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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El señor Blanco, va errado y herrado

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 17 de julio de 2008, 04:27 h (CET)
Es cierto que no hay que dejar a los niños que jueguen con artefactos peligrosos y por ello el Estado se cuida de que todos los juguetes reúnan todas las condiciones para que los menores no se puedan dañar con ellos. No obstante, parece que a determinados sujetos que, no por haber dejado atrás la infancia, sus mentes están más desarrolladas o reúnan un acerbo cultural que los haga dignos de que se los considere adultos, se les pueda dejar que, sin una censura previa, lancen a los siete vientos sus opiniones que, por indocumentadas, carentes de toda credibilidad y netamente escoradas hacia la demagogia y la más abyecta corrupción moral, tienen el peligro de que personas de poca cultura, escaso discernimiento o predispuestas a dejarse engañar por su marcado progresismo y ensañado laicismo, lleguen a creérselas como si fueran verdades. Así pues, vean ustedes por donde, nos encontramos de nuevo con este personajillo de tres al cuarto, que tan propenso es a pontificar sobre lo divino y lo humano con la misma temeridad que lo haría un orate desde su más completa insania.

Y es que cuando escucho a el señor Pepino Blanco, alias Pepito Grillo, explayarse sobre cuestiones sobre las que es un verdadero ignorante no puedo menos de pensar si este país, como se dice, tiene el Gobierno que se merece. Porque otra cosa que no sea calificar sus peroratas como un intento político, despreciable por otra parte, de convertir un tema tan serio como es el derecho a la vida de las personas, a su irrenunciable facultad a aprovechar hasta el último momento la existencia que le ha sido concedida y al derecho de que nadie pueda influir, decidir o establecer el momento de su muerte; en una baza política del PSOE, es algo tan aberrante como que este señor se manifestase en una ocasión como creyente y católico. Elevar a la categoría de axioma el contenido moral de una película claramente escorada a favor de una eutanasia y, por lo tanto, que ha cargado las tintas en sólo una parte de este problema y, aún aceptando que se pueden producir situaciones muy comprometidas; el pretender hacer de lo particular una teoría general aparte de ser científicamente incorrecto cuando la persona que se postula como docto enseñante no reúne esta cualidades es algo de todo punto inadmisible.

Claro que aquí lo que se trata es de minar en todo lo que sea posible las enseñanzas de la Iglesia católica; buscar lo fácil y fácilmente entendible respecto a un problema para ofrecerlo como carnaza a aquellos que buscan soluciones fáciles y que los puedan favorecer. Porque señores las consecuencias de la generalización de la eutanasia, como pretende el ministro Soria, o como, inconscientemente pretende vender este monigote de feria que ha sido puesto en el cargo de vicesecretario del PSOE, tiene componentes mucho más trascendentes que el de ayudar a morir a una persona que no puede valerse por si misma. Por desgracia no estamos viviendo, como nos quieren hacer creer estos profetas del laicismo, en un mundo de santos, sino todo lo contrario. Existen, por desgracia, muchas familias que tienen personas que por su edad, por causa de una enfermedad o debido a un accidente sufren diversos grados de incapacidad recitan del apoyo de sus familiares. Padres, madres, hermanos u otro tipo de parientes que, en la mayoría de casos se han sacrificado para que, aquellos que los cuidan, puedan haber estudiado, aprendido un oficio o una carrera universitaria; se puedan haber desarrollado en un ambiente de bienestar y los hayan cuidado con esmero cuando estuvieron enfermos; y sin embargo se han convertido en una carga para sus familias, un “engorro” que les fastidia las vacaciones o que ocupa una habitación que le vendría bien al hijo que se casa.

Estos son los innumerables casos que pueden poner en cuestión el hecho de que se establezcan una medidas “paliatorias del sufrimiento”, como eufemísticamente las define el señor ministro, que den facilidades para que bajo la justificación de que el enfermo ya no rige, que “ya no está en este mundo” o “pobrecito mejor sería que ya dejara de sufrir”. No se trata de una mera cuestión moral que, por supuesto, lo es, sino del derecho que cada uno tiene a la vida que, bajo la capa de una normativa legal permisiva o invasiva; pueda ser negociado por parientes, médicos o jueces que, a la vez, puedan estar influenciados por sus propios intereses, conceptos morales o principios éticos. El mal que se pretende evitar a un enfermo determinado, puede servir de coartada para que muchos otros, al estilo propiciado por el doctor Montes, sean sacrificados, en contra de su voluntad, por terceras personas que, bajo distintas excusas o alegatos se sirvan de las facilidades que les pueda proporcionar la Ley para descargarse de una carga, aliviar a la sociedad de los costes sanitarios de determinado grupo de personas de edad avanzada o beneficiarse de una posible herencia que los impacientes herederos puedan pensar que tardan demasiado en percibirla.

No hay película, ni relativismo moral, ni tácticas políticas ni teorías de galenos que se han olvidado de las reglas del Juramento Hipocrático que, en su día, se comprometieron a respetar; que pueda justificar una sola muerte de alguien que no está dispuesto a que ninguna ley le adelante ni un solo segundo su derecho a ala vida. Que se pueda plantear con tanta frivolidad la posibilidad de que sea el Estado el que pueda reglamentar cómo y cuando un ciudadano debe morir es una de las consecuencias de la famosa doctrina del relativismo moral que nos han traíd los que hoy en día ostentan el poder. Faltará saber la reacción de aquellos que se han mostrados tan de acuerdo con “ acoplarse a las circunstancias” para que no los tachen de “crispadores”; no hay duda de que ahora los que hemos criticado el cambio de rumba del PP podamos comprobar si lo que nos han anunciado será verdad o si, como tienen el deber moral de hacer, se dejan de estupideces y se pone a crispar como locos para evitar que estos que buscan los abortos y la eutanasia para su propia conveniencia, conviertan a este país en un cementerio de la inocencia.

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