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Decepcionante exhibición de los "toros rojos"
Daniel Lázaro
El mundo de la Fórmula Uno ha visitado Pamplona durante tres días, de la mano de Red Bull. El principal objetivo de la marca no era otro que rodar un encierro este sábado con dos de sus "toros" del mundial, David Coulthard y Sebastien Bourdais, a bordo de sus monoplazas. Pero antes, los vehículos permanecieron expuestos en el centro de la ciudad para todo aquel que quisiera contemplarlos. El espectáculo terminó con una exhibición por las calles de la vieja Pamplona.
Como todo, estos actos han tenido partidarios y detractores. Ahí no me meto. Yo soy de los que gustaba de ver, oír y sentir la Fórmula Uno algo más de cerca. El encierro era lo que era, y tampoco se le podía pedir más, quizá algún trompo para el espectador que se ha levantado a las siete de la mañana para acudir a la Plaza de Toros. Aunque el hecho de que mucha gente haya podido llegar -casi- a tocar los monoplazas en el ruedo, ha quitado todo los males. Después, como en un verdadero encierro, desayuno y para casa.
Lo que sí ha defraudado, al menos para mí, es el espectáculo que los dos pilotos dieron por la tarde. Un circuito de casi 2 kilómetros para el deleite del espectador. Ni un solo hueco a lo largo de todo el recorrido. Muy bonita presentación, al más puro estilo de un Gran Premio, subidos en un descapotable. Pero después... parece que el espectáculo solo estaba dedicado para unos pocos. Sí, para los VIP que aguardaban sentados en la curva y para los pocos que cogieron sitio ahí. Claro que era el mejor sitio para trompear y quemar neumático, pero tal vez, y digo tal vez, se podía haber dedicado algo para los demás, que también estaban aguardando el pleno Sol de una tarde de verano. No era tan difícil hacer chillar a las ruedas en plena recta o zigzaguear un ratito. Ellos mismos lo hacen cuando marchan detrás del Safety Car. Sí, el francés ha alcanzado 254 kilómetros por hora –el cinemómetro recién instalado creo que no ha saltado- junto a las murallas de Pamplona, pero entre vuelta y vuelta...
Red Bull ya tuvo su publicidad, Navarra tuvo la suya, y los pamploneses pudimos sentir de más cerca un mundo que difícilmente volverá por estas tierras. Por eso creo que algo más, tan solo bastaba con un poquito, se podría haber hecho para el disfrute del espectador. Aunque si el objetivo era meramente publicitario, con figurantes gratuitos, lo han conseguido con creces.
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