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Tags: Opinión · Cesta de Dulcinea · Nieves Fernández
Tengo la camisa roja


Nieves Fernández


Nieves Fernández Nieves Fernández
martes, 1 de julio de 2008, 01:42
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Si hablamos de colores y deporte, sobre todo fútbol, aparece la palabra marea para designar a un determinado color de la afición. Y así será el color de su movimiento de ola, gane o no gane, en los alrededores del estadio, en la ciudad que le acoge, en las gradas, en la calle, y en las fuentes que sufridamente celebrarán su triunfo. Ese color, que suele ser el color predominante del club o del país al que simboliza o representa, teñirá la memoria, las pantallas, las gentes, los regalos y los recuerdos.

No hay qué indagar mucho para averiguar que el color de moda que desde hace días lo tiñe todo es el color rojo, el color de las fresas y de las cerezas, el color de los tomates, el color de la pasión, pero sobre todo el color de la bandera.

La cadena que retransmite los encuentros de futbol de la Eurocopa se hacía gala de ese color, y así se vistió de fiesta y de rojo para narrar el último de los partidos jugados por la selección española. Uno de los cantantes invitados al programa, Juanes, intentó sacar partido colorista con una de sus más famosas y bellas canciones, la canción de “la camisa negra”, ya saben, esa que trata de las miserias de un enamorado que por no conseguir el amor se le tiñe el corazón y el alma de negro. Y como lo más cercano a estos órganos o entidades vitales es la camisa, es tal su desesperación amorosa que hasta la pobre prenda se le tiñe de luto por la ausencia de la chica. No sé que ocurre con esta canción que aunque el cantante nos hable de una camisa negra, siempre me la imagino blanca y además muy luminosa. Será porque a estos cantantes jóvenes latinos es más facil que te los imagines así, recién llegados del Caribe, muy bronceados, de piel curtida y con una camisa blanca recien planchada que transparenta un torso musculoso y escultural, aunque ellos nos hablen de cómo la prenda se pone de luto por la no correspondencia de un amor. En fin, ellos sabrán cómo pierden la blancura de sus ropas, la calma y hasta la cama con esas canciones llenas de ritmo y color.

Lo importante es que la camisa negra de Juanes se hizo roja de pronto para homenajear a una selección de futbol que iba a jugar un encuentro de semifinal. Es cuando Juanes se pone la camisa roja y canta la canción de la camisa roja en honor nuestro, y aún siendo latinoamericano, la canta con ganas, dando un tono muy distinto a su canción. Que un cantante haga eso sin ser español es todo un ejemplo, aunque lo normal es que lo haga un no español, ya saben, todos evitamos ponernos los colores de un club y de un país porque ese color parece representar viejos símbolos que sólo a conflictos simbolizan y representan.

Lo normal cuando gana un país, muchos otros países lo quisieran, es que sus colores lo impregnen todo, ya no es el deporte el que está en juego, es mucho más. Es la sociedad la que gana. Eso dirán también otros para politizarlo. La camisa roja de Juanes se tiñe sin querer también de azul al revivir viejos conceptos de color de ropa. Pero el color es lo de menos, es el gesto, fíjense los contrincantes rusos también iban de rojo y hubo que cambiar el color de la camiseta por el color oro, no menos español que el rojo. ¡Ay los símbolos, a veces no nos dejan de ver el tono de la alegría si no está tamizado por un tonillo politicón que a nadie beneficia y siempre perjudica!

Muchos, ni con bromas futbolísticas, se pondrían la camisa roja o llevarían la bandera roja y amarilla porque estos colores siempre estarán ligados a una bandera bicolor ligada a su vez a un ideal político. Es extraño ver a ciertos inmigrantes voceando a la venta las banderas de España cuando sólo unos cuantos las cuelgan a su cuello o en sus balcones, mientras jalean los triunfos de España.

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