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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Tarjetas de crédito y tarjetas de débito: el cambalache

Mario López (Madrid)
Mario López
sábado, 12 de julio de 2008, 11:28 h (CET)
Por prescripción facultativa, desde 1997 y a raíz de un viaje loco a California, vivo desposeído de tarjetas de crédito. Ni me duelen prendas en decirlo, ni me doy a la bebida para apagar la pena que pudiera causarme tamaña desapropiación. De hecho, con mi tarjeta de débito me arreglo tan ricamente, como la ratita del cuento que barre su casita tralaralarita. Hasta ayer. Ayer, por primera vez en mi vida, mi dinero no vale para algunos.

Cuando un forajido entraba en la cantina de Dodge –ciudad sin ley- a tomarse un güisqui y le decía el cantinero que en esa casa no valía su dinero, ya estaba montada la ensalada de hostias. Aquí no, porque el desaire se me hizo por Internet y, como es natural, no iba yo a dar un botellazo a mi ordenador, porque eso es de tontos, es como tirar piedras sobre mi propio tejado ¿No? Resulta que, como tantas otras veces he hecho, fui a pagar un billete de avión a Lanzarote –que, por cierto, me han dicho que no hay nada de césped y sólo se come pollo- a la agencia de viajes EDREAMS y, una vez introducidos los datos de mi tarjeta, me aparece un mensaje informándome de que mi tarjeta no es válida. Ahora sólo admiten tarjetas de crédito. Pero, bueno ¿No estamos en que con la tarjeta de débito se paga con el dinero que ya tienes en el banco y con la de crédito con el que tendrás dios mediante y si Solbes acaba de arreglar el desaguisado este en el que nos ha metido la oligarquía financiera mundial? Que fuera al revés se entiende. Si pagas con la tarjeta de débito y tienes pelas en el banco, pues ya está ¿Wath is the problem?, que diría yo si supiera inglés como Esperanza Aguirre. Pero la tarjeta de crédito, vete tú a saber. Lo mismo mañana te ponen bajo el puente y ¿quién se hace cargo de tu estipendio? ¿Qué clase de cambalaches se traen los bancos y las agencias para preferir las tarjetas de crédito a las de débito? ¿Por qué nos obligan a pagar con dinero dios mediante y nos prohíben pagar con el dinero que ya tenemos? No, no. No señor. No es El Solitario el que tiene que rendirnos cuentas de sus audacias, que ya nos las podemos imaginar perfectamente granujilla, sino el señor Botín y los comensales de este opíparo banquete que se están dando a costa de nosotros, que parecemos pollos de Lanzarote.

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