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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Ni defender nuestra lengua nos dejan!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 16 de julio de 2008, 10:12 h (CET)
De tanto en tanto es conveniente dirigir nuestra mirada a las comunidades díscolas, aquellas que han decidido por su cuenta hacer lo posible para que España deje de ser una nación y, en su lugar, se erijan una serie de pequeñas naciones, atomizadas repúblicas y “autosuficientes” cantones para que así, pronto pudieran ser reabsorbidos por nuestros vecinos del norte y el sur. Los primeros, Francia, esgrimiendo sus posibles derechos derivados del pacto que Pau Clarís firmó con Luis XIII para que los franceses enviaran, en 1640, un ejército de 3000 hombres a Catalunya para luchar con las tropas del Conde Duque de Olivares. Y Marruecos, que a su vez, podría alegar sus ancestrales derechos derivados de la invasión musulmana de todo el sur de la península.

Lo primero que nos choca es el gran número de empresas que van cayendo, una tras otra, a causa de las consecuencias dramáticas de la crisis económica, a lo que ha ayudado, en gran manera, la serie de trabas impuestas por la Generalitat en cuanto la flexibilización de plantillas y los obstáculos que la Consellería de Treball viene poniendo a los expedientes de Regulación de Empleo y a problemas de rotulación en catalán. Es evidente que los antiguos países del Este se están llevando el gato al agua al proporcionar mano de obra más barata y grandes facilidades para la instalación de nuevas empresas en sus territorios.

Aunque Madrid le ha tomado la delantera a Catalunya en cuanto al asentamiento de nuevas sociedades y la instalación de modernas industrias, es evidente que esta última región continúa sosteniendo un importante tejido industrial y, en consecuencia, a pesar de los intentos de las patronales catalanas y de los organismo oficiales dependientes de la Generalitat de dar la impresión de “aquí no pasa nada”, lo cierto es que, cada día, son más los percances económicos de empresas que tiene que convocar concurso de acreedores y de otras que deben declararse en quiebra al no poder enfrentarse a una caída tan brutal de los pedidos y a una recesión tan violenta de los mercados exteriores.

Y, mientras tanto, asistimos escandalizados a la comprobación de que, el mayor problema para Catalunya, no se centra en su deteriorada economía, sino que, el leit motive de sus máximas preocupaciones y la causa de que don Jordi Pujol jr. se haya escandalizado hasta el punto de arremeter contra Telemadrid, acusándola de fomentar la fobia contra Catalunya; ha sido, como no podía ser menos, el hecho de que, un grupo de personas ( entre las que me incluyo) hayamos firmado un “Manifiesto por la lengua común” en el que se recuerda el derecho de todos los españoles a usar el castellano aunque en su primera premisa se establece:” Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional…”, lo que, a mi modesto juicio, deja sin argumento alguno al irascible señor Pujol y a toda esta caterva de chikilicuatres que se han dado por aludidos y que han salido con algo tan peregrino y ridículo de calificar aquel manifiesto como un atentado contra las lenguas autóctonas.

Si no fuera porque ya todos conocemos la forma de actuar de estos nacionalistas, alguien podría pensar que habíamos cometido una gran ofensa contra la cultura de Catalunya, Galiacia o el País Vasco, pero todo aquel que se haya molestado en leerse el Manifiesto se habrá dado cuenta del respeto que de él se emana para todas las lenguas cooficiales que existen en España. De lo que se trata, precisamente, es de evitar que se produzca un efecto no deseado, al menos para los que nos consideramos españoles, de que, de tanto “inmersionarnos” en los idiomas locales resulte que el que quede “asfixiado”, sin resuello y listo para ingresar en la UCI, sea el idioma de todos los españoles: el castellano. Si alguien pudiera pensar que exageramos, no tiene más que ver como escriben las nuevas generaciones de estas comunidades el castellano y cómo lo hablan. Personas con carreras universitarias cometiendo faltas garrafales de ortografía, errores de bulto sintácticos y verdaderos atentados contra la semántica, capaces de hacer que don Miguel de Cervantes se revolviera dentro de su tumba preso de la ira más irreprimible. Claro que esto, a los señores que afirman que este Manifiesto va en contra del uso libre del catalán, el gallego o el euskera, no sirve de nada porque no hay quien les apee del burro debido a que donde se encuentran más a gusto es cuando pueden ejercitar el victimismo, para intentar convencer a la ciudadanía de que España está en su contra y que intenta imponerles el español a golpes de tizona.

Por otra parte, y para que vean hasta donde llega la hipocresía de estos separatistas, que tanto defendieron la inmigración y que tan generosos se mostraron con los sin papeles, cuando se trataba de oponerse a la política del PP; ahora no tienen inconveniente en ensayar el apartheid, al más puro estilo nazi, con los niños procedentes de África subsahariana, El Magreb y los países de Europa del Este, a los que se discrimina haciéndoles que se escolaricen en “centros especiales” o sea apartados de los otros alumnos catalanes ya que aquí, en Catalunya, los españoles, o sean los que quieren expresarse en castellano, sufren otro tipo de marginación que, en este caso, choca frontalmente con los preceptos de la Constitución de 1978. Pero no se crean que esta política se quede en una de las boutades de la Generalitat, porque ha sido respaldada, calificándola de “una decisión valiente”, por el propio señor Corbacho, flamante ministro de Trabajo. En definitiva, que vamos a pasos agigantados hacia lo que podríamos denominar como una nube piroplástica que se va cerniendo sobre esta España, invadida de la carcoma socialista, presta a abatirse sobre lo poco que nos queda de aquella nación en la que ondeaba con orgullo nuestra bandera roja y gualda.

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