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Tengo el corazón abierto
Enrique Salvatierra
Y repleto de alegría. Tras veinte años, cuatro mundiales y otras tantas eurocopas, todas ellas con desastres cada uno de mayor calibre que el anterior, el fútbol español se coronó como el mejor de toda Europa. Con una elegancia onírica y una superioridad sublime, el conjunto de Luís Aragonés se sacó la espina de hace 24 años, y rememoró a los héroes del 64, consiguiendo la segunda Eurocopa para las vitrinas de nuestra Federación.
Sin perder ni un solo encuentro, con los cadáveres de Alemania e Italia a nuestras espaldas, y lo mejor de todo, con un juego que rozó la excelencia del fútbol. Hacía tiempo que no veía a una selección ganar con tanto poderío un gran torneo continental o intercontinental. Y nuestra selección con chavales de no más de 20 años, sin una altura portentosa, pero con una calidad infinita han dado un baño de fútbol del bueno a toda la Europa futbolística.
Y eso nos llena de alegría, o por lo menos a mío, que compartiendo la edad de muchos de estos héroes, me han hecho vibrar, llorar de alegría, y acercarme porque no, un poco más a ese sentimiento que llaman felicidad. Con su proeza nos han hecho olvidar todos nuestros problemas, todas nuestras crisis, todas nuestras preocupaciones, para convertir a España, en esa tierra de felicidad, que un día anhelo ser.
Pero el triunfo de los 23 de Luís Aragonés, como muchos ya lo han bautizado, va más allá de las fronteras de lo meramente futbolístico. Es el triunfo del trabajo bien hecho, es la recompensa a explotar tus virtudes antes que defenderte de la de los demás, es el triunfo de un país dividido, que gracias a ellos volvió a unirse en un color, el rojo, y en un sentimiento, orgullo de sentirse parte de una nación que por un día, se convirtió en la España que todos soñamos. Gracias por todo chavales… y que ¡¡Viva España!!
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