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Etiquetas:   Arte   -   Sección:   Revista-arte

Juan Muñoz vive en el Guggenheim Bilbao

Julia María Carvajal
Redacción
lunes, 30 de junio de 2008, 11:06 h (CET)
Su obra es difícil de clasificar, aunque exista en ella una clara tendencia conceptual, a pesar de su interés por el sonido y la música, plasmado en sus colaboraciones en la radio y las piezas sonoras, en sus esculturas transmite la ausencia de ambas, los grupos de figuras de sus esculturas aparecen como voces mudas que intentan articular sonidos sin conseguirlo. Lo que si logra es que los espectadores nos encontremos ante un espejo, donde se reflejan nuestras dudas personales, nuestros temores, y nuestros sueños.

El Museo Guggenheim de Bilbao presenta una exposición retrospectiva del artista madrileño Juan Muñoz. La muestra, organizada por la Tate Modern londinense en colaboración con la pinacoteca bilbaína, está integrada por más de ochenta obras, esculturas, instalaciones, dibujos, obras radiofónicas, escritos, y permanecerá abierta al público hasta Octubre del presente año.



Descarrilamiento (2000-2001)
Acero corten
83 x 370 x 53 cm
Colección particular (Nueva York)



Juan Muñoz ( Madrid 1953-Ibiza 2001), escultor de prestigio internacional, miembro de la generación de los ochenta, cursó estudios de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid, su ciudad natal, su carácter cosmopolita le llevó a completar su formación en el Central School of Art de Londres, ciudad en la que conoció a la que sería su mujer, la también escultora Cristina Iglesias. Posteriormente estudio escultura y grabado en el Pratt Centre de Nueva York. En 1984 realiza su primera exposición individual en Madrid. En 1986 participa en la Bienal de Venecia, y un año después expone en el Museo de Arte Contemporáneo de Burdeos (Francia). En 1990 publica una recopilación de textos teóricos, con el título de Segmento para explicar las claves de su proceso creativo. Participa en la exposición internacional Documenta IX, en la edición de 1992. En el año 2000 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas. Poco antes de fallecer, la Tate Modern de Londres albergó en su vestíbulo una gigantesca instalación denominada Double Bind.

Una de las primeras exposiciones individuales de Juan Muñoz, en los años ochenta, presentaba una pequeña escalera de caracol con un balcón en la parte superior y apoyada en una pared, “es la primera pieza de la que recuerdo tener una cierta sensación de identidad”, manifestó el artista refiriéndose a esta obra, a lo largo de su carrera este motivo arquitectónico se repite, hoy, transcurridos casi veinticinco años desde aquella fecha, una pequeña escalera de caracol invertida, abre la exposición del Guggenheim Bilbao, considerada como la retrospectiva más importante dedicada a Muñoz, a nivel internacional.

Juan Muñoz recupera para la escultura la figura humana, a través de sus obras se plantea las eternas cuestiones que preocupan al ser humano, sus obras representan la espera, la soledad, la inquietud ante el paso del tiempo, donde el mayor misterio es el presente “ lo que ves no es lo que parece”, dijo el artista, refiriéndose a los trabajos sonoros que realizó para la radio con el fin de indagar en la incomunicación entre las personas. Muñoz crea sus grupos de figuras para hablar de lo que se puede hablar, pasado y futuro, y no solo hablan, sino que ríen o lloran. La obra, Trece riéndose los unos de los otros, sorprende al visitante antes de entrar en el Museo, las esculturas se sitúan a ambos lados de la escalera que da acceso al atrio del Guggenheim Bilbao. Una vez en el interior, la segunda planta alberga las creaciones de Muñoz, que invitan al espectador a relacionarse con ellas, incluso a mezclarse entre ellas, como en el caso de los Cien chinos risueños, que se reúnen en corrillos, al igual que hacen las personas para comentar algunos acontecimientos de la vida cotidiana, los muñecos tentetiesos de, Escenas de conversación, o los hombres sin pies del grupo que forma Muchas veces. Las piezas que componen los distintos grupos escultóricos están realizadas en poliéster, resina y tela, pero también utiliza otros materiales como el metal en sus balcones deshabitados, madera en sus pasamanos sin final, bronce en la figura suspendida en el aire con la que rinde un homenaje a la trapecista de Degas, acero y cristal en, Cruce de caminos, acero corten en, Hacia la sombra, espectacular representación del descarrilamiento de un tren, en la impresionante, Tierra baldía, usa incluso sintasol, y hasta una Caja de zapatos, dotada de un mecanismo por el que se desplaza, sirve de soporte al mensaje que Muñoz quiere transmitir. Se siente un murmullo en los espacios que ocupan sus obras, que recorre la exposición transmutado en un lenguaje universal, que necesita palabras para ser comprendido y hacernos reflexionar mirando a nuestro interior, sin embargo Juan Muñoz no espera la reprobación ni la alabanza de quien contempla su obra, “La obra de Arte no debería tener réplica, debería ser como una obra de teatro, acaba cuando cae el telón”, dice Juan Muñoz , delatando así la necesidad del creador de crear sin anhelar recompensa alguna, sin embargo fue uno de los pocos artistas que contó y cuenta con el favor del público y de la crítica.



Many times (Muchas veces - 1999)
Poliéster y resina
Dimensiones variables
Colección particular.


Juan Muñoz no solo introdujo la figura humana en su relación con el espacio arquitectónico, tema principal de su trabajo, sino que su obra tiende un puente entre la escultura clásica y la de vanguardia, construye atmosferas inquietantes, cargadas de confrontaciones visuales, y pone de manifiesto la frágil separación que hay para el hombre entre la normalidad y la locura.
Su obra es difícil de clasificar, aunque exista en ella una clara tendencia conceptual, a pesar de su interés por el sonido y la música, plasmado en sus colaboraciones en la radio y las piezas sonoras, en sus esculturas transmite la ausencia de ambas, los grupos de figuras de sus esculturas aparecen como voces mudas que intentan articular sonidos sin conseguirlo. Lo que si logra es que los espectadores nos encontremos ante un espejo, donde se reflejan nuestras dudas personales, nuestros temores, y nuestros sueños.

Cristina Iglesias, escultora vasca, que compartió su vida y su Arte con Juan Muñoz, y que ha colaborado en la presentación de esta magnífica exposición que se muestra en el Museo Guggenheim Bilbao, al recorrer las distintas salas que acogen las obras del genial artista, ha dicho, “ Juan Muñoz sigue vivo, porque aquí su obra está viva, y si su obra vive, él sigue viviendo”.

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