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Etiquetas:   Crítica concierto   -   Sección:   Música

Festival U18: Cocacola para todos y algo de comer

Andrea Velasco
Redacción
viernes, 31 de octubre de 2008, 04:56 h (CET)
Festival U18. En cartel, Falling Kids, Motel, Despistaos, Pignoise, Panic and the Disco y Simple Plan. Lugar, Palacio de los Deportes de Madrid. Fecha, 10 de julio de 2008.

Hasta allí me desplazo un caluroso jueves para cubrir el festival U18, under 18, es decir para menores de 18 años. Intento ponerme en el lugar de todos los adolescentes que están allí. Lo malo es que el último anuncio de cocacola, repetido hasta la saciedad durante todo el festival (“ni consola ni consolo” martillea en mi cabeza incluso después de acabar el concierto), me recordaba, constantemente, que estoy más cerca de la treintena que de los adolescentes que han esperado, durante horas, bajo el tórrido sol de julio de la capital, para escuchar a sus grupos favoritos... Pensándolo bien, pertenezco a ese limbo entre la adolescencia y la edad adulta, una zona privilegiada que te permite deambular entre ambos lados del limbo según necesidad e interés. No todos tienen la misma suerte. Ya sabemos que muchos menores, se sienten injustamente tratados, porque no les dejan entrar a conciertos donde se sirve alcohol .

Llegada esta cuestión me pregunto, ¿En qué se diferencia un festival para menores de 18 años de uno para mayores de edad?
Por supuesto, como diferencia clave, está el que no se permite vender alcohol ni tabaco; también podríamos pensar que te van a pedir el DNI para, por primera vez, demostrar que eres menor, pero parece que los jóvenes no son tan restrictivos como los adultos.
También hay diferencia en el tipo de grupos, de esos pop-rock para chavales, que siempre recuerdan un poco a aquellos que ya han triunfado, pero que tienen encanto e ilusión y eso te hace pensar que, con trabajo, quizás lleguen a desarrollar su propia personalidad. Y, como nota destacada, el presentador, Tony Aguilar, de los 40 Principales, emisora líder entre los adolescentes.
Esto es lo más obvio, pero hay más. A medida que el festival avanza, cada vez observo, sobre todo entre concierto y concierto, a más chicos tirados por el suelo, agotados, aunque les entretengan con sorteos de móviles y visitas a los camerinos. Se nota la ausencia de alcohol y otras sustancias.
Desde mi óptima situación, en las gradas de prensa, puedo ver todo con cierta perspectiva, pero echo de menos poder escuchar lo que los adolescentes comentan, hasta que se me ponen delante tres chicas, que lo están pasando estupendamente pero, y he aquí una gran diferencia, la madre de una de ellas llama al móvil porque ha venido a recogerlas. Lo malo de ser menor de edad es que tu madre todavía puede controlar tu vida. Acaba de empezar Panic and the disco y todavía queda el plato fuerte de la noche, los populares canadienses Simple Plan... Pobres... las tres se alejan como cangrejos, mirando el escenario y moviéndose lentamente hacia la salida, mientras disfrutan de los últimos segundos de un festival dedicado a ellas.

No creo que sea mala idea realizar eventos de este tipo y seguro que muchos padres agradecen que sus hijos tengan un entretenimiento en pleno mes de julio antes de irse de vacaciones., pero también entiendo la rabia que da quedarte con la entrada en la mano en un concierto porque te piden el DNI, además ya sabemos cómo es el fenómenos fan y lo duro que es que a uno no le dejen ver a su ídolo. Los cantantes de Despistaos y Pignoise se solidarizaron con todo su público, denunciando que les estaban prohibiendo el acceso a la cultura. CULTURA, gran palabra.

Sin quitar protagonismo a la cultura, en mi humilde opinión, estos eventos son puro marketing. No digo que sea malo, simplemente que es lo que es. Los patrocinadores del evento están en cada esquina y se respiran en el aire incluso. Están ahí analizando lo que gusta, lo que funciona, lo que mueve. Al final todo es negocio, donde importa más el ruido y el show que la calidad: Los amplificadores distorsionaban el sonido y no se escuchaba prácticamente a los vocalistas, por ejemplo.

Sin irme a las profundidades del capitalismo y los intereses comerciales, me quedo con una estampa, la de los alargados aplaudidores anaranjados, las luces de las cámaras del móvil, que sustituyen a los tradicionales mecheros, los saltos y energía de los grupos con alguna actitud a lo Jagger y la diversión de los adolescentes, que no necesitan de alcohol para darlo todo por sus grupos.

Y con esto me voy, de frente, que a mí mi madre no me obliga a volver a casa antes de tiempo, más bien quiere que me vaya de una vez por todas.

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