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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

España a palo seco

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 14 de julio de 2008, 03:33 h (CET)
Era algo que se estaba viendo venir y no puedo decir que nos haya sorprendido, porque era imposible que, en un partido como el PP, no hubiera personas que se resistieran a aceptar como si fuera lo más natural del mundo que, sin que existiera motivo ni explicación verosímil alguna, el señor Rajoy y el equipo fantasma que se sacó de la chistera, como si se hubiera transmutado en un mago Merlín ávido de protagonismo y celoso de que alguien hubiera podido aspirar a su puesto(visto el fracaso que ha cosechado en los dos últimos comicios como aspirante al gobierno de España), diera un giro de 180º grados a la política del partido. La dimisión de dos miembros de la Ejecutiva del partido en Guipúzcoa y de una edil de San Sebastián, por no estar de acuerdo con la nueva deriva que, el nuevo equipo de Rajoy, ha marcado en la estrategia de la formación, ha sido un evidente mazazo para este tambaleante remedo de lo que fue el antiguo PP. Todos ellos han abundado en su apoyo a María San Gil, con la que se solidarizan, y se han negado en continuar en una formación que ha perdido el rumbo en aras de un supuesto viraje al “centro”.

Yo no creo que ni el señor Rajoy ni su nuevo equipo formado, por exigencias del guión, por un triunvirato de féminas, seguramente para demostrarle al PSOE que, en el PP, se sigue lo de la “paridad” tan escrupulosamente como lo puedan haber hecho ellos; no haya calculado el peaje que van a tener que pagar por su aventura. Da la sensación de como si, en lugar de querer formar ejecutivos equilibrados donde se compagine la energía y entusiasmo de la juventud con la experiencia y la prudencia de los mayores; hayan decidido jugarse el porvenir del PP a una jugada de dados, apostando por lo que ellos estiman que puede ser un póker de ases pero que, si han calculado mal, los efectos que sobre las bases pueda tener esta sangría de cargos representativos, que parece que no se acaba, puede que tetrminr en una debacle total. Lo que no se puede entender es el porqué de esta operación ni la oportunidad de haberla iniciado, precisamente cuando el PP debía mostrarse más unido para iniciar una oposición fuerte al gobierno de ZP, fuertemente tocado por los resultados de su pasividad ante la crisis económica en la que estamos sumergidos.

Sin embargo, por incomprensible que nos pueda parecer, observamos como cada día los representantes en el Parlamento del partido de Rajoy desaprovechan ocasiones para poner en aprietos a la señora De la Vega y sacarles los colores a los ministros económicos, especialmente al señor Solbes que, si tuviera un ápice de vergüenza, ya debiera haber presentado su dimisión irrevocable, ante la cantidad de desafueros que ha cometido durante todo el tiempo que hace que ocupa su cargo. Los último y más sonado del señor Solbes han sido sus previsiones de crecimiento de la economía española sobre las que confeccionó los Presupuestos Generales para el 2008 y sus grandes proyectos sociales basados en ellos y, ahora, por su falta de previsión y su incapacidad para ver más allá de la punta de su nariz, se ha encontrado con que estamos entrando en algo que se suele llamar recesión o estanflación (crecimiento bajo y IPC elevado), lo peor que le puede suceder a un país. Pero aquí lo tenemos dispuesto a continuar deshojando la margarita, esperando que suene la flauta por casualidad. Sabe que no se puede endeudar más porque, entre otros inconvenientes, la Coface (Agencia calificadora de riesgos) ya ha dado la alarma al rebajar la calificación de la deuda soberana española de A1 a A2. Ya nadie nos querrá fiar y, si lo hace, sus condiciones pueden ser draconianas.

Y, ante todo este galimatías, ante la ofensiva anticlerical del PSOE, ante sus deriva hacia el totalitarismo y sus fúnebres propósitos de matar dulcemente a los enfermos y dejar que las mujeres se ensañen con los fetos; dejar que las autonomías continúen ejercitando su inmersión lingüística, saltándose a la torera las sentencias de los tribunales; como ocurre en Andalucía, donde las sentencias (ya son varias) de su Tribunal Superior de Justicia respecto a la, a todas luces inmoral e ilícita EpC , dando la razón a los padres e instituciones que la han impugnado, han caído en saco roto sin que quienes debieran ejecutarlas ni en los fiscales que tienen la obligación de pedir su ejecución hagan el menor caso de ellas; ¿qué nos está ofreciendo el PP? Pues, por incomprensible que pueda parecernos ni la señora Soraya Saenz de Santamaría ni el señor Alonso (uno que ahora parece que quiere llevar la voz cantante y que, sus cantos, hasta ahora, sólo han sido un recital de gallos y notas desafinadas), se hayan molestado, ni poco ni mucho, en cargar contra el Gobierno para dejar clara su intención de no pasarle ni una de las barrabasadas que pretenda cometer.

Para entendernos, que la ruta del PP parece que está encaminada únicamente a atacar a su rival político en la cuestión económica, pero tampoco con demasiada energía ni, por supuesto “cispando”, con guante blanco; no sea que ZP se enfade y les chafe la guitarra del centrismo. Los otros temas o bien el cambio de rumbo del PP ha consistido en aceptar tácitamente lo del aborto ( por aquello de adaptarse a las realidades sociales) o ya han abjurado de defender la unidad de España y el mantenimiento de la Constitución de 1978 o ya le están tomando gusto a esto de convivir con homosexuales y han dejado en el cajón de los desperdicios lo del matrimonio homosexual o bien, están tan enfrascados en sus líos internos (buscados, imprudentemente, por ellos mismos), que no tienen tiempo para ocuparse de las labores de oposición en las que debiera estar centrados. En fin, que los unos por los otros la casa sin barrer y, entre tanto, España y los españoles intentando sobrevivir, sin que a nadie le importe un pito lo que se traen entre manos los partidos políticos y sus dirigentes. En lo único que estamos todos de acuerdo, derecha e izquierdas, es en que España está dirigida por una generación de políticos, hombres y mujeres, que debieran volver a las escuelas para aprender lo que, por lo visto, nadie les enseñó: honradez, vergüenza, eficiencia, ética y, saber dimitir, como hacen los ministros y autoridades políticas de otros países civilizados, cuando se equivocan en su gestión. ¡Claro que esto, en España, sería algo así como el milagro de Lourdes!

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