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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Mauthausen de los socialistas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 12 de julio de 2008, 11:10 h (CET)
A uno le ha dado grima escuchar al señor Zapatero en el 37ª Congreso Socialista. Sus palabras me han hecho retroceder a recuerdos de hace 72 años, hasta el mes de julio de 1936, para repasar las circunstancias que rodearon el famoso levantamiento del general Franco, aquel día 18. Escuchar los proyectos del líder socialista, observar las similitudes entre sus palabras y las que pronunciaban sus correligionarios de la revolución de Octubre de 1934, en Asturias y Barcelona, y sospesar las consecuencias de aquellos proyectos de “cambiar la sociedad”, en lo que fueron los meses posteriores a la implantación del gobierno del Frente Popular (donde el cambio propuesto se concreto en la eliminación del adversario, el asesinato de curas, detención y encarcelamiento de católicos y saqueo, desvalijamiento y asesinato, por cuenta de las masas enloquecidas); cuando, sin frenos legales ni justicia que los detuviese, las masas dieron cuenta de miles de ciudadanos cuya única falta consistía en ser considerados burgueses o católicos y en haber incitado la codicia y el afán de venganza de un populacho envalentonado por las arengas de sus líderes, sabiéndose dueño de la situación que le permitía actuar con plena impunidad.

De nuevo, nuestro Presidente, ha sacado a colación los sempiternos temas –que ya se han constituido en el argumento endémico de una izquierda que, a falta de otras ideas mejores que ofrecer a sus masas; carente de una esperanza que brindar a sus seguidores y consciente de que, el sembrar el odio y buscar la confrontación con sus adversarios políticos, siempre le sale rentable, y en especial cuando sobre el Gobierno están gravitando los efectos de su imprevisión económica y de su carencia de soluciones efectivas para la crisis en la que estamos inmersos – con los que pretende infundir en sus seguidores el empuje que les levante el ánimo y, el rencor que les ayude a dinamizar su odio hacia todo lo que les huela a religión, a derecha, a la moral y a la ética tradicionales; impulsándoles a aprovechar la ocasión que se les presenta, con la perspectiva de cuatro años de mandato y la circunstancia, a todas luces favorables, de tener al partido de la oposición pegado a la pared y bailando en Belén.

Pero es que uno se pone a temblar ante “el cambio de sociedad” que propone ZP. Es obvio, a la vista de la tranquilidad con la que ZP expone sus objetivos, que alguien pudiera pensar que nos encontrábamos ante un nuevo Jack el Destripador o un redivivo mister Petiot. En todo caso, no hay un solo atisbo de respeto por los sentimientos de la mitad, como mínimo, de la ciudadanía española, ni de compasión por los miles de fetos humanos que está dispuesto a sacrificar, para adular a estas mujeres desnaturalizadas que están dispuestas a sacrificar a la vida que llevan en su seno, por puro egoísmo. Ni, tampoco parece que tenga el más mínimo respeto por la religión que practica, a pesar del relativismo que se han encargado de propalar, una gran parte de los ciudadanos españoles; cuando, sin el menor disimulo, habla de imponer la laicidad al pueblo, utilizando para ello los mismos métodos de los que, en su día, se valió Azaña para atacar a la Iglesia, entre otros, prohibiendo todos los signos o iconos religiosos en todas las escuelas y edificios públicos. Claro que, todos aquellos que se saben rechazados por la Iglesia a causa de sus malos hábitos, costumbres y vicios, se alegran de que, ya que se sienten incapaces de renunciar a sus depravaciones; se machaque la religión como si, con ello, llevaran a cabo una especie de venganza que les consolara de saberse incapaces de comportarse de otra manera, enfangados como están en sus miserias.

Es desalentador que, de las tres propuestas de ZP, dos de ellas tengan relación con la muerte. La primera cuando se expresa alegremente sobre el aborto y la posibilidad de aumentar los supuestos legales que permitan su práctica y, la segunda, cuando vuelven a insistir en este peligroso y escurridizo tema que es la eutanasia. Sin duda, ambos son un medio eficaz para mantener controlada la demografía española. No nos vale este placebo intelectual de que lo que se pretende es facilitarle al enfermo grave un tránsito dulce al otro barrio.¡Narices, a otro con este hueso! Todos sabemos como se las gastan algunos médicos en estas cuestiones. Si no, pregúntenle al doctor Montes, que se ocupó “ con mala práctica médica”, según informe del Colegio de Médicos”, de enviar al otro barrio a todo quisque que caía en sus manos. Pero, lo que todavía resulta más aterrador, lo que es un crimen de lesa majestad y un genocidio encubierto bajo la hipócrita capa de la ley, es que fetos completamente formados, con grandes posibilidades de poder nacer y vivir la existencia, son vilmente asesinados por personas sin escrúpulos y, por si fuera poco, con las bendiciones de la Justicia. ¿Qué Justicia, nos podemos preguntar?, ¿la del médico que se forra el riñón practicando la matanza? O, ¿la de los fiscales que miran hacia otro lado?

En España hay cientos de miles de matrimonios que, por las circunstancias que sean, no pueden engendrar su propia prole y están ansiosos de poder adoptar niños. Tanto es así, que no han dudado en ir a buscarlos tanto en Nigeria como en cualquier otro país donde tengan posibilidades de conseguir su propósito. ¿Cómo se puede permitir que, existiendo la posibilidad de que un niño pueda ser feliz en una familia que desean cuidarlo, se permita a la madre natural a que, sea por comodidad, sea por no desear a aquel hijo o sea porque su pareja se opone a hacerse cargo de él; se deshaga de él utilizando para ello un método tan criminal? En evidente que, siendo el aborto un delito, hoy en día se usa y se abusa impunemente de los famosos tres supuestos para masacrar cada año más de cien mil fetos en nuestro país. ¿Ha calculado el señor Zapatero y su equipo, cuántos más se podrán sacrificar si se amplían los plazos o se liberaliza el aborto? No sé lo que pensarán todas estas feministas, ni lo que harán los socialistas que se llaman católicos para tranquilizar sus conciencias y, mucho menos, me puedo imaginar cómo dormirán todos los que de una manera u otra participan, sea por acción u omisión, en estos crímenes; pero de lo que estoy seguro es de que ésta no es mi España, ni los ciudadanos que permiten tamaña matanza mis amigos ni mis compatriotas. En definitiva, si lo miramos bien, no hay tanta diferencia entre los planteamientos nazis y estos que promueven los socialistas; en todo caso, simples cuestiones de matiz. En Mauthausen también se sacrificaban niños y, por ello, la Historia condenó al pueblo alemán. No nos va a tratar mejor a nosotros.

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