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Extensión de derechos

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 17 de julio de 2008, 04:27 h (CET)
El congreso del PSOE y las intervenciones de Rodríguez Zapatero y sus inmediatos colaboradores han dejado meridianamente claro que la alternancia de poderes, eje de la democracia, les trae sin cuidado.

Su gran designio, en el que vienen trabajando sin descanso, al menos desde la llegada al poder de Felipe González en el 82, es cambiar la sociedad. Ya dijo Alfonso Guerra que los socialistas iban a dejar a España que no la iba a reconocer ni su madre.

Entiendo que un gobierno democrático es el que garantiza la libertad y la seguridad de los ciudadanos para que ejerzan sus derechos. Las personas son titulares de derechos que les son propios y no otorgados por ningún poder político. Por ello hay que rechazar que este gobierno o cualquier otro puedan inventarse nuevos derechos. El derecho a matar al niño antes de nacer o acelerar la muerte del enfermo, es el colmo de la fraudulenta manipulación del lenguaje y de las leyes, que quiere transmutar, como los alquimistas farsantes, los delitos en derechos.

Para este socialismo el gobierno es el instrumento para lograr el cambio de la sociedad. Este es una vieja idea que llevaron a cabo personajes como Stalin, Hitler, Mao, Ho Chin Min o Pot-Pol, con el sangriento resultado que todos conocemos. Hoy siguen aferrados a esta idea de cambiar la sociedad desde el poder, entre otros, Evo Morales, Chávez, Raúl Castro y ahora también Rodríguez Zapatero.

La presión sobre las embarazadas para que aborten en el caso de posibles malformaciones del concebido, es “tan moderno” como las leyes eugenésicas del nazismo alemán en los años treinta. También está en marcha la presión sobre los mayores para que decidan morirse para no ser una carga.

La ley de dependencia, de tan escasos resultados hasta ahora, no es más que una coartada, mientras que el doctor Montes, el que tenía en las urgencias de Leganés más muertos que nadie, predica la zarandaja de la muerte digna mientras trata de que se aprueben leyes que otorguen a los médicos la facultad de decidir sobre quien debe morir.

Quieren revisar la actual ley del aborto, ya de por sí mala, para empeorarla. Se producen más de cien mil abortos en un año y casi todos por el supuesto de la salud psíquica de la embarazada, lo que muestra claramente los fallos de la ley que tan rentables resultan para las clínicas abortistas. La revisión que ahora se pretende, es considerar el aborto como un derecho de la embarazada y eliminar el derecho a la vida del concebido antes de nacer. La vicepresidenta anuncia que se va a formar una comisión de “expertos” que hagan propuestas “vanguardistas”. Seguro que en esta comisión no estarán presentes los que promueven el apoyo a las embarazadas para evitar el aborto.

Para cambiar la sociedad necesitan controlar la educación desde la infancia y a ello se dedican con entusiasmo, proponiendo una moral y unos valores obligatorios: ideología de género, pluralidad de modelos familiares, libertad sexual, relativismo, equivalencia de todas las orientaciones sexuales, etc. Les estorba en su designio adoctrinador la enseñanza confesional y la voz de la Iglesia a la que hay que eliminar de la vida pública, de ahí su cruzada laicista presentada como moderna, pero que es, al menos, del siglo XIX.

El Partido Popular ni está ni se le espera. No se pronuncia sobre ninguno de estos temas que astutamente le presenta el partido socialista, ya que si se define en contra, teme la campaña de los medios de comunicación, casi todos al servicio del PSOE. Si se define a favor sabe que perderá los votos de buena parte de su base social. En ambos casos sale beneficiado el partido socialista.

Rajoy y Arenas dicen que estos temas son una cortina de humo para no hablar de economía, pero yo creo que esta misma declaración del PP es un subterfugio para evitar pronunciarse sobre el aborto, la eutanasia o la laicidad.
Para el cambio de la sociedad que busca el PSOE no se trata de temas menores sino de una escalada imparable en su marcha hacia el totalitarismo. Un PP temeroso y acomplejado, que se acomode a las ventajas y prebendas de la oposición, sería la coartada perfecta para que siga pareciendo esto una democracia, aunque deje de serlo.

La esperanza de Rajoy en que la economía hará caer a Rodríguez Zapatero para darle el triunfo al PP, no está nada clara. Los socialistas ya han empezado a hablar de medidas sociales, de gasto social, que serán creídas por su electorado, aunque sean ruinosas, y le mantendrán en el poder.

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