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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

El engaño de la autoestima

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 10 de julio de 2008, 09:13 h (CET)
Una mujer de 43 años de Medina del Campo fue brutalmente golpeada frente a su casa por un grupo de unos veinte menores que grabaron en varios móviles el drama. En Toronto, Stefanie, de 14 años murió apuñalada. Según se dice, porque su amiga Victoria le dijo a su compañero que deseaba verla muerta. Estos hechos y muchos más a los que los medios nos tienen acostumbrados son la prueba de que lo que se inocula con la filosofía educativa centrada en la autoestima de los niños, da sus frutos. Victoria, la amiga del asesino dijo a la prensa que no entendía como se “puede triturar a alguien que siente tanta alegría. ¿Por qué alguien desearía apagar esa luz?

La pandilla de gamberros que apabullaron a la mujer, Victoria que incitó a su compañero a asesinar a su amiga Stefanie y todos los adolescentes que ocupan espacios destacados en los medios por sus fechorías, pagan el precio de que durante mucho tiempo sus padres les han dicho que para ellos son muy especiales, sin que previamente hayan dado pruebas de lo valiosos que son. Los padres y otros adultos que han criado a una estirpe de adolescentes violentos han tenido o tienen miedo de llamarles la atención cuando hacen algo incorrecto porque creen erróneamente que puede dañarles su autoestima.

Durante el proceso educativo han renunciado a su deber de enseñarles lo que está bien y lo que no lo está. Equivocadamente piensan que para forjar su personalidad es preciso darles la libertad de hacer lo que quieran.

La filosofía educativa que permite a los alumnos pasar curso sin haber estudiado, quita a los alumnos el concepto que se han de esforzar para conseguir reconocimiento. Esta filosofía otorga premio a todos, negando a los jóvenes la sana idea que para recibir un premio uno tiene que esforzarse para merecerlo. Tener miedo de herir el ego infantil tiene malas consecuencias.

Nahomí Lakritz se dio cuenta de la falacia de la educación centrada en el niño cuando el maestro de su hijo le dijo que no se le podía enseñar gramática porque “creo que es doloroso para un niño decirle que escribe mal alguna cosa”. Esta madre dice que eso sucedió antes que” los maestros decidieran deshacerse de los rotuladores rojos y substituirlos por otros no tanto estridentes, porque señalar las faltas con color rojo hacía resaltar de una manera muy llamativa el error”.

Cuando durante la infancia se nos dice constantemente que somos muy importantes, aún cuando no existan hechos que avalen dicho encumbramiento, desarrollamos un sentido de derecho que dice: Ya que soy tan especial puedo hacer lo que me dé la gana. No debe preocuparme si no apruebo la gramática o las matemáticas.

Siempre que ocurre algo tan escabrosos como lo sucedido en Medina del Campo, y ocurre más a menudo de lo que desearíamos, nos preguntamos cuáles son las causas. Decimos que la violencia en la televisión, en los videojuegos, los padre divorciados y vueltos a casar son responsables del incivismo juvenil. Esta acusación no es del todo cierta. Si un preadolescente recibe una buena formación moral aprende que las acciones tienen sus consecuencias. Que se tiene la responsabilidad de valorar a los otros como se valora a sí mismo. Se aprende que las alabanzas se ganan si hay esfuerzo. Entonces es cuando un programa de televisión, el videojuego o cualquier otra cosa que incite a la violencia, no le afecta.

En cambio, si durante la infancia y adolescencia no se recibe más que alabanzas por el mero hecho de respirar pensará que se tienen derechos sin obligaciones. Movido por el exagerado impulso de creerse maravilloso no será consciente de las consecuencias con las que tendrá que enfrentarse por lo que hace. Asesinar a un compañero porque no le gusta su físico. Apalear a una mujer por el mero placer de filmar su sufrimiento. Intimidar a un compañero de clase hasta inducirle al suicidio. ¿Por qué no si ello hace sentirme bien?

El daño que se hace en nombre de la autoestima es enorme. Ver sus consecuencias en los medios debería hacernos reflexionar en la enseñanza bíblica de corregir los errores de los hijos porque ello les es vida. Muchos de los adolescentes que se encuentran internados en centros de menores, en muchos caos, antesala de la cárcel, no estarían si sus padres desde un buen principio les hubiesen reprendido . Un reproche a tiempo es una señal que se ama.

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