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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Ibarretche toma el rábano por las hojas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 30 de junio de 2008, 23:42 h (CET)
Alguien de los que gobiernan este país debiera saber aquello de que “quien siembra vientos recoge tempestades” y que no vale lamentarse tardíamente de ciertas situaciones preocupantes, cuando ha sido su propio comportamiento en tiempos pretéritos el desencadenante directo de aquellas. No debemos de llevarnos las manos a la cabeza cuando el lehendekari señor Ibarretche, en un alarde de empacho nacionalista, se haya arrojado a la piscina del desatino político presentando y consiguiendo la aprobación del Parlamento vasco de este engendro al que se conoce como referéndum por la autodeterminación de Euskadi. Si algún ciudadano hubiera tenido dudas sobre si, el visionario de Ibarretche, tendría la osadía y la temeridad de intentar enfrentarse al Estado español para ponerlo en una situación límite; creo que, ahora mismo, habrá dejado de presumir y conjeturar, para entrar en el convencimiento absoluto de que el paso dado por el PNV y su máximo representante, ha entrado en una fase de “sin retorno” que augura serios problemas, tanto para el país vasco como para e Gobierno del señor ZP y, como es natural, para todos los españoles.

Pero, señores, es que el empecinamiento de Ibarretche tiene una lógica. Se negoció con Batasuna, que es lo mismo que decir con ETA, a nivel político (no nos dejemos engañar por la propaganda socialista), se trató de la reinmersión en la sociedad de los criminales alojados en las cárceles, se habló de pensiones para ellos y se llegó al extremo de comprometer a Navarra dentro del “paquete” de concesiones que, el ejecutivo del señor Zapatero, estaba dispuesto a negociar con la banda criminal para comprarles la tan cacareada “paz”; aquella con la que mantenía adormecidos a los ciudadanos españoles para intentar lograr de ellos, si no su aprobación, al menos un silencio cómplice. Ibarretche reclama idéntico trato. Y ¿por qué adopta esta actitud tan beligerante? Elemental querido Watson, porque el PNV sufrió un fuerte varapalo en las pasadas elecciones y ahora intenta recuperar el terreno perdido, inclinándose más hacia la izquierda, hasta estos momentos del dominio exclusivo de los abertzales independentistas. Argumenta, el diablesco sujeto, que si Zapatero pudo aceptar negociar con una banda de criminales, ¿por qué no hacerlo con él a quien, al menos de momento, no se le puede atribuir ningún delito de sangre?

Y, ¿qué responde nuestro ZP a este órdago del PNV? Pues que se trata de una ilegalidad y que se recurrirá al TC (¡Dios nos pille confesados si se debe acudir a semejante antro que dirige la consultora feminista de las parricidas, señora Emilia Casas,!) Veamos si recapitulamos un poco, señor Presidente, ¿quién fue que permitió que los Comunistas de las Tierras Vascas estuvieran en la política nacional?, ¿quién fue el que les dio alas a los nacionalistas catalanes y vascos con sus claudicaciones, concesiones, martingalas y olvidos interesados de los preceptos constitucionales? Fue usted mismo, quien tachaba a los del PP de no ser patriotas por no apoyarle en sus trapicheos con ETA; fue usted quien llamaba hombre de paz al señor Otegui que, mientras le enseñaba la rama de olivo con la derecha daba de comer con la otra a los asesinos de la banda y, también fue usted, quién dijo que nunca más negociaría con terroristas mientras sus sicarios proseguían sus contactos clandestinos con los representantes abertzales. ¡Y nadie se rasgó las vestiduras!

Pero, como siempre, su actuación ha sido pusilánime, si señores, teme, duda, se retranquea ante algo a lo que no sabe como enfrentarse; como, precisamente, está ocurriendo en la actualidad con la crisis económica que estamos padeciendo y que ZP ha estado negando una y otra vez, a pesar de su evidencia. Es un hombre inseguro, un hombre incapaz de afrontar un problema de frente y, por ello, acude a bellaquerías, traiciones y artimañas, como la de hurtar a los ciudadanos la peligrosidad de la crisis que se avecinaba por temor a perder las elecciones. ¿Este es el tipo de gobernante que decidieron elegir los españoles? O mejor dicho, ¿es la persona adecuada para sacar a España del enredo en que, el mismo, nos ha metido? Estatuto de Catalunya discriminatorio para el resto de comunidades; rendición ante los separatistas en el tema de la lengua castellana; ataques a la religión; olvido del concepto de patria común y del respeto a los símbolos de la unidad de España, como la bandera, ¿son estos los regalos que nos ha traído sólo para hacerse con el poder y llevar a cabo su particular venganza contra la derecha? ¡Vaya, hombre, valiente favor nos ha hecho! y, para rematar la jugada, nos deja una Justicia que ni es ciega ni es nada; un amasijo de nuevas leyes, la mayoría de dudosa constitucionalidad y la mayor relajación que se ha dado en la historia de España en cuanto a la aplicación, la tramitación y la ejecución de las normas por las que nos regimos.

Y ahora, ante el desplante de este independentista engreído y vociferante, lo único que se le ocurre a ZP es amenazarle con el TC. Usted es un jurista, creo que profesor de Derecho Constitucional. Pero ¿de qué le sirve, si resulta que, al parecer, ignora que la Constitución prevé, para casos como el que nos ocupa, el que se pueda despojar al gobierno vasco de sus poderes y revertir las trasferencias en casos en los que, como el actual, se infrinjan leyes fundamentales por aquellos cuyo deber es mantenerlas y hacer que se cumplan? Estamos en un país que ha dejado de serlo, donde el Estado de Derecho sólo es una expresión vacua de contenido y que el Gobierno, a copia de transferir sus competencias, se ha convertido en un este inane, insolvente y engendrador de conflictos, en lugar ser quien ejerza su autoridad por encima del resto de administraciones autonómicas. Vaya pues, el señor abogado del Estado, preparando su recurso, para remitirlo al TC y deje que el PNV siga con sus insensateces; dentro de unos años, si, sigue el mismo rumbo del Estatut catalán, puede que le den la razón pero, es posible que, para entonces ya no tengamos ni a Euskadi ni a Cataluña y, la piel de toro, se haya quedado hecha unos zorros imposibles de reparar. Y es que, señores, pretender una actitud conciliadora y legalista con los separatistas es lo mismo que hacer de vientre encima de una hoguera.

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