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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Yo también te necesito, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
viernes, 4 de julio de 2008, 23:03 h (CET)
Mi vida:

Yo también necesito tus cartas (y tus llamadas de teléfono, y tus SMS; en definitiva, a ti, Tina, estés donde estés; si es al lado, mejor).

“Y los sueños sueños son”, podemos leer en “La vida es sueño”, de Pedro Calderón de la Barca (no le busques tres pies al gato –en el caso que nos ocupa, al perro-); acaso no haya para él una explicación plausible; no todas nuestras divagaciones o excursiones oníricas son proféticas; quizás el mejor exegeta o interpretador de las mismas sea servidor/a, o sea, quien las urdió/soñó (trenzado así, como “gruñó”; pues se debe escribir de la guisa susodicha; por cierto, cuando tengas dudas al respecto, acude a www.rae.es, escribe en el rectángulo el verbo en cuestión, luego pincha en conjugación y el problema se habrá resuelto, cariño –te pasaré la factura el próximo mes de agosto en Roma; será de 1.636 ósculos, variados, si no hay objeción-). Su significado tal vez tenga que ver (no obstante son muchas las personas que lo identifican con un caballo desbocado) con el deseo, con las muchas ganas que tienes de hacer el Amor conmigo (y yo, por supuesto, contigo) y que todo salga a pedir de boca; aunque también puede ser que, tras un matrimonio fallido, tengas miedo a tu segunda boda, la nuestra. Y dejo de elucubrar, especular o hacer cábalas, porque no soy ningún entendido en el asunto de marras, la explicación onírica.

Durante las propincuas dos semanas tienes la obligación inexcusable de hacérselas/telas pasar felices a tus sobrinos y a ti. Los y te conoces. No les/te pongas al borde del abismo.

Todo médico competente debe arrimar el hombro o echarle una mano a su paciente, para que éste pueda erradicar, por sus propios medios, los miedos que le acechan y atenazan. Yo sólo sé que estoy obligado a urdirte lo que me inspira Dios (o tú misma, la más idónea de las aónides, me dictas) en estos precisos instantes; y es que, cual ángel, he bajado desde el cielo para plantar y poner Amor, orden y paz en tu vida. Créetelo, Tina, a pies juntillas.

Estaba en una de mis direcciones de Yahoo, mi bien, contestándote directamente. En la biblioteca pública de Algaso, en varias ocasiones, mientras estaba escribiendo en word y se fue inopinadamente la luz, sí que me pasó lo que me comentas. Pero en el ordenador del centro cívico se borró todo. No te preocupes. Te escribiré otras epístolas mejores. Acaso esta misiva sea superior a la tal.

Yo también te extraño, aunque soy capaz de proyectar tu figura en medio de la calle (dos metros por delante de mí, verbigracia), mientras deambulo por ella. Sigo pensando que tienes la voz más preciosa del universo mundo, la que más me llena o, como se dice ahora, entre los jóvenes, “me pone”.

Hasta las tantas, entonces.

Te ama quien nunca cesará en su cargo o doble condición de tu amado y amador, siempre que le dejes estar a tu vera, tu

Félix Unamuno.

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