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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Tus letras matutinas me saben a rebanada de pan tostado, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 12 de julio de 2008, 11:10 h (CET)
Mi vida:

Como hago asidua o habitualmente, te doy las gracias por haber coronado y seguir llevando a buen término todo aquello que esté impelido o inspirado por el inconcuso propósito de complacerme. Sabes que una de las más gozosas expectativas para mí, tener unas letras tuyas que llevarme a los ojos por la mañana, me sabe a rebanada de pan tostado, ora untada con aceite de oliva, ora con miel de mil flores, Tina.

Yo también he sufrido varios episodios de angustia (por no tenerte, por no poder abrazarte, ni acariciarte, ni besarte con una pizca de arte), pésima compañera de viaje. Mejor, mucho mejor, sentirse leda/o al notar que una/o es amada por su amado y amador, amado por su amada y amadora.

Tú también eres poet(is)a, maestra (en el sutil y perito manejo del estro) y catedrática en varios campos u océanos del saber. Yo también he aprendido, aprendo y voy a aprender mucho a tu aleccionadora vera.

Pues, si ése es tu criterio al respecto, seguiré acariciándote “a tu manera” (que, devendrá, por contagio y hasta plagio, “a nuestro modo”).

Gracias a ti, Tina, por insuflar mil y una (aunque quizás me haya quedado corto y sean más) razones a mis textos.

Gracias a ti por tus caricias previas. Entiendo que si mis creaciones (o su anagrama, reacciones) poéticas son, para ti, mimos; tus palabras, escuchadas o leídas, son lo propio para este andóbal de Cornago. Considero que mis halagos son la respuesta a los tuyos, consecuencia o corolario de los tuyos.

Yo sí que soy un auténtico privilegiado, al notar que te importo de veras, que me amas sincera y sentidamente, como nunca me pasó antes, con ninguna otra mujer.

Te mereces todo lo que escriba en tu honor y predicamento.

Te amo mucho (tanto que a veces, lo reconozco, me da pánico, sí, un miedo atroz, cerval, porque tu ausencia/rechazo me dejaría desnudo y a la intemperie), pero cómo no hacerlo así, del modo descrito; cómo puede amarse de otra forma, me pregunto, sino hasta el límite del sentimiento. Sería un miserable y un mezquino, si no lo hiciera de la manera dicha arriba.

Te manda una selecta colección de abrazos, besos y caricias recién horneados/as y ordenados/as, tu

Félix Unamuno.

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