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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Estriptise y matrimonio

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 17 de julio de 2008, 04:28 h (CET)
Kate de Brito, una mujer de 27 años escribe al blog de Bossy, una variante digital del histórico consultorio radiofónico de Elena Francis, planteando preguntas que tienen que ver con la relación que mantiene con su compañero. Le escribe en estos términos:

“Estimado Bossy: Me encuentro ante el dilema de desear agradar a mi hombre y el anhelo de su respeto al nivel que creo que me he ganado y merezco. Soy una mujer de 27 años, me considero inteligente y de buen ver, tengo un buen sentido moral aunque persisten mis rebeldías infantiles. Estoy unida a un chico de edad parecida a la mía y creo que hemos acertado. Estamos muy compenetrados y estoy muy impresionada por su virilidad hasta que… la pasada noche en que de manera casual salió a relucir el tema del estriptise y de los estripistas y de los clubes en donde se practica esta modalidad erótica.

Desde que vivimos juntos nunca me había mencionado que en ocasiones hace una escapada con sus amigos a un club de estrip. Finalmente me dijo que estas escapadas podrán continuar en el futuro. Estaba totalmente decepcionada que considere que éste fuese un comportamiento adecuado para su compañera. Le dije que si sigue gozando de este tipo de diversión entonces es que no soy el tipo de chica adecuada para él. Estoy muy lejos de ser «Miss Shanky Stripper».

Para mi, esta manera de ser es muy irrespetuosa. No puedo entender qué motivo hay para que un chico vaya a un sitio en donde bailen chicas desnudas, si es que tiene una relación feliz y gratificante. No es que sea insegura ni posesiva, pero este hacer me hace venir ganas de vomitar.

Deseo serlo todo para mi hombre. De ser posible quiero ser su mejor amiga. Le adoro y quiero ser todo lo que necesita. Odio ser una rompedora de ilusiones e impedir que viva la vida que escoge. A pesar de ello sé lo importante que es que me sea fiel, sé lo que deseo y merezco, ¿disfruto realmente del viaje que me lleva? Pero si he decidido que sea él mi compañero, ¿significa que me he de comparar con una mujer de pocos cabales y carente de autoestima que tiene unos pechos muy voluminosos y una cintura delgada y con el único propósito de hacerlo feliz?

¿Son estos sentimientos una reacción desproporcionada? ¿Es pedir demasiado que un hombre limite lo que haga y tenga en cuenta los sentimientos de su compañera sin que se tengan que hacer preguntas? ¿Cómo se lo hacen las otras mujeres para enfrentarse a esta situación? ¿He de rebuscar por todo el planeta con la esperanza de hallar un compañero que tenga los valores parecidos a los míos, o esto es un comportamiento típico de los australianos que he de aprender a aceptar? Ilumíname”.

La respuesta que Kate recibió de Bossy viene a decir que nadie es perfecto y que hay muchas imperfecciones que deben tolerarse. Estoy totalmente de acuerdo. El perfeccionismo destruye a quien lo persigue y a quien es el objeto de las críticas por no alcanzarlo. De las cosas que Bossy dice a Kate destaco ésta: “A tu compañero le gustan los espectáculos de estriptise. Es una decisión suya. No puedes hacerlo cambiar de pensar. No lo tendrías que ver como un defecto personal. Sólo es una preferencia”.
Mantener la estabilidad matrimonial implica sacrificio. Cuando un hombre y una mujer deciden casarse han de renunciar a lo que eran antes. Empiezan una nueva etapa que han de vivir juntos, es más, han de ser una sola carne y que debe preservarse esa unidad al precio que sea. Se han de olvidar de las salidas nocturnas que hacen sentir mal al cónyuge que se queda en casa. Llegar tarde al hogar porque al finalizar la jornada laboral se va de copas con los amigos, no ayuda en nada para que funcione el matrimonio. Asistir a espectáculos prescindiendo del cónyuge es minar los cimientos del matrimonio. Si no se respetan un mínimo de reglas se romperá el matrimonio con todas sus funestas consecuencias.

Hace unos meses, en Mollerussa causó sensación la boda de Ramiro Lapiedra y María Pascual, por destacarse ambos en la pornografía. Al poco tiempo de casados María presentó una denuncia contra su marido por malos tratos. La denunciante asegura que las vejaciones ya las sufrió antes de contraer matrimonio. Si esto es así ya sabía en donde se metía. Quiero decir que el noviazgo sirve para que dos personas que quieran casarse se conozcan. A pesar que no es posible que no se conozcan perfectamente, durante este período prematrimonial se descubren indicios que informan si es conveniente o no casarse con la persona con la que se pretende contraer matrimonio. Se evitarían muchos fracasos y disgustos matrimoniales si se hiciese caso de estas advertencias. Pensar que se puede hacer cambiar al otro una vez casados es muy peligroso porque el cambio sólo se da en contadas ocasiones.

La pornografía con todas sus variantes es una amenaza para la felicidad matrimonial. Aunque ambos cónyuges participen en el juego, siempre rompe la buena convivencia de la pareja. Los sentimientos de Kate lo confirman. Si se desea vivir bien con la persona elegida se ha de pagar un precio. Si el sexo ilegal es una preferencia tal como lo afirma Bossy, lo que se consigue es la ruina del matrimonio. Se puede justificar el comportamiento del compañero de Kate diciendo que ir a un club de strip no significa que forzosamente se deban mantener relaciones sexuales con una persona que no sea el propio cónyuge. Es posible que sea así. El hecho de extasiarse, aunque sea mentalmente con otra persona, espiritualmente se rompe la unidad conyugal. Tarde o temprano esta ruptura pasa factura.

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