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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Partido Popular, hundido en Catalunya

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 11 de julio de 2008, 09:01 h (CET)
Hace unos días la muchachada de la gaviota se reunió en Valencia para pasar página de sus fracasos con el trámite del Congreso del partido, ya saben, ese sarao que cada equis años hacen los partidos políticos para que unos a otros se lanzan sin mesura ni medida los trastos a la cabeza o, en algunas ocasiones, para repartirse los puestos de mando de la organización durante los años venideros. En todos los partidos durante las etapas congresuales las cúpulas del poder suelen reunirse y repartir prebendas y canonjías a todos los que se han portado bien en la última temporada y es norma que “el que se mueve no sale en la foto”. Durante meses y antes de llegar al feudo de Rita Barberá y Francisco Camps eran muchas las quinielas que se aventuraban a dar diversos resultados, finalmente todo siguió igual, se hicieron algunos cambios maquillando los “caretos” de los dirigentes pero fue Mariano Rajoy el que se alzó con el jamón y la victoria, al fin y al cabo no tuvo contrincante, nadie, ni siquiera Esperanza Aguirre, se atrevió a amargar tan dulce momento a este gallego que lleva años montado en el coche oficial y cobrando su salario a cargo de los impuestos que pagamos todos y cada uno de los ciudadanos. No presenciamos un congreso a la “búlgara” con más de un 100 % favorable pero casi, Mariano no tuvo enemigo y, supongo, que la victoria le resultaría amarga como la hiel ante el futuro que se le avecinaba.

Pero no sólo es en la sede central donde se producen los problemas del Partido Popular, en otras sedes de “provincias” las gaviotas vagan sin rumbo en busca de un líder que las lleve al triunfo. No podemos olvidar que en el Partido Popular coexisten gentes de diversa ideología, desde que arrinconó las siglas de aquella vieja Alianza Popular de Fraga Iribarne y otros antiguos ministros franquistas bajo las alas de la carroñera gaviota se cobijan desde los liberales hasta la derecha más extrema, “todos juntos en unión defendiendo la bandera de la santa tradición” como dicen los versos del Oriamendi, uno de aquellos añejos himnos franquistas que algunos todavía añoran. A los primeros indicios de que Rajoy y su equipo andaban por el errabundo camino de traicionar las esencias patrias se les sublevó el ala norte y María San Gil dio un portazo sin tan siquiera decir adiós dejando el camino libre a las mesnadas “marianistas”. Otro tanto esperaban desde los despachos de la calle Génova que pasara en Catalunya y que las revueltas aguas no se salieran de madre, pero al final les salió la criada respondona y Mariano Rajoy tuvo que actuar “manu militari”.

La verdad es que el Partido Popular en Catalunya no consigue levantar cabeza, como vulgarmente se dice. Su puesto en el abanico electoral lo ocupa la derecha nacionalista, al fin y al cabo menos derecha y temida que los “populares”, y desde el advenimiento de la democracia andan buscando el líder que les lleve a obtener en Catalunya unos resultados electorales parecidos a los que tienen en el resto de España, no olvidemos que, hoy por hoy, los populares en Catalunya apenas superan el 15 % de los votos cuando la media en España supera el 40 %. Pero ese líder nunca llega y cuando parecen encontrarlo, como en el caso de Piqué, ellos mismos se encargan de defenestrarlo.

En esta ocasión se presumía que hasta tres podrían ser las candidaturas optantes a dirigir a los “populares” catalanes. Los nombre de Alberto Fernández Díaz, Daniel Sirera y Montserrat Nebrera estaban en todas las quinielas posibles y se presumía una lucha dura pero democrática hasta que desde los despachos centrales y centralistas de la calle Génova se dio la orden de que la candidata a dirigir el PP catalán era la senadora Alicia Sánchez-Camacho, dirigente del PP de Girona, única provincia de toda la circunscripción electoral que no consiguió representante alguno al Congreso del Parlamento español, Mariano Rajoy premiaba así la incompetencia más absoluta al tiempo que se agenciaba una firme aliada para dirigir el partido uncida a las riendas de Madrid. Dos de los contendientes se retiraron ante las órdenes llegadas de Madrid pero han visto premiada su marcha atrás, Daniel Sirera tendrá una silla en una de las vocalías del Comité Ejecutivo del partido y Alberto Fernández Díaz seguirá moviendo en la sombra los hilos del partido como viene haciendo desde hace años.

Pero en esta ocasión una parte de las bases se revelaron y hasta se atrevieron a gritar a Ana Mato la Vicesecretaría de Organización llegada desde Madrid para apaciguar las movidas aguas de la derecha española en Catalunya. Y no se limitaron tan sólo a expresar mediante el grito y la algarabía su descontento con la decisión madrileña sino que también osaron desafiar las órdenes de Rajoy y su equipo dirigente votando a Montserrat Nebrera, la candidata opositora que obtuvo un 43 % de los votos. A la vista de estos resultados no es difícil predecir que el Partido Popular en Catalunya está más tocado y hundido que nunca y más que lo estará si sus dirigentes desde la sede central, y centralista, siguen empeñados en firmar manifiestos contra todos aquellos que hablamos una lengua diferente al español. El exacerbado nacionalismo español del Partido Popular hace difícil que pueda tener un líder creíble en Catalunya y hace todavía más difícil e imposible que algún día puedan ocupar un puesto creíble en la derecha de este país.

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