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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las brumas del PP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 9 de julio de 2008, 02:17 h (CET)
El disgusto de las bases del PP ha quedado de manifiesto en los congresos de Catalunya y Baleares donde las candidaturas “oficiales”, que han gozado de todo el apoyo de la cúpula del partido y de el soporte mediático de los medios afines, han salido a trancas y barrancas. Por supuesto que, en definitiva, se han impuesto, como era de esperar, los candidatos apoyados por el señor Rajoy pero, contrariamente a la bonanza de la que se ha hecho gala en el congreso del PSOE, donde han tenido la habilidad de saber escenificar un apoyo “unánime” el señor Rodríguez Zapatero que, como sucedía en las votaciones de los países de la égida comunista y, recientemente, en Zimbabwe (con la bochornosa reelección del dictador Robert Mugabe), ha obtenido una “aplastante victoria” que no por esperada resulta menos convincente y, por supuesto, fruto de una estrategia encaminada a intentar que los ciudadanos no se centren en la economía y se diviertan viendo como, ZP, se baña en la leche de burra que, previamente, le han ordeñado sus fans para intentar que, con ella, desaparezcan de su cuerpo las lacras de sus errores cometidos en la legislatura pasada.

En cualquier caso, y volviendo a la situación del PP, si es que queremos atenernos a la contestación que, tanto en el congreso de Catalunya como en el de Baleares, se ha podido constatar entre una gran parte de los asistentes, no se puede decir que las cosas anden finas en el partido. Ha quedado demostrado que, una parte significativa de las bases ­– y digo significativa debido a que muchos militantes ya han decidido, de antemano, desentenderse de esta nueva formación que se ha inventado Rajoy, al no sentirse representados en ella –, no se muestra dispuesta a dejarse dirigir desde Madrid ni a aceptar que, desde la Dirección del PP, se le impongan a dedo los candidatos que más agraden al señor Rajoy, sin tener en cuenta las preferencias de quienes deberían decidir los que consideran más idóneos para ocupar los cargos regionales del PP. Es obvio que, en el partido se ha impuesto la línea que pudiera llamarse “pragmática”, para buscar la estrategia que les permita asegurarse los puestos clave y amarrar, de esta forma, a las bases para, en una posterior evolución hacia el centro, poder llevar a cabo políticas que, según ya se ha anunciado, tenderán a buscar acercamientos a los nacionalistas, a dejar más libre al gobierno de ZP y a transigir con cuestiones escabrosas y que, ellos, han decidido que no les impidan alcanzar el poder; como pudieran ser los temas de la homosexualidad, con los matrimonios entre ellos incluidos; el tema del aborto, que tan incómodo les resulta o el del castellano, la bandera o la unidad de España que, por cierto, han aprovechado los del PSOE, para volver a cargar contra el PP.

Lo curioso es que, en Baleares, mi tierra, es quizá uno de los lugares donde más claro ha quedado que, la tendencia hacia el catalanismo y la desprotección de la lengua, castellana ha sido más evidente. Resulta descorazonador que una persona tan válida y con unos valores tan sanos como es el señor alcalde de Calviá, don Carlos Delgado, haya sido derrotada por la señora Rosa Estarás, una de estas “becarias” fruto de de la Ley de Igualdad de Género; a pesar de que ésta haya demostrado su incapacidad para llevar al PP a la victoria en las pasadas elecciones. Es incomprensible que se le vuelva a otorgar la confianza del señor Rajoy, para que siga al frente del partido balear. Mal se presenta la situación para un partido que, durante años, ha sido el feudo indiscutible de los populares. Sin embargo, a mi se me ocurre que, si hiciéramos un ejercicio sobre las posibilidades de futuro del PP en unas próximas elecciones generales y nos atuviéramos a la oposición que han recibido las tesis oficiales, tanto en Barcelona como en Baleares ( no olvidemos que ambas son feudos del separatismo), y la extrapoláramos a nivel nacional, es muy posible que los resultados que obtuviéramos no les gustaran mucho al los señores del PP madrileño. De hecho, no creo que en Génova hayan salido muy satisfechos de ambos resultados; porque si, en Baleares, Delgado sacó un 33% de los votos y en Catalunya, aparte del abucheo que recibió Ana Mato por sus triquiñuelas para apoyar a la Sánchez Camacho ( que sólo logró un escuálido 56%) la otra candidata sacó un 43% podemos colegir que, entre los que continúan en el partido, puede estimarse que en torno a un 35%. no están de acuerdo con el proyecto Rajoy y los otros, aún sin estar convencidos, piensan que no tienen otro clavo ardiente al que agarrarse. Mucho tendrá que cambiar la nueva directiva popular para que, siguiendo esta línea de traición a los valores y principios que siempre había defendido el PP, pueda conseguir arañar votos de “centristas” que le compensen de los que va a perder. Es evidente que, tal y como están los ánimos, es posible que de los diez millones trescientos mil votantes que tuvo el PP, en la actualidad, puede que sólo consiguiera reunir seis y medio. Bagaje pobre para intentar derrocar al PSOE.

Lo peor de todo ello es que, aparte de dejar las manos libres a un envalentonado ZP, para que pueda continuar su labor destructiva en España, un PP que prescinda de las derechas, se fíe de sus oráculos transigentes; se ponga en manos los grande empresarios y quiera coquetear con la prensa adicta al partido del Gobierno, para intentar buscar una próxima victoria electoral, está vendido al adversario y condenado al fracaso. Siempre he sostenido que la gran derecha, la que abarca más cantidad de votantes y la que acapara el noventa por ciento de los valores morales, éticos, patrióticos y religiosos de nuestra nación, está concentrada en la clase media, entre la pequeña burguesía, los profesionales, empleados, los científicos y los católicos. Sin su colaboración es imposible que Rajoy consiga otra cosa que lo que esperan sus propios enemigos dentro del PP, y es que fracase estrepitosamente para poder pugnar por ocupar su puesto. Es una mala noticia para todos aquellos que, de buena fe, creímos que este partido era el que defendería a los ciudadanos que creían en una España fuerte, ética, unida, solidaria, moralmente solvente, libre, defendida por una Constitución y unida por un idioma común. Y, por supuesto una mala noticia para España.

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