda”, refiriéndose a su amada, todo lo ocupas tú, Tina, absolutamente todo. A mí, más, muchísimo más que las susodichas frutas, me gustará catar, libar, succionar el licor de tus afrutados o atrufados y sobresalientes pezones.

La panzada me la daré contigo, cariño, dentro de medio mes (menos –ya que, aunque parece que no corre, tempus currit ut volet-). Con tus atributos seré inmoderado.

Te ama con pasión insólita, nunca vista ni oída hasta hoy, tu

Félix Unamuno.

(Continuará, tras las vacaciones estivales, si Dios quiere.)

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