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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Tú me haces y vas a hacerme mucho bien, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
lunes, 30 de junio de 2008, 23:45 h (CET)
“Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse; saber mal lo que se sabe; y saber lo que no debiera saberse”. François de La Rochefoucauld

Mi vida:

Ayer, hablando contigo por teléfono a propósito de la fidelidad, estaba tan de acuerdo con el argumentario que ibas desgranando (y brindándome) que llegué a pensar si no conformaríamos ambos una sola alma dividida, por razones que desconocía y sigo ignorando, en dos partes o cuerpos distintos. Creo que seríamos dos gotas de agua, esto es, que estaríamos completamente de acuerdo si los dos abordáramos el asunto partiendo desde las mismas premisas o adoptando semejante perspectiva o punto de vista (en el “cronotopos” o espacio-tiempo). Quiero que sepas que el uno por cierto discrepante de ayer hoy no es tal, probo, entero, sino medio; o sea, que es verdad incontrovertible que deseo casarme contigo, ergo, ser tu esposo y vivir contigo los cuatro lustros (por lo menos) que otrora le pedí a fray Marcelino de Encine e impetro a Dios a diario (todas las noches, antes de conciliar el sueño). Que ansío que seas, sin dejar una rendija por la que pueda colarse la duda u objeción más flaca, la madre, maestra (en el sutil y perito manejo del estro) y musa de mi presente y venidera obra literaria.

Hoy en día son legión las parejas que vienen defendiendo y sosteniendo la tesis de la preeminencia o prelación de la lealtad sobre la fidelidad conyugal. Al parecer, para ellos, lo importante es decirse la verdad a la cara, que se han puesto los cuernos (no sé cuántas veces) mutuamente, sin sentir una pizca de vergüenza ajena, ni un ápice de sonrojo. Allá ellos. Yo no me sumo, ni cuento, ni encuentro entre éstos.

Me consta, porque lo vengo experimentando en carne propia desde hace la tira, que tú me haces y vas a hacerme mucho bien, el que, por distintas razones (más bien, sinrazones –unas, ajenas; otras, anejas-) nunca disfruté; y que apenas tuve que elegir, porque el Amor, por sí mismo, cuando es auténtico, verdadero, como el nuestro, se impone, sin alharacas ni mayores dificultades.

Entre tus notas y las mías, podemos trenzar al alimón una de las mejores partituras de Amor de la historia de la Humanidad (de todos los tiempos).

Te mira, remira y no puede dejar de admirarte tu

Félix Unamuno.

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