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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Estoy bien y no contrariado ni enojado contigo, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 5 de julio de 2008, 22:44 h (CET)
Mi vida:

Puedes y debes estar tranquila, porque estoy bien y no contrariado ni enojado contigo, Tina; ni por tu causa ni por la de otra u otro. Quiero que estés contenta, como lo está el menda lerenda (de amarte proba, completamente, sin rendijas ni resquicios).

He recibido hace un rato tu SMS. No me ha molestado “recepcionarlo” (porque, cuando estoy en la biblioteca, acostumbro a tener el celular sólo con vibrador, en silencio). Tampoco me desazonas cuando me llamas al móvil. Tienes la venia para llevar a cabo ambas acciones cuantas ocasiones se presenten u oportunidades te peten, nazcan o apetezcan. La verdad es que, cada vez que realizas lo propio, me alegras el momento del día en el que me hallo. Lo que sí me fastidia es que las circunstancias se sumen unas a otras hasta lograr impedir que hagas lo que en ese instante, en concreto, ansías, deseas.

Como te he comentado cuando me has llamado por teléfono, a veces, cuando nos sacan de nuestro ámbito y discurso asiduos, habituales, de nuestra jerga (que no juerga), linderos o parámetros normales, ordinarios, nos cuesta mucho, Dios y ayuda, subir la ídem, o sea, elaborar una tesis con cierto aparato, con determinada enjundia.

Alguna vez me ocupé (y preocupé) de lo que pudo haber sido y no fue. Actualmente, considero que no merece la pena invertir (porque dicho verbo deviene o se metamorfosea en perder) un solo segundo en ello.

Te agradezco los entresijos de la noticia (que lleva camino, si mi pesquis –de cuando en vez, una alhaja; de vez en cuando, un comino- no me falla ni se raja, de convertirse en cuento más que en historia).

Siempre me encuentro junto a ti, cariño; en los momentos en los que estoy más contento y en los que corre parejo a uno o fluye al lado el malestar; en los “cronotopos” óptimos y en los pésimos (aunque, siguiendo la moda del eufemismo –rampante, que padecemos- iba a trenzar “menos buenos”, he preferido llamar a las cosas por su nombre: crisis a la crisis, al pan pan y vino al vino). Me parece propio de un caradura hipócrita e insensible estar sólo a las maduras y no a las duras. Haces bien en contarme lo que estimes oportuno, conveniente. No tienes que disculparte por ello. Para mí, amén de un honor, es una muestra evidente de Amor auténtico (así lo tomo) que me narres lo que te pasa a diario. Si a ti te surge la necesidad de comentarme, a mí me urge la de escucharte (o, en su defecto, la de leerte).

Como puedes colegir, lamento que el día haya sido para borrar u olvidar y que algunos de tus más allegados se hayan comportado displicente, indebida y aun torticeramente. Según mi teoría, se perdona mientras se ama. Así que, en tanto madre que eres de tus renuevos o retoños (ya creciditos), carne de tu carne, no obstante los critiques con razones contundentes, de peso, los salvarás de la quema mientras vivas. Ciertamente, no encuentro objeción a la proporcionalidad o relación equilibrada, equitativa, que manifiestas: hijos chicos, problemas chicos; hijos grandes, problemas grandes. Acaso uno, cual Saturno redivivo, debiera haber devorado a los tales cuando eran bebés. Porque, ahora, cuando son mayores, uno lamenta no haberlo hecho entonces, a su hora, cuando le brotó la idea.

Me alegra sobremanera que te aprovechen y/o diviertan los asuntos sobre los que urdo, verso y verseo. Si yo soy dulce, como la melaza, tú eres la misma miel sobre hojuelas.

Te mando el correo así, sin demorar ni madurar, porque temo que la tormenta veraniega (verás, no niego que el aguacero que está cayendo en estos precisos instantes es de los de aúpa) curse con apagón; y lo que llevo escrito se vaya al limbo, a hacer puñetas o, sencillamente, pierda.

Te (man)da una variopinta y selecta colección de ósculos tu

Félix Unamuno.

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