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Etiquetas:   Crítica de cine  

‘Aliento’ (Breath), de Kim ki-duk

Fran Ruvira
Redacción
viernes, 9 de enero de 2009, 05:26 h (CET)
Mientras nos llegan noticias del estreno del último film de Kim Ki-duk, Bi mong (Dream), en la Sección oficial de la próxima edición del Festival de Cine de San Sebastián, la cartelera veraniega nos trae Aliento (Breath), la decimocuarta película del considerado chico díscolo del cine coreano.

En esta ocasión, Kim Ki-duk se acerca a la historia de dos condenados. Yeon es una mujer encarcelada en una vida familiar rutinaria con un matrimonio en crisis que se sustenta en la apariencia de una pareja moderna en la Corea del sur. La casa es en realidad una prisión cuyo único sonido de fondo son los reproches de un marido infiel y las crónicas de los telediarios de la televisión a modo de letanía. El balcón de una casa de diseño de última generación es su propia atalaya que marca el mundo cerrado del hogar frente al exterior. Por su parte, Jin es un condenado a muerte por el asesinato de su mujer e hijas que espera el día de su ejecución en la cárcel. Comparte su austera celda con otros reos con lo que forma una auténtica sociedad en apenas cuatro metros cuadrados. Yeon y Jin son personajes anulados en espacios reducidos donde el tiempo se detiene y aplasta sus pocas esperanzas.

La pareja formada por el actor taiwanés Chang Chen (Tigre y dragón; Happy Together) y la surcoreana Zia (Hae anseon; Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera) establece a lo largo de la película un personal proceso de comunicación intrínseco. Son personajes que expresan a través de los silencios desde el interior de sus propios reductos vitales donde el amor, el sufrimiento, la culpabilidad, la obsesión, el deseo y los celos se intuyen a través de los gestos y las miradas. Todo un ejercicio de contención interpretativa que va in crescendo hasta llegar a una escena coital con ciertos tintes bertoluccianos.

En la reducida sala de visitas de la cárcel de Hangsun, encontrarán una vía de escape para hacer frente a sus miserias. El director coreano retoma la fascinación por los cambios estacionales tal y como hizo en Primavera, Verano, Otoño, Invierno y Primavera (2003), y diseña una curiosa fábula de festival de final de curso en el interior de la prisión. Yeon está dispuesta a proporcionar al condenado el último aliento de su vida antes de la ejecución. Para ello, será capaz de representar para su “amante” la escenificación del verano, la primavera y el otoño al tiempo que cree recuperar su libertad frente aquellas estampas familiares de vida ordenada. La transformación de las paredes de la prisión en una evocación de la primavera coreana con azaleas de plástico y fotografías en grandes dimensiones de paisajes florales es la escenografía adecuada para abrir sus sentimientos y sus pasiones aunque con un atisbo de fatalismo inquietante. Después vendrán los colores otoñales de la montaña donde Yeon conoció el amor o las playas paradisíacas de Mangsan o Sokcho “donde todos son jóvenes” con una falsa brisa fresca de ventilador.
Kim Ki-duk, que por primera vez se representa así mismo, controla los movimientos de los protagonistas-actores como una especie de demiurgo reflejado en los monitores de seguridad de la cárcel. Es una mirada de auténtico voyeur pero también de controlador como aquel personaje de George Orwell en 1984. El director profundiza en aquella idea de simulacro de Baudrillard que encontramos en la apariencia de un matrimonio perfecto, el relato televisivo de los intentos de suicidio del protagonista, el propio funcionamiento del sistema penitenciario, la recreación inocente de los espacios bucólicos de La isla (2000) o El arco (2005) en el interior de la prisión o la artificialidad de una historia de amor a través de una pantalla de cámara de seguridad.

Breath respira ese poso artesanal y de deliciosa tosquedad de un director autodidacta con un gran sentido pictórico de la escena donde sobresale el trabajo de fotografía de Sung Jong-moo. Una película perfecta para aquellos que se quieran reconciliar con el director coreano tras Time (2006).

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