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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Unos y otros nos joroban!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 13 de julio de 2008, 05:43 h (CET)
Debo reconocer mis culpas. Es cierto que he estado abducido, raptado y dominado por un sentimiento de frustración galopante que me ha hecho desvariar durante unos días y me ha situado al borde del colapso, lógico por otra parte, a causa de la vil traición que los de mi partido de toda la vida, el PP, han llevado a cabo con los ilusos que les hemos estado apoyando, contra viento y marea, más años de los que me gustaría reconocer. Pero, no hay mal que cien años dure y en esta, llamémosle, reencarnación política, después del subidón de los primeros días, he conseguido alcanzar el estado de gracia por el cual, después de sesudas reflexiones y drásticas penitencias por mi imbecilidad; he entrado en esa etapa, que Buda denominó “Camino de las ocho etapas”, en la que, superadas mis antiguas fidelidades y convencido que ningún partido político merece más que el desprecio y el olvido; me veo libre para dirigir mis críticas a todo aquel que sea merecedor de ellas, sin que mi corazón se vea entristecido por ello.

Así pues, después de que el señor Bernat Soria ­ –no puedo evitar un escalofrío cada vez que veo su hirsuta barba de Landrú o quizá de Petiot o, puede que, del Sacamantecas de Ávila – nos haya anunciado que está dispuesto a ayudarnos a morir (mira que manía les ha cogido a todos estos con la idea de mandarnos al otro barrio) y está proyectando lo que el llama “universalizar la sedación terminal”, un sistema como cualquier otro de exterminio de la tercera edad, que no se diferencia de las gaseadoras alemanas de Dachau o Auschwitz nada más que en la presentación y en que, la esvástica nazi, no preside la sala del hospital donde se practican estas “caritativas” pericias. Si se instituyó un “testamento vital”, donde cada persona que lo quiera puede dejar escrito el modo en el que desea que se le trate a la hora de la muerte, ¿a qué viene pretender profundizar en este tema?, ¿acaso de lo que se trata es de establecer un protocolo para que los médicos, sistemáticamente, actúen según unas instrucciones para ahorrar gastos en medicinas, sedantes y aparatos de mantenimiento de la vida, cuando ellos lo decidan? Todos sabemos en lo que se convierten las rutinas hospitalarias. Los médicos, los enfermeros y todo el personal de estos centros, se habitúan a vivir en ambientes donde el común denominador es el dolor y, por propio instinto, se acostumbran a él y a la muerte, hasta el punto de convertirlo en una rutina más de su trabajo. Aún con la mejor voluntad, puede ser que el hábito convierta cualquier función eutanásica en un mero `procedimiento ritual en el que, las decisiones del, llamémosle tribunal ético o médico o como se lo quiera llamar, acabe siendo sólo un mero trámite que requiera la firma de dos o tres facultativos, pero que, para el enfermo, pueda significar una irrecurrible condena a muerte.

Pero, si nos volvemos al otro partido, al PP de Rajoy, que nada tiene que ver con el antiguo PP, podemos darnos cuenta de como su actitud ante los proyectos del PSOE, su reacción ante las prioridades del señor Rodríguez Zapatero, respecto a los ataques contra la Iglesia Católica; sus intenciones de ampliar los plazos para poder abortar; su apoyo a la implantación de la eutanasia y sus propósitos de permitir la inmersión lingüística en las comunidades donde han decidido acabar con el español, para imponer sus propias lenguas vernáculas; es de una pasividad inconcebible rayana en abulia política. Si, para remate, y manifestado por el propio señor ZP, se habla de “transformar la sociedad para que los valores humanos prevalezcan sobre el dinero o el poder” – ¿De dónde nos suenan estas palabras? Las podría haber dicho, con el mismo énfasis, la Pasionaria o el mismo Negrín – En el siglo XXI, hablar de los valores humanos cuando lo que se fomenta, precisamente, es todo lo contrario resulta, verdaderamente, una hipocresía absurda; y ello nos lleva a pensar que, el PP, ha decidido no oponerse a ninguno de los proyectos estrellas del Ejecutivo, utilizando, como único frente de ataque la política del partido rival, el de la economía. Nadie podrá dudar de que las mentiras de ZP han contribuido, en gran parte, a la situación de crisis actual y es legítimo y conveniente que se le recuerde y se le acuse por su pasividad, mantenida durante meses, cuando ya era más que evidente que la economía española estaba tambaleándose. Pero lo que no tiene ningún sentido es que hayan limitado sus críticas a este único tema y, por el contrario, se hayan olvidado del resto de frentes en los cuales, sin duda, hubieran podido argumentar poderosas razones para evitar, dentro de lo posible, que los proyectos contrarios a los intereses del pueblo español, proyectados por de ZP y su partido, pudieran llegar a convertirse en realidades.

Ha tenido que ser el Tribunal Supremo, y no por su amor por la legalidad, sino impulsado por un sentimiento de postergación, el que haya tenido que acusar al propio TC de llevar una línea “errática” en sus resoluciones. El caso de los Albertos fue la piedra de toque en la que ha quedado perfectamente definida la línea de actuación, claramente politizada, que está presidiendo las actuaciones del Alto Tribunal. El TS le ha tenido que recordar al TC que la interpretación de las leyes es competencia del primero cosa de la que, al parecer, se ha olvidado aquel tribunal. ¿Qué ha dicho o hecho el PP ante esta nueva cacicada del TC, pues… nada en absoluto, como dice la Soraya, la pija del partido : “ Respetamos las sentencias” porque, según argumenta la niña de Rajoy, “ ella se ha educado de una forma democrática” tontería que, seguramente, no ha meditado cuando lo ha dicho porque uno se educa estudiando y, en todo caso, será dentro de una democracia o cualquier otro régimen. Pero ahora está de moda esto de poner a las mujeres en la cúpula de los partidos; lo ha hecho Rajoy, le ha imitado Zapatero y ahora se dice, se comenta y se afirma que el propio señor Mas está a la búsqueda de damas dentro de su partido para ponerlas en el “escaparate”. Lo cierto es que la partitocracia, que se distribuye el país, cada día se parece más a la Vogue y menos a unos partidos serios, preparados, eficientes y responsables con aquellos que los votaron. Y es que, para todos estos políticos que han hecho de los partidos su propio feudo, les sería aplicable la famosa frase de Mme. Pompadour cuando quería consolar a Luis XVI, triste por haber perdido la batalla de Rossbach: “¡Después de nosotros, el Diluvio”

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