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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Ay!, ¡pobrecitos empresarios!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 14 de julio de 2008, 21:47 h (CET)
En esto de la política nos podemos encontrar con una variada fauna, tan variada que se puede llegar a decir que es posible que no haya dos personas que opinen exactamente lo mismo. Se habla de las excelencias de un “centro moderado” pero, cuando pretendemos dilucidar en qué consiste esta famosa utopía, nos encontramos en que, si vamos espigando entre los que a sí mismos se denominan como tales; es muy probable que, entre ellos, haya serias divergencias ideológicas. Por ejemplo, podemos encontrar benditos que se consideren de centro porque no comulgan con las ideas sobre el aborto, la eutanasia y los matrimonios gay, pero que, no obstante no participen de otros principios de la derecha, como pudieran ser la unidad de España y la lengua común; también es probable que nos topáramos con otros que también piensan estar en el centro, pero que se muestren más liberales con las flaquezas humanas y se sientan cómodos en una sociedad menos estricta con los derechos de las mujeres y más complacientes con el tema de la homosexualidad pero que, por otra parte, no transigen con el comunismo o con derivas socialistas en cuanto a sus modelos de enseñanza o su especial ética. Es decir que, así como lo veo, el centro podría llegar a ser una amalgama de los que no estuvieran conformes con los planteamientos de los dos partidos mayoritarios y tampoco se llegasen a conformar con determinadas posturas de los separatistas o más extremistas.

En cualquier caso, cuando hablamos de política nos solemos referir no a los mangoneos que caracterizan a las directivas de todos los partidos, sin excepción, sino a la forma de entenderla por aquellos ciudadanos que constituyen sus bases, que son los que se encargan de votar aunque, en definitiva, son sabedores de que ninguno de los elegidos se ajustará a sus propias ideas y deseos. Estos son los cándidos, los que creen de buena fe en un proyecto determinado y los que siempre acaban decepcionados con la gestión de aquellos a los que les dieron su confianza. Pero existe una clase especial, una que por principio no tiene una especial tendencia política y cuyo supremo objetivo no tiene nada que ver con ocupar un cargo en un ayuntamiento o representar a una clase determinada de la sociedad. No, señores, estos son los que su finalidad es nítida y a ella dedican las veinticuatro horas del día, año tras año: son los empresarios. Para ellos los ideales políticos sean de derecha o izquierdas no son más que perder el tiempo, porque de lo que se trata en definitiva es de conseguir que sus empresas ganen el máximo de dinero posible aunque, para ello, tengan que ir brujuleando por los entresijos de los ministerios, los vericuetos de las patronales y por la difícil y productiva senda de la adulación, la compra de voluntades y la corruptela. Para ellos el fin siempre justifica los medios.

Es por ello que debo reconocer que siento una especial sensación de morbo cuando puedo comprobar como alguna de estas tácticas les salen mal. Pongamos por ejemplo lo ocurrido cuando el periodo electoral estaba en pleno auge, entonces la CEOE, por medio de su presidente, el señor Díaz Ferrán, anunció su predisposición a reunirse el día siguiente al de las elecciones con el señor Solbes; dando por descontada la victoria del PSOE. Una postura muy cómoda, teniendo en cuenta que, si el vencedor hubiera sido el PP para ellos era muy fácil rectificar; pero lo suficientemente explícita para dar una muestra de su oportunismo político. Las cosas no han ido como pensaban, el bajonazo de la economía ha superado sus previsores y, muchas empresas e industrias, están en una situación difícil, si no desesperada. Las ventas han descendido vertiginosamente; las exportaciones también; los créditos bancarios se dan con cuenta gotas y a intereses exorbitantes; el motor del país, la construcción, está bajo mínimos y el desempleo comienza a ser preocupante. Cada día podemos comprobar, en la prensa, que una o varias empresas han convocado concurso de acreedores y, en muchos casos, se producen quiebras de empresas que sólo hace unos meses hubiéramos jurado que era imposible que llegaran a tan extrema situación.

Pues bien, ahora cuando le ven las orejas al lobo empiezan a quejarse. Lo que antes era alabanzas y actitudes rastreras ante el Gobierno, se están convirtiendo en lamentos por la manera como se maneja, desde la Administración, la crisis. Si primero fue la propia CEOE la que empezó pidiendo árnica, ahora, sólo hace unos días, fue el Círculo de Economía quien se lamentaba de la situación y exigía al Ejecutivo que se dejase de paños calientes y tomase el toro por los cuernos para enfrentarse con medidas eficaces a la recesión que tiene en vilo a muchas familias que, de no remediarse la situación, van a salir perjudicadas por la deriva de la situación económica de nuestra nación. Pero, no puedo dejar de recordarles a todos estos señores que siempre juegan con las cartas marcadas, que no está mal que en alguna ocasión se percaten de su equivocación y que, acepten que, en muchos casos es mucho más rentable ser consecuentes con unas ideologías, que prescindir de ellas para buscar el provecho inmediato o la ganancia fácil.

El país está en una pésima situación económica y los que no lo quieran aceptar así es que están interesados en esconder la cruda realidad. Es evidente que, si el señor ZP y sus secuaces se emperran en seguir ignorando la realidad es probable que, cada vez, nos vayamos hundiendo más en esta sima que nos amenaza bajo nuestros pies. Pero, por desgracia, no será aumentando el comité Ejecutivo del PSOE para alimentar a más paniaguados ni poniendo a féminas incapaces al frente de ministerios que no sirven para nada, ni implantando la eutanasia o incrementando los supuestos en los que se permite el aborto como podremos salir del atolladero. Es preciso que tomen ejemplo de otros países, que se pongan pilas nuevas y se dejen de falsos orgullos o de reticentes manías y acepten que es preciso cambiar de política económica, para lo cual lo primero que deben hacer es prescindir de Solbes y Sebastián y poner a personas válidas capaces de sacarnos de la crisis. Por ejemplo: el señor Rato.

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