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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Revuelta en el Congreso

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 7 de julio de 2008, 01:28 h (CET)
Cuando las autoridades correspondientes llevan largo tiempo intentado hacernos tomar conciencia de la necesidad de ahorrar energía sin que, la verdad, hagamos demasiado caso una sencilla tira de tela que los hombres, alguna que otra vez, llevamos anudada al cuello ha hecho que casi todos estemos pendientes de la temperatura que debe reinar en los centros oficiales. La verdad es que con los primeros calores del verano en algunos centros y oficinas, tanto institucionales como comerciales, al encargado del aire acondicionado se le va la mano y muchas veces tenemos la sensación de estar en el polo norte en lugar de en cualquier ciudad de la Europa meridional.

El otro día Miguel Sebastián, Ministro de Industria, en plenas dependencias del Congreso acudió al salón de sesiones sin el complemento de la corbata sobre su pulcra camisa. Nunca lo hubiera hecho, de inmediato se desataron los viejos fantasmas de ese peculiar miembro del socialismo hispano que es José Bono a quien toda la vieja caspa de sus anticuadas ideas se le vino encima al grito de “Dios mío, una señoría descorbatada” y antes de que cundiera el ejemplo y el resto de padres de la patria abandonaran la textil soga al cuello y aquello en lugar del Parlamento de España deviniera en una lúgubre reunión de los tan denostados soviets de la desaparecida Rusia envió presto al Ujier Mayor de las Cortes con una corbata para el también socialista Sebastián quien, haciendo caso omiso, la guardó en su bolsillo dando las gracias a Pepe Bono por su regalo y aduciendo que ya la pondría en uso el próximo otoño cuando llegara el frío.

No vayan a pensar que esta guerra corbatera es una cosa nueva y de ahora porque ya viene de tiempo. Cuando yo era niño el día en que tocaba en el colegio hacerse la foto del curso con el resto de compañeros las madres nos acicalaban, repeinaban con esmero y mucho fijador en el pelo y nos endosaban una corbata que generalmente llevaba el nudo hecho y que ceñían a nuestro cuello mediante una goma, a nadie se le hubiera ocurrido acudir a hacerse la foto con el cuello al aire. Después, ya en la Universidad tuve un catedrático- Consejero Nacional del Movimiento por cierto- que no me dejó entrar a un examen por no llevar corbata, y cuando un tiempo después acudí a fotografiarme para la orla de fin de carrera el fotógrafo al tiempo que nos proveía de la correspondiente negra toga también nos dejaba la preceptiva corbata, naturalmente negra. Nunca supe si el llevar al cuello anudado un trozo de tela era por respeto hacia los demás o, más bien, un signo de distinción con los demás o sencillamente un toque de coquetería masculina. La verdad es que cuando me ha apetecido me he puesto corbata, cuando no un pañuelo al cuello o, simplemente, la camisa con un par de botones desabrochados.

Cuando en Marzo de 2004 los socialistas volvieron de nuevo a La Moncloa algún cronista de la derechona de siempre escribió en la prensa que la corbata iba a ser desterrada del Parlamento. Y no pasó nada, lo mismo que con la ruptura de España. Y es que aquello de uniformar a las gentes siempre ha sido una obsesión de las gentes de derechas y también de algunos dictadores escorados a la izquierda. En Catalunya esta sencilla discusión sobre el uso de la corbata tuvo su apogeo en tiempos del President Tarradellas, aquel hombre de bien que trajo Suarez desde Francia para calmar los ánimos independentistas catalanes, el presidente del “Catalans, ja soc aquí” peleó a brazo partido con el “psuquero” Antoni Gutiérrez sin conseguir que éste luciera corbata alguna, después el Conseller Bargalló soliviantó al muy honorable gremio de la Asociación de Fabricantes de Corbatas por no utilizarla nunca y ser un mal ejemplo para su negocio, pero por estas tierras ahora reina la paz entre los sin y los con corbata y es habitual ver a algún que otro conseller del tripartito que acude a las reuniones sin la soga al cuello.

Entiendo que a José Bono, socialista anómalo, le pirren las corbatas, siempre han sido tenidas por signo de distinción y clase, pero no hay que olvidar que nacieron en Croacia como una prenda militar y todos sabemos del amor que el antiguo Ministro de Defensa siente por uniformes y banderas- por los suyos, naturalmente- . El otro día el Presidente del Congreso llevó a una de sus hijas al altar para contraer matrimonio con un bisnieto del Conde de Romanones, todo un acontecimiento social digno de ser portada de la revista HOLA, la Biblia del buen gusto hispano. Imagino que echaría mano de su autoridad para evitar que algunos invitados llevaran a cabo esa costumbre tan en boga en otros enlaces más plebeyos de cortarle la corbata al novio y subastar sus trozos o bien tendría a mano algún ujier que si algo tan burdo sucedía le hiciera llegar al novio una nueva corbata, eso sí firmada Hermés, como Dios manda.

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