Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El Congreso del PSOE

Roberto Esteban Duque
Redacción
viernes, 11 de julio de 2008, 09:29 h (CET)
He leído, como quien de un placer ciego disfruta, el discurso íntegro de Zapatero en el 37 Congreso del PSOE. No albergo ninguna duda: el presidente del Gobierno, ya lo dijo Su Majestad el Rey de España, es un hombre de convicciones y sabe, como también afirmara Don Juan Carlos, hacia dónde va y por qué hace las cosas. Y tan indubitables y arraigadas son sus convicciones que, lejos de ser sospechosas, se contemplan a sí mismas acendradas y heroicas: “no nos van a detener”, “no daremos un paso atrás”, es pecado mortal “entregarse, apartarse del camino y decir no puedo más y aquí me quedo”, como poetiza José Agustín Goytisolo en Palabras para Julia.

Zapatero quiere hacer tabla rasa, diseñar una España ex nihilo, una nación sin dimensión trascendente en la vida del hombre, sin valores religiosos ni virtudes, donde la modernidad sólo sea un arma arrojadiza de toda tradición nacional y de cualquier valor recibido. Cree que todo está en función de las mayorías, sin admitir otra ética que la que él mismo impone por ley. Montesquieu bataneaba graciosamente la ley de las mayorías. ¿Se adopta la decisión de ocho individuos en contra de la de dos? ¡Grave error! Entre ocho caben verosímilmente más necios que entre dos. ¿No me digan que no es fascinante el aire que nos invitan a respirar, sin más principios que los que crean discrecionalmente desde una cualificada y excelente mayoría?

Afirma el presidente en su discurso que “gobernar un país exige estar a la altura de ese país”, a la altura de los tiempos. Es decir, Zapatero piensa que estamos en tiempos satisfechos, donde por fin se colman aspiraciones y deseos pretéritos. ¡Qué inquietante ser tan moderno, tan último y definitivo! ¡Qué arrogante imaginar siquiera que es propio de la plenitud de los tiempos adoptar una actitud beligerante contra una notable porción de España, imponer la voluntad áspera de deseos ateos, republicanos y feministas, ampliar el aborto, identificarse con proyectos laicistas, quitar supuestos privilegios a la Iglesia católica, otorgar y retirar derechos invocando su reconocimiento legal!

En el PSOE existen dos tendencias sobre la laicidad: una es partidaria de un laicismo de neutralización del hecho religioso, y está liderada por Cuesta y Zerolo, la otra defiende un laicismo inclusivo, y es liderada por Ramón Jáuregui. Se ha querido que fuese éste último el que ofreciese una imagen determinada del partido en el congreso del PSOE, pero absolutamente falsificada, un auténtico camouflage, porque el socialismo español practica un claro laicismo beligerante. En todo caso, según Jáuregui, se mantendrán los funerales de Estado por una cuestión meramente estética, privados como están de la emoción y del sentido religioso: “no hay liturgia alternativa, solemne, como la que tiene la Iglesia para la despedida de un ser querido”. Asimismo, no se tocarán los Acuerdos con la Santa Sede, de modo que deberán esperar un poco más Zerolo y Peces-Barba a que se consolide su laicismo para retirarme el privilegio que los contribuyentes católicos me conceden mensualmente.

Es grave que el congreso del PSOE se haya limitado a esquivar la crisis económica, a escapar de ella hasta cuando vengan tiempos mejores. Pero lo es todavía más el “cambio ideológico” pretendido por un socialismo cada vez más radicalizado, mediocre y decadente. ¿Por qué pienso que el partido socialista es un partido, como el mismo Gobierno de España, mediocre y decadente? Exactamente por lo mismo en que ellos cifran su arrogancia: la falsa creencia de que ampliar derechos y libertades desde el reconocimiento legal hace de España una nación moderna y progresista. Sin mandamientos que nos obliguen a vivir de un cierto modo, queda nuestra vida en pura disponibilidad. No puede convertirse en moderno ni en sana normalidad lo que en su esencia es criminoso y anormal, como es el aborto. No es cabal ni responsable quien se compromete a gobernar y no protege al mismo tiempo la vida más débil y más indefensa.

No podemos ser imperados por quienes nuestra conciencia rechaza, ante la más absoluta ausencia de ejemplaridad. Lo contrario sería encanallarse. Si el papel que la historia ha otorgado a Zapatero y su gobierno, si su verdadero señorío consiste en legalizar y exculpar el aborto - aprovechando que en España se ha volatilizado el sistema tradicional de vigencias colectivas -, estaríamos ante la constatación no sólo de la abdicación del Estado y el relativismo jurídico del Gobierno, sino ante la degeneración y corrupción de la misma vida moral en que finalmente deviene la nación española en la plenitud de los tiempos que el presidente del Gobierno cree haber inaugurado.

Noticias relacionadas

Abandonados y denostados aquellos que se sacrificaron por la democracia

La muerte no es la mayor pérdida en la vida. La mayor pérdida es lo que muere dentro de nosotros mientras vivimos.” Norman Cousins

Jacinda Ardern le demuestra a Trump qué es el liderazgo

El presidente Trump llamó a la primera ministra de Nueva Zelanda para expresarle sus condolencias

El Día del Padre Gitano

La familia es la piedra angular de nuestra existencia

Mucho después del ultimátum

Caminando sobre el alambre más largo de la historia

Donde se habla de un poeta, dispuesto cambiar el mundo

“El camino del Infierno está empedrado de buenas intenciones” Refrán español.
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris