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Etiquetas:   CUENTO   -   Sección:   Revista-arte

Rick

Sergio Ramos Rodríguez
Redacción
lunes, 30 de junio de 2008, 11:06 h (CET)
"La realidad siempre es más dura... por ea razón y aunque nos cueste debemos luchar por conseguir nuestros sueños" Rick

Como cada domingo Rick cogía su preciado sombrero del taquillón de su casa y salía a pasear. Saludaba efusivamente a todo el que se cruzaba en su camino le conociera o no.

Rick era un enamorado de la vida,diriamos un extraterrestre del cariño para los tiempos que corren. Su primera parada era el bar del viejo travis. Allí conversaba sobre el último partido de béisbol, sobre como iba wall Street, sobre el último escándalo de Madonna... siempre tomaba lo mismo un café solo y una copa de licor de naranja, decía él que solo era para entonar su garganta. Después de pagar sus religiosos dos dólares y despedirse con recta pulcritud salía de nuevo a las salvajes calles, ya iba silbando, casi siempre esa canción de la banda sonora de esa peli, sí, seguro que se acuerdan una de un puente sobre un río... era un silbido optimista que le preparaba para saludar con alegría a toda persona que se le cruzaba en su camino. Podía ser el broker de la bolsa, la señora que vendía lotería, el dentista camuflado en una sonrisa blanca que se dirigía a su consulta. Era especial este tipo, se tomaba la vida a broma y siempre pensaba que si debía suicidarse algún día lo haría con balas de goma. No trabajaba,s u tío un arqueólogo y explorador había tenido la suerte... bueno la habría tenido si no hubiese sido por la maldición... de encontrar en el desierto de Egipto el sarcófago de un emperador egipcio que debía ser muy importante por las rentas que le dió y que permitía a Rick vivir una apacible vida de holgazán ,claro está un holgazán con clase,nada pendenciero.

Su segunda parada la hacía en la casa de apuestas del barrio, se jugaba todos los días 3 dólares a cualquier cosa, a los caballos, al basket, al beisbol,le daba igual el caso era apostar. Siempre traía consigo eso si un piropo para Marie, la chica encargada de las apuestas. Ese día debío de ser un halago bastante fuerte o bonito ya que la cara de Marie se transformó de súbito en un colorado tomate de ensalada y sus ojos salían disparados de sus órbitas. Rick hubo de salir casi corriendo pues el novio de la chica recién llegado de hacer un recado de la pescardería donde trabaja le pilló en las últimas frases de tan desconsiderado piropo.

Salió esta vez tan deprisa que hasta se le olvidó de silbar nada, no estaba para silbidos, estaba para gastar suela y echar a correr manzana arriba,escapando del ayudante de la pescadería al cual creyó despistar cuando dejó de oler a pescado por las calles de la ciudad.

Bien, se salvó de nuevo otra vez y continuó con su paseo. LLegó la hora de sentarse en un banco del parque a contemplar a el mundo, a las palomas que se agolpaban en sus pies, esperando un trozo de pan que nunca llegaba. Estaba asombrado de la tenacidad de las palomas,llevaba años yendo a ese parque y nunca les había tirado nada y las aves seguían día tras día comiendo sus pies para poder conseguir algo de él,alguna miga de pan.Pero nunca llevaba nada.

De repente vio a un joven de color que se acercaba corriendo hacia él, con un gesto en la cara que denotaba angustia, miedo, confusión y un toque de rabia en sus ojos que no denotaban ternura precisamente. Se sentó a su lado y empezó a contarle una historia de que acababa de salir de prisión y necesitaba talegos para ir a su casa de alabama, con su familia, sólo necesitaba dos míseros dólares para conseguir el billete de tren qe le llevaría a su tierra. Rick hay que decir que era un tacaño de aúpa... prefería que le matasen, si que le dieran mataríle a dar nada de dinero a nadie y este joven negro recién salido de la trena no le daba miedo y le dijo sin pestañear que no llevaba nada de dinero y aunque lo llevase no se lo daría. El joven negro le miró con desagrado y con los ojos inyectados en sangre, le escupió los zapatos y le dijo un par de maldiciones y echó a correr de nuevo calle arriba como alma que llevase el diablo.

Al cabo de dos horas de estar sentado comtemplando la vida de los demás Rick cogió el camino de regreso a su casa, silbando la canción de la peli de ese puente, diciendo piropos a las mujeres, dando caramelos a los niños, duros y pasados, por cierto, de vez en cuando se marcaba unos pasos de claqué en plena calle. Así llegaba hasta su casa, una casa antigua, pero señorial, herencia de su tío claro está. Preparaba la comida, la cual engullía como un pavo sin domesticar y se echaba un rato el cual se convertía en horas. Cuando despertaba cogía una escoba que debía de representar a su esposa margarite, muerta dos años antes de un cáncer fulminante y bailaba y bailaba con ella hasta el amanecer , ni cenaba, sólo dos lágrimas recorrían sus mejillas recordando a la buena de margerite.

Caía rendido en la cama y roncaba como un tronco hasta el día siguiente.

Cuando el día despuntaba seguía la misma liturgia que todas las mañanas. Se ponía su mismo traje, se apoderaba de su sombrero y salía a la calle a realizar la ruta de todos los dias. Iba al bar, tomaba lo mismo, fue a la casa de apuestas y ... se quedó petrificado.... Una esquela grande decía que Marie había muerto el día anterior. Una media lágrima fluyó de su ojo derecho hasta encontrar sus labios resecos, volvió sobre sus pasos asta el bar, por si podía enterarse de lo ocurrido el día anterior con marie. Preguntó al dueño del bar sobre lo ocurrido a Maríe y este le contestó:

-Al parecer Risk, una persona entró corriendo en el salón de apuestas gritando dos dólares, por favor dos dólares, Marie se negó a entregárselos y el individuo encolerizado tomó una pequeña navaja y le dió un corte mortal en el cuello...
En ese mismo instante Rick puso su mano en su pecho en el lado del corazón, comenzó a respirar desfasadamente y cayó de súbito al suelo, nada ni nadie pudo hacer nada por salvar su vida, el ataque al corazón fue fulminante...

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