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Tiempo de sobrinos en la tierra sin mal

Luis Agüero Wagner
Redacción
lunes, 30 de junio de 2008, 23:45 h (CET)
La historia de la iglesia católica recoge la memoria del Papa veneciano Eugenio IV, proclamado Sumo Pontífice en el año 1431. La carrera política de Eugenio, cuyo verdadero nombre era Gabriela Condulmer, había sido fulgurante. A los 24 años se había convertido en Obispo de Siena, a pesar de la repulsa de la clase política en dicha ciudad, contraria al nombramiento de un obispo extranjero. Poco tiempo después, Eugenio IV accedió al puesto de tesorero Papal, luego se convirtió en Cardenal de San Marcos y San Clemente, para posteriormente llegar a Cardenal de la Basílica de Santa María en Trastevere, antes de convertirse en Papa tras firmar con los demás cardenales un acuerdo que se parece bastante a los que suscriben los políticos paraguayos de nuestros días para sus alianzas electorales. El tratado consistía en que juraba distribuirse con ellos la mitad de las ganancias de la Iglesia, además de consultarles toda interrogante relacionada con las finanzas de la institución.

De todas maneras, la carrera política de Eugenio no hubiera sido tan brillante si no hubiera sido sobrino de su antecesor, el Papa Gregorio XII. Entre pontífices venecianos, la transmisión de tío a sobrino esta asegurada, dado que el sucesor de Eugenio fue a su vez su sobrino Pablo II, Papa de la Iglesia católica de 1464 a 1471.

La carrera del sobrino de Eugenio IV, cuyo nombre era Pietro Barbo, fue igualmente deslumbrante. A poco de ser nombrado su tío Papa, la carrera del futuro Pablo II inició su resplandeciente despegue, de forma similar al de los sobrinos del clérigo-presidente del Paraguay Fernando Lugo luego de los comicios del 20 de abril. De archidiácono de Bolonia, Pietro pasó a obispo de Cervia y Vicencia y finalmente, en 1440, fue nombrado Cardenal.

Cuando el sobrinazgo lo catapultó al Papado, Paulo intentó deshacerse de los funcionarios del Vaticano que tenían doble sueldo, mal que fue transmitido hasta nuestros días a los partidos políticos oficialistas, aunque su osadía provocó una ola de indignación entre los redactores de documentos papales. En 1466, los poetas y retóricos de la ciudad levantaron su voz de protesta y la represión no se hizo esperar. La peor parte se llevó el poeta Platina, quien fue dos veces encarcelado y torturado, peripecias que lo llevaron a vengarse escribiendo una interesante biografía sobre Paulo II, el Vital Pontificum. Gracias a ese tratado hoy sabemos que Pablo sostenía prácticas sodomitas y que su vanidad era tan grande que quiso adoptar el nombre de Formoso II (hermoso II).

Muchos otros Papas medievales criaban a sus hijos ilegítmos como sobrinos y les daban preferencia, elevando a la mayoría a cardenales de la iglesia, y a veces lograban perpetuar una dinastía papal. Calixto III, de los Borja, convirtió a dos sobrinos en cardenales y uno de ellos llegó a convertirse en el Papa Alejandro VI. El mismo Alejandro VI promovió al hermano de su amante Julia Farnesio como cardenal, el cual luego se convertiría en el Papa Pablo III. Este último Papa tampoco se privó de practicar el nepotismo al promover como cardenales a sus dos sobrinos (de catorce y dieciséis años).

Muchos de estos episodios de la historia sin duda que fueron ignorados por los estrategas de la Alianza Patriótica para el Cambio y por sus votantes que llevaron a la presidencia del Paraguay al Obispo Fernando Lugo. Si en algún momento imaginaron que el nepotismo, el clientelismo y tantas otras taras institucionales de la política paraguaya podían revertirse convocando a un mesías emergido de las carpas de la iglesia católica, demostraron un absoluto desconocimiento de la historia de las instituciones.

Quien un mínimo conoce de tales asuntos sabe que sólo superan a la Iglesia católica, verdadero hilo conductor de los proyectos reaccionarios en la historia, los sindicatos y la social democracia en materia de clientelismo. Han abundado siempre cardenales en el entorno de los dictadores, apoyos de episcopados a tiranos, arzobispos en la conducción de golpes militares, ceremonias de jura de ministros y bendición de sables.

Sólo superan a la Iglesia católica, un verdadero hilo conductor de los proyectos reaccionarios en la historia, los sindicatos y la social democracia en materia de clientelismo, y casualmente ambos grupos también se encuentran entre los puntales políticos del enviado de Dios para redimir al Paraguay.
No es casualidad, considerando estas circunstancias, que escandalosos casos de nepotismo y tráfico de influencias hayan salpicado al clérigo-presidente, obispo de los pobres y teólogo de la liberación. Primero fue el caso de un sobrino sin formación académica y dedicado a la venta de automóviles ilegales (sin documentos, presumiblemente robados en Argentina), oficio conocido en Paraguay como "mausero", con un sueldo principesco en un puesto altamente especializado en la entidad binacional Yacyretá, que administra una hidroeléctrica compartida entre Paraguay y Argentina. Ahora surge el aprovechamiento subrepticio e irregular de becas entregadas por el gobierno de Corea por parte de una sobrina del obispo, Mirta Maidana.

Nadie sabe con exactitud el curso que está haciendo la sobrina en la Universidad de Información y Comunicación de Corea, sólo que hace poco el Obispo visitó el país asiático para ofrecer garantías a las inversiones de empresas vinculadas a la Secta Moon.

Las autoridades responsables del otorgamiento de las becas se lavaron las manos, la familia del supremo obispo rehusó responder a la prensa y solo se sabe que la beneficiaria no tiene antecedentes de trabajar en el ámbito al cual corresponde el beneficio, destinada a profesionales del área de la comunicación institucional, la publicidad y/o el periodismo.

Otro de los dilemas que se plantea al clérigo-presidente es el errático comportamiento de su hermano Pompeyo, al que quiere impulsar como presidente del Partido Colorado. El caso recuerda por homonimia al de Pompeyo Magno en tiempos de la república romana, que quiso nombrar a su yerno Metelo Escisión comandante de dos legiones a pesar de su conocida ineptitud militar, caso denunciado sin éxito en el Senado por Marco Antonio.

En este caso, es el Pompeyo Magno del Paraguay el que ha demostrado una absoluta carencia de atributos para liderar el partido político mayoritario del país, patentizada en su comportamiento payasesco, su mitomanía ingénita y sus proclamas incoherentes. Combatir estas aberraciones en Paraguay será especialmente conflictivo, considerando que no son producto de un cálculo consciente, sino una relación de creencia que estructura las formas de relación con las prácticas políticas, casi tan fuerte como la tradición católica a la que cinco siglos de oscurantismo y autoritarismo permitieron echar raíces.

Paraguay, que comparte con Haití el "honor" de ser los dos únicos países donde un cura católico llegó a presidente mantiene efectivamente un viejo idilio con la tragedia. Tanto es así que el mismo Augusto Roa Bastos en una oportunidad sentenció que el infortunio se había enamorado de su país.

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