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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

"Dos colgaos muy fumaos. Fuga de Guantánamo": InterRail a la americana

Andrea Velasco
Redacción
viernes, 9 de enero de 2009, 05:26 h (CET)
Siempre me ha asombrado la facilidad que tienen los americanos para poner terminologías a todo y, por supuesto, con películas como esta que tengo entre manos, no podía ser menos. Nosotros, que pecamos de simples, las llamamos películas de adolescentes y cosas similares, pero me hace más gracia lo de stone movie o “película fumada” en su traducción literal. Si se denomina así porque todos los personajes están colocados o porque los espectadores deben de estarlo para verla, ya no lo tengo tan claro.

Se apagan las luces y espero ver una película vacía de todo y que no me dignaría a ver ni en la televisión gratis, pero, supongo que esto es un punto a su favor, al esperar tan poco, de repente escuché un par de carcajadas que salían de mi y que rápidamente ahogué por vergüenza. Reconozcámoslo, este tipo de películas no las ve nadie ¿verdad? o sólo con los colegas en plan de risas... ya,ya. La primera parte, “Dos colgaos muy fumaos” tuvo un gran éxito de taquilla y supongo que la segunda no será menos; eso quiere decir que mentimos más que hablamos. Pero, como iba diciendo, esperar poco de una película, hace que al final hasta pases un rato entretenido, observando la de gente límite que puede aparecer en una sola película. Es asombroso.

“Dos colgaos muy fumaos” es un cúmulo de estereotipos sobre Norteamérica, los sureños y su endogamia, el ku klus klan, los judíos, el terrorismo, el racismo etc. Hay una escena que es terrible, por lo que implica más que por cómo está narrada, que refleja lo que muchos sentimos últimamente cuando subimos a un medio de transporte y, en realidad, la mayoría no querríamos sentir. Ese momento en el que ves a alguien con aspecto de árabe y te viene la palabra terrorista a la cabeza. Nos han hecho un lavado de cerebro con tanta política del terror. Este momento, de hecho, es el desencadenante de las disparatadas aventuras del americano-hindú Kumar y el chino-americano Harold, que, confundidos con terroristas, son enviados a Guantánamo y ahí empieza el increíble y absurdo viaje en busca de su libertad, que no conseguirán más que a través de Bush.

Quizás el momento más cómico o espeluznante, según se mire, es una especie de homenaje a Los Goonies, gran película de mi infancia, que jamás volveré a ver porque destruiría el mito. También es curiosa y bastante desconcertante la participación de Neil Patrick Harris, el actor de la serie “Un médico precoz”, que se emitió entre finales de los 80 y principios de los 90, que es convertido en todo lo que no era en su mítica serie. Un adicto a las grandes tetas, las setas alucinógenas y los unicornios. Lo que no entiendo es la búsqueda constante de la gracia hasta caer en la mayor estupidez, ¿De verdad hace reír el que cada vez que golpeen a alguien se tire un pedo? Los seres humanos somos animales poco exigentes ciertamente.

El argumente no tiene ningún sentido desde el principio, pero quién soy yo para esperar coherencia en una historia de este tipo, realmente en qué estoy pensando. Lo que da miedo es plantearse lo que algunas escenas realmente ridículas y absurdas tienen de realidad. La gente inocente que acaba en Guantánamo por estupideces y sin un juicio justo... lo sé, que esta película me lleve a pensar en cosas más profundas me tiene sorprendida. O la escena con el Presidente, donde lo pasan fenomenal fumando marihuana y criticando las presiones paternas, porque, en el fondo, George Bush es el mejor ejemplo de eterno adolescente que no sabe lo que hace y está presionado y “marimandoneado” por su padre.

Y, de repente, el final. Amsterdam, el paraíso de las drogas legales, que se convierte en el lugar más tranquilo de la película, con un curioso cambio de fotografía. De la típica de estas películas, al estilo American Pie, a una fotografía más contrastada que da el “toque europeo”.

¿Quién diría que Harold y Kumar darían para tanto? Si quieres soltar un par de carcajadas y después alucinar porque alguien haya dado 12 millones de dólares para hacer esto, no te la puedes perder.

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