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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Individuos radicales

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 30 de junio de 2008, 01:02 h (CET)
Nos adherimos con gusto a las etiquetas, grandes titulares y lemas repetitivos. ¿Será por comodidad? Una vez instalados, ya no necesitamos pensar demasiado, nos dejamos representar por esos títulos. Algunos ciudadanos expanden estas ideas hasta extremos insospechados. Pretenden la posesión de un ADN especial, únicamente presente en los de su “raza”. Con un poquito más de dominio del método, harán lo mismo con algún GEN; Quizá alcancen el establecimiento de un certificado de autenticidad. Los conocimientos científicos quedan así arrumbados. Un gen, un ADN, representan muy poco como entes aislados; sólo desarrollarán su potencia cuando se pongan en relación con otros genes y ADN, con el resto del mundo. Su esencia no consiste en el aislamiento; al contrario, serán sus sucesivos contactos quienes le confieran un sentido y su realidad. Una partícula vital no tiene mucho sentido sin esa relación con las demás, con todo el resto de la biología. Es la manera de conformar seres vivos, hombres, grupos sociales. Ese conjunto es insoslayable.

Del mismo modo, cuando nos contemplamos como un INDIVIDUO concreto, no cabe aquella valoración como un ente solitario, desligado de los demás entes y de sus alrededores. Es inconcebible su reclusión total en una burbuja. Las influencias no cesan nunca, recibe las del exterior y emite su participación, voluntaria o involuntariamente. Sin embargo, en esa ineludible conexión, es factible la adopción de una actitud de colaboración; o por el contrario una obstinada posición de enfrentamiento.

La enajenación no suele ser total, en unas cosas se asume esa concordancia con las circunstancias de cada uno, mientras en otras empeñamos el genio en un intento libertario, en una escapatoria imposible. Para eso, en determinados asuntos, jugamos como una gallina ciega, pero no del todo; torpemente queremos demostrar que no vemos … lo evidente. Ese procedimiento de AMPUTACIONES progresivas, elimina del campo vivencial aquello que nos molesta. Lo que en sí era complejo, enriquecido por numerosos matices; lo simplificamos en una forma irreal, desligada de las realidades próximas. Una simpleza así, sin las conexiones vitales, constituye un ente fantasmagórico. Pero, los hay y muy peligrosos.

Empezamos menoscabando el concepto de cultura, extirpándole su vertiente de superación y la lucha por la excelencia. Está a la vista de todos, lo excelente escasea. Hemos conseguido que todo sea cultura, hasta lo más abyecto. Si transitamos por esos caminos, arribamos a la INCULTURA, universal o provinciana; la hay en las más diversas extensiones. Despreciamos las reglas gramaticales, con expresiones poco inteligibles. En el Gobierno de la Nación, además de miembros, hemos conseguido el nombramiento de “miembras” con todas las de la ley; dispuestas a cambiar a la RAE que no se anima a tenerlas en cuenta- Se imponen las culturas según los mequetrefes de turno, con poco cultivo y mucha tergiversación. Quizá crean que eso es la mejor cultura.

Si dirigimos una mirada a la ENSEÑANZA, son curiosos los aspectos llamativos. También aquí debieran dominar las excelencias, adobadas por aprendizajes envidiables y por las concordancias con las necesidades de la sociedad. ¿Se pretende una mayor adaptación de la Universidad a la realidad laboral y técnica? Los nuevos planes de estudio nacen lastrados por una prolongada elaboración, entretenidos en distracciones políticas poco docentes. Una vez elaborados, -Véase Bolonia y sus planes-, se instauran con unos niveles mínimos de comunicación con el profesorado. ¿Quién los va a llevar a la práctica? Su elaboración en las instituciones estratosféricas de la grandeza europea, tampoco ayuda mucho a su aplicación.

Los más optimistas pensarían en una convivencia reparadora de los grandes entuertos. Como intención es envidiable, pero como frustración me temo que enorme. Si me asomo cerca o si busco información de zonas alejadas, el DESAPEGO se convierte en la actitud más visitada, como si se tratara de una visita al museo de los horrores. Un alejamiento progresivo y terco. No importa que se disfrace de solidaridad de cristal, frágil y si es posible a grandes distancias. Al permanecer tan desasistidos los unos de los otros, se colabora en una nueva amputación, se trabaja en contra del engranaje natural. Estos comportamientos contribuyen al aislamiento mencionado.

Relacionado o no con todo lo anterior, en contra de la apariencia de gran difusión informativa, topamos con una severa INCOMUNICACIÓN paradójica. Lo peor es que se aprovechan las facilidades para comunicarnos las bagatelas y frivolidades; mientras aumentan las dificultades para una buena conexión entre las personas. Estamos ante otro lazo de unión que se destroza; haciendo cada vez más complicada la participación comunitaria. Una consecuencia directa se nos viene encima, se proyecta en el desconocimiento de los demás y, por eso mismo, perdemos en la apreciación de nuestras características genuinas. Se trata de amputaciones un tanto apocalípticas por que nos arrastran a la degeneración como personas.

A esta suma de calamidades le falta la guinda maléfica, ese PUNTAZO SECTARIO desencadenante que pocas veces falta. Los asideros racionales fueron desapareciendo, quedamos expuestos a los vendavales, permanecemos aturdidos y sin capacidad reactiva. Sobre estas personas convertidas en entes desconectados, cae uno de los picotazos detonantes, en forma de ideas iluminadas; que no luminosas. Unos, erigidos en razas de lo mejorcito. Los hay muy cercanos a los divino. La misma pobreza de solemnidad tiende a la explosión. Están los que llevan dentro la semilla liberadora de todo un pueblo. Los potentados económicos, mafiosos de postín y los expertos en la corrupción. Sin los límites propios de una actuación cabal y comunitaria, se radicalizan las respuestas.

Las apariencias sirven para poco en el asunto tratado hoy. Una vez más, el traje no refleja el interior de cada persona. Después de recibir alguno de los estímulos referidos, u otros, que los hay abundantes; el individuo RADICAL ya está embutido en su idea fija, desligado de otras consideraciones. El hecho en sí, debiera ser educativo, debiera hacernos pensar en las desconexiones cómplices, facilitadoras de esa especie de energúmenos. No importa su nivel científico, musical o conocimientos profesionales; se demostró en el Holocausto. Es otro género el que arrastran los radicales, imbuidos de su falseado valor solitario; no tienen en cuenta el valor de las otras personas. Como decían los mayas respecto de los conquistadores, “Eran sustitutos de los dioses, vinieron a castrar al sol”, marchitando a su paso las esencias ajenas. Su victoria será posible, triunfo al fin; aunque no ensombrezcan las realidades más sublimes de la vida en este mundo. ¿Qué triunfo? ¿Quién triunfa?

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