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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Hechos diferenciales de Ceuta y Melilla

Josep Esteve Rico
Redacción
lunes, 7 de julio de 2008, 01:33 h (CET)
Aunque hace días o semanas que tal noticia trascendió a los medios de comunicación, lo cierto es que aún hoy, somos muchos los que nos preguntamos a cuales "hechos diferenciales" se refirieron los gobiernos autónomos ceutí y melillense cuando declararon recientemente que los exigirán al Estado para que los reconozca en la nueva financiación autonómica.

Así, a grosso modo y sin matizar, todo sea porque los gobiernos ceutí y melillense pidan cosas presumiblemente beneficiosas para sus ciudades. Bien está. Ahora, cabría enumerar los tipos de hechos diferenciales -peculiaridades, singularidades- que caracterizan a Ceuta y Melilla y que las hacen diferentes a las demás autonomías del Estado Español. Quizá, los hechos diferenciales ceutíes y melillenses sean más bien de índole económica, de naturaleza tributaria-fiscal e incluso de temática geográfica, prioritariamente hablando. No discuto que tal vez existan hechos diferenciales sociales, étnicos, religiosos, culturales e idiomáticos. Seguramente los hay y bastante marcados, pero dudo un tanto de lo apropiado, de lo conveniente de ser solicitados a Madrid, incluidos en la nueva financiación autónomica y concedidos a Ceuta y Melilla.

Si hablamos de aranceles, de tributos, de la idiosincrasia como puertos francos; estos aspectos junto a un trato personalizado y benevolente hacia ambas ciudades españolas norteafricanas -rebajas fiscales, abaratamiento de billete de barco, ayudas, subvenciones, potenciación del comercio, etcétera- son lógicamente imprescindibles como reivindicaciones a incluirse en el marco de la nueva financiación autónomica.

Por el contrario, si como hechos diferenciales nos referimos a la cultura, la religión, las razas y la lengua o las lenguas; pues la cosa es algo más compleja y tiene sus inconvenientes. Ceuta y Melilla no son como Euskadi o Catalunya -ejemplos de los que algunos reaccionarios llaman "balcanización"- ni se parecen a estos territorios. Quiero creer que los gobiernos de Vivas e Imbroda no harán caballo de batalla de las culturas, de las étnias, de las religiones y de las lenguas; en Ceuta y Melilla. Por ello, estoy casi seguro que sus gobiernos autónomos no se refirieron a estos hechos diferenciales -lengua, cultura, religión, raza- sino a los otros, los económicos, principalmente.

A la hora de reclamar reivindicando, vitales necesidades para Ceuta y Melilla, no pueden sus autoridades, caer en el error de incluir junto a las medidas económicas, por ejemplo, la obligatoriedad y cooficialidad en la enseñanza pública del árabe estándar por ahora entre las poblaciones musulmanas ceutí y melillense aunque sea hablado masivamente por este colectivo mediante formas dialectales como el chelja y el tamazight.

Estas variantes del árabe no son hablas autóctonas ni propias de Ceuta ni de Melilla sino importadas por inmigración. No son como los casos del catalán o del gallego, que sí que son idiomas nacidos en sus respectivos territorios. La enseñanza del árabe estándar e incluso la de estas modalidades, puede ser optativa -a elegir libremente, sin obligación- entre los estudiantes musulmanes ceutíes y melillenses, o como mucho y entre este colectivo, lectiva de unas horas semanales como una segunda lengua tras el obligado inglés pero nunca como primer idioma vehicular del sistema educativo.

Muy diferente sería que el árabe estándar (e incluso sus modalidades) fuera obligado y cooficial (como lo son el catalán y el gallego junto al castellano o español) para todos los ciudadanos de Ceuta y Melilla (todos significa, todos, sin distinción de étnias y religiones, o globalmente con todas ellas incluidas: cristianos, musulmanes, judíos, hindúes...) no solo en la enseñanza sino en la Administración y en los medios de comunicación, en literatura, etcétera. Ésta fórmula no es factible por mucho que crezca la población musulmana y algún día en el futuro pudiera ser la mayoritaria en ambas ciudades.

Y por esa regla de tres, los hindúes y los judíos, también tendrían derecho a recibir clases de de sus lenguas maternas o a utilizar éstas en la Administración o en cualquier medio impreso; con lo que el asunto se desbordaría convirtiéndose en un galimatías lingüístico, en una torre de babel y en todo un problema socio-político-cultural que rompería la paz y la convivencia interracial en Ceuta y Melilla. Y hay que evitar conflictos.

Hechos diferenciales, sí, por supuesto, pero aquellos cuya aceptación por el Estado reporte beneficios y prosperidad para Ceuta y Melilla y no causen polémicas sociales. Está claro que se trata prioritariamente, de hechos diferenciales económicos. Y de economía precisamente, de buena economía, están muy necesitadas las ciudades "caballa" y melillense.

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