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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Aznar: crimen sin castigo

Mario López (Madrid)
Mario López
viernes, 18 de julio de 2008, 04:41 h (CET)
El adorno necesario para validar cualquier virtud es la modestia. Sin ella, el mayor de los méritos resulta antipático y su depositario, odioso. Cuando vemos a un deportista o a un artista expresarse con prudencia, evitando todo asomo de soberbia, los que disfrutamos de su buen hacer profesional, además nos sentimos personalmente felices con sus triunfos. Incluso estamos dispuestos a aceptar de buen grado su superior talento y no nos importa seguir su ejemplo, en la medida en la que esto nos es posible. Cuando los supuestos méritos vienen acompañados de una manifiesta soberbia, no les damos ningún valor y el personaje queda absolutamente desacreditado. Tal es el caso de José María Aznar.

El ex presidente de gobierno charló durante unos largos minutos con Ernesto Sáenz de Buruaga, ante las cámaras de televisión. No contento con despreciar a la nueva dirección de su partido, hizo gala del más absoluto impudor repasando las muchas actividades que le ocupan y que, en su opinión, le elevan a la categoría de un hombre de talento. No vamos a discutir la capacidad del héroe de Perejil para presidir un gobierno. Muchos españoles consideran bueno el balance de las dos legislaturas en las que él dirigió el Gobierno de la nación. Otros muchos pensamos que la segunda legislatura fue nefasta, pero valoramos positivamente la primera. Ahora bien, respecto a las muchas otras actividades que el señor Aznar pueda desarrollar, según él con inusitada brillantez, habrá que ser más rigurosos. Como profesor en la Universidad de Georgetown resultó grotesco. Como escritor, tres cuartos de lo mismo. Como editor, no se le conoce. Como letrado por cuenta propia, parece que aún no se ha estrenado. Si un gran escritor, con una obra esencial a sus espaldas, ha de ser muy escrupuloso a la hora de emitir un juicio sobre sí mismo, ¿qué no tendrá que hacer un individuo que se estrena con un epistolario titulado nada menos que Cartas a un joven español? Si hace décadas Rainer Maria Rilke no hubiera escrito Cartas a un joven poeta, pensaríamos que el ex presidente Aznar había hecho un auténtico alarde de imaginación, pero no es el caso. El contenido del libro es sencillamente patético. Pues a don José María todo ello le parece magnífico. Es admirable el poco sentido del ridículo que tiene este caballero. Peo eso no es lo peor. Aún siendo de los pocos pecados imperdonables, la vanagloria pertenece a una categoría más venial que el crimen de lesa humanidad. Y ahí sí que no hay dudas. José María Aznar tomó parte activa en la invasión ilegal de Irak.

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