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Apoteósica Eurocopa

Jorge Dargel
Jorge Dargel
viernes, 4 de julio de 2008, 23:03 h (CET)
Probablemente esta columna sea de las más gratificantes que escriba como periodista y como aficionado al fútbol. ¡España se proclamó campeona de Europa el pasado domingo! No, no es una broma pesada, lo digo para lo más despistados o para los que pasan del deporte. Sinceramente, no creo que nadie en este país no se haya enterado de una de las mejores gestas en la historia de nuestro deporte.

Llegaba la hora de la verdad, las 8.45 de la tarde y toda una nación esperaba ver a su equipo ganar la final de la Eurocopa contra Alemania. Ya se había logrado lo más difícil, pasar de cuartos y ganar a Italia, los dos males endémicos de España en la historia futbolera. Rusia en semifinales fue arrasada como otras tantas selecciones en este campeonato con una majestuosa segunda parte de los españoles. Entonces, sólo quedaba un duro escollo para quedar campeones, los alemanes. Pero los germanos son de los conjuntos que aunque jueguen mal, siempre ganan, algo parecido y salvando las distancias, como los italianos.

Sinceramente, ¿quién no vio la final el pasado domingo? Por mucho que no te guste el fútbol, ver a tu Selección luchar por la Copa de Europa es algo histórico y que no pasa todos los años. Así que millones de personas nos reunimos en una casa, en bar o en un pabellón, con las camisetas puestas, con las caras pintadas con los colores naciones o con las banderas colgadas en las ventanas o en los balcones. Mientras, las calles estaban desiertas con olor a noche importante para este deporte que es capaz de movilizar a tanta gente. Durante el choque, todos animamos, vibramos, chillamos de alegría con el gol del ‘Niño’ Torres, y tras tanto sufrimiento, se consiguió llegar al éxtasis con el pitido final. España era campeón. Entontes llegaron los abrazos, las lágrimas, los cánticos, las trompetas, el claxon de los choches… Todo esto y al unísono provocó un clima de apoteosis indescriptible.

Esa noche no había crisis financiera, problemas, dolores o que había que madrugar para ir al trabajo el día siguiente. Todo lo contrario, nuestro sentimiento era de histeria y de alegría. Los que vimos el decisivo partido en una casa o en un recinto, salimos a la calle a gritar que éramos campeones de Europa tras tantos años esperando repetir un éxito como éste. Miles se concentraron en Colón, otros en la fuente de su ciudad, pueblo o barrio, pero todos con el mismo sentimiento de júbilo. Así de golpe y porrazo, olvidamos tantas decepciones de nuestra Selección y exclamamos por todo lo alto, ¡el día 29 España campeón! De la celebración cuando llegaron los jugadores a España el lunes ya ni hablamos, eso entra dentro de los anales de la historia al ver un millón de personas acompañando el autobús por las calles de Madrid, como diría aquél…

Y es que ver en vivo a Casillas levantar la Copa de Europa de Selecciones es algo único e inexpresable. Todavía hoy, cuando repiten las imágenes no puedo evitar que se me cristalicen los ojos y se me ponga la piel de gallina. Esta emoción supongo que es semejante a los millones de españoles que vibramos toda la Eurocopa con nuestro equipo, pero en esta ocasión, España pasó de cuartos eliminando a Italia y ganó la final a Alemania. Lo mejor de todo es que la magia del fútbol es capaz de lograr que a pesar de tener una distinta afinidad política, amor a un club diferente, tener desiguales creencias religiosas o pertenecer a otro estatus social, todas las personas aficionadas al fútbol lo celebramos de la misma manera.

Sí, al final se pudo… Como decía el eslogan del canal de televisión que retransmitió todos los partidos de la Selección en la Eurocopa. España consiguió su segunda Eurocopa tras 44 años esperando ansiosamente otro título. Esta vez el fútbol ha sido justo, ya que la Selección ha sido la que mejor fútbol ha ofrecido en este campeonato. Alemania fue, como otros tantos combinados nacionales, superada con creces en la final y de este modo, millones de aficionados a la ‘Roja’ pudimos ser testigos de este grandioso éxito por televisión, eso sí, ya en color. Nuestro combinado nacional ha dado un ejemplo a todo el mundo de cómo se debe jugar a esto que se llama balompié, pero no sólo los jugadores, puesto que nuestra afición ha demostrado cómo animar y ser fiel a unos colores en todo momento. Es en este tipo de contextos cuando me siento más orgulloso de ser español y de gritar, ¡Qué viva España!

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