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España Campeón, ¿Raúl, selección?

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 30 de junio de 2008, 23:45 h (CET)
Albricias, albricias, albricias. Qué bueno, qué bueno, qué bueno. El Sabio de Hortaleza ha ganado por fin una Copa de Europa. Por fin para ESPAÑA, por fin para ÉL. Alemania se la quitó en su día, léase Bayern, y Alemania se la devolvió en la noche de ayer. Merecido lo tiene. Como jugador anduvo dos veces cerca en su versión de clubes. La primera, el Ajax de Cruiff, Rep, Keiser, Neskens, Krol, etcétera, le cerró el paso poco antes de la final. Y la segunda, ‘Narizotas’ Schwarzenbeck, Sbarzembec, pronunciábamos entonces por estos lares con tanta dificultad como hoy pronunciamos Swarstaiga o Jikesberga, forzó un partido de desempate que, a la postre, significó que Luis Aragonés no levantase el copazo en el estadio Heysel de Bruselas. Era el Atlético de Madrid de los Irureta, Gárate, Capón, Melo, Rodri, Adelardo, Calleja, etcétera.

España, uno, Alemania cero. Corto pero suficiente. Gol de Torres. Golazo más bien. Asistencia perpendicular, sprint del "Niño", leve toque .... y a la jaula. Y a toda una Alemania, tricampeona de Europa, tricampeona del Mundo, la misma selección que, cuando le preguntaron a Gary Lineker, aquel fino delantero inglés que jugó en el Barcelona, qué era el fútbol, respondió: "es un deporte donde juegan once contra once y que al final siempre gana Alemania". Pues, sí, esa misma Alemania mordió el polvo anoche, en Viena, en el Ernst Happel, el antiguo Estadio del Prater. Y aunque no ha sido la mejor selección alemana de todos los tiempos, Ballack, Podolski, Friedrich, Lahm, Klose y Schweinsteiger tampoco son para despreciar. No son cojos, no. Que se lo pregunten a Portugal, por ejemplo.

A lo largo de esta Eurocopa, la selección española ha realizado el fútbol más brillante, el más regular. Juego de pase corto, con muchos apoyos, diagonales y ocupación de espacios en ataque, combinado con pases largos y profundos, como el que permitió a Villa marcarle el golazo del campeonato a Suecia. En ningún momento España ha transmitido la sensación de no poder ganar o de no saber qué hacer. Ni siquiera contra Grecia, donde anduvieron ausentes muchos titulares. En los cuarenta y tantos años que llevo siguiendo sus andanzas, las del combinado rojo y azul, jamás le vi jugar de esta manera. Nunca. Tanto es así que la mayoría de los medios de comunicación capitalinos, madrileños y madridistas, es decir, casi todos, ya parecen haber olvidado esa suerte de anatema que arrojaron durante los últimas meses, de modo sostenido e implacable, contra la canosa cabeza de Luis: ¡Raúl selección! No conocían al de Hortaleza. O no lo suficiente. Luis, como hombre cabal y de principios, ha sido fiel a sí mismo y, a pesar de las presiones y, dicen que también de las ofertas recibidas, no se ha bajado del burro y ha sostenido su criterio contra viento y marea. Y ahora esos mismos medios de comunicación, que se olvidaron de que los entrenadores tienen sus motivos para obrar como lo hacen, comienzan a darle la razón y a apearse del suyo, de su burro quiero decir. Si España hubiese perdido, ya hubiéramos visto qué ocurría. Pero en fin, el asunto no ha ido por ahí. Afortunadamente para el fútbol español.

Y es que un equipo de verdad no depende de un solo jugador o dos, sino de una filosofía que todos comparten y aceptan. En un equipo de verdad, los que no juegan son tan importantes o más que los que saltan a la cancha. Y ojo al dato: probablemente Raúl sea el menos culpable de toda la campaña orquestada a su alrededor, una campaña que sólo generó malestar entre la selección, el colectivo de jugadores y los medios de comunicación. Raúl, como todo jugador, desea formar parte de la selección y participar en un Mundial o en un Europeo. Es lo máximo a lo que puede aspirar un profesional. Pero, también y demostrando su entereza y madurez, siempre ha acatado, de mejor o peor grado pero en silencio, los criterios del seleccionador. Es un gesto que le honra y que no todos han asumido, al menos hasta ahora.

El triunfo de España ante Alemania, que anoche la coronó bicampeona de Europa, sólo puede entenderse recurriendo a la filosofía de un gran demiurgo del banquillo como es Aragonés. Y se resume en una frase sencilla pero difícil de asimilar y, sobre todo, de llevar a la práctica sobre el césped: enseñar a no perder. O lo que es lo mismo: yo no te puedo ganar pero no dejo que me ganes y nos lo jugamos a los penalties. ¡Y ver qué pasa! Ese modo de comportarse, extraño hasta hoy en la escuadra española, esa madurez, ese saber estar en el CAMPO y en la COMPETICIÓN es el mismo que Luis Aragonés mamó de Marcel Domingo, Juan Carlos Lorenzo y otros entrenadores, que dejaron su impronta en su larga trayectoria como futbolista. La misma que él, como seleccionador, ha inculcado a sus seleccionados. La misma que él, como entrenador, ha aplicado en todos los clubes por los que pasó y donde dejó un recuerdo imborrable de su presencia: Valencia, Betis, Mallorca, Barcelona, Español, Oviedo o Atlético de Madrid. La misma con la que Italia mordió el polvo. ¡Vaya usted por Dios! Los azzurri fuera de combate a manos de España. Antes lo intentaron muchos, pero sólo lo han conseguido Aragonés y sus muchachos.

Y es que detrás de todo grupo de grandes jugadores, como Xesc, Xavi, Senna, Villa, Ramos, Marchena, Pujol, Iniesta, Fernando Torres, Capdevila, Casillas y demás lo son SIN DUDA, siempre tiene que haber una mente pensante de muchos quilates. Ya ocurrió con la selección de baloncesto de Pepu Hernández, que se proclamó campeona del mundo hace dos veranos. Pepu decía que quien botaba mucho era un egoísta, porque el medio relacional por antonomasia entre los jugadores es el pase y el juego sin balón. Y esa filosofía, ese espíritu de grupo en la cancha y fuera de ella, prendió en el equipo que subió al podium con todo merecimiento. Como anoche hizo España cuando abrazó la gloria en Viena. En el campo no sonaron, pero yo sí que escuché alguno de los valses de la familia Strauss.

¿Raúl selección? Espero que después de esto no insistan, porque ya está bien. Dejémonos de zarandajas, que el fútbol es algo mucho más serio y bello. Y más en este país. Claro que ahora yo me pregunto: ¿qué hubiera ocurrido si Raúl hubiese estado en la selección?

Olvídense de esta última disquisición y disfruten. ¡A saber cuándo se volverá a repetir una fecha como esta! Mi enhorabuena más grande a todo el planeta balompédico español, en el que me incluyo desde que en 1966, a mis ocho años, vi como en Wembley Inglaterra le birlaba otra final a Alemania, en aquella ocasión con un gol que no traspasó la línea de meta, cobrado por el ingles Hurst, Sir Geofr Charles, único jugador de fútbol que, hasta la fecha, ha anotado un hat-trick en la final de un Mundial de Fútbol.

Repito: a disfrutarla.

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