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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Esta vez podemos

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 30 de junio de 2008, 01:02 h (CET)
Escribo estas líneas un día antes de que España quede paralizada por la celebración de un partido de fútbol. Hace cuarenta y cuatro años que la “roja” no gana la Eurocopa y hace veinticuatro que pudieron hacerlo pero no lo consiguieron. Ahora ese “podemos” que se han sacado de la faltriquera las mentes pensantes de una cadena televisiva resuena por doquier, no sólo en la madrileña Plaza de Colón, y con todos los acentos peninsulares. Una nueva generación de españolitos, los hay altos, bajos, morenos, rubios y hasta uno de color, han bajado el cuero al suelo, como siempre pidió el maestro D. Alfredo Di Stefano, y allá se han dedicado a trenzar un juego que hacía décadas no veíamos por las canchas peninsulares. Mucho toque, paciencia y nada de pelotazos largos han conseguido llevar a la muchachada de Luís Aragonés a enfrentarse en la final del fútbol europeo a Alemania, que nos lleva ventaja en trofeos de estas características.

Durante años el fútbol fue una válvula de escape para las masas. Si los cesares romanos ofrecían al populacho el sangriento espectáculo del circo en España durante años, los que la dominó un “cesar” bajito y cargado de medallas militares, el deporte balompédico sirvió en muchas ocasiones para que la gente no pensará en otras cosas más que en el partido del domingo. Durante años cada treinta de Abril Televisión Española, la única que había, televisaba una corrida de toros y después un partido de fútbol con el fin de que los trabajadores no escucharan las llamadas de los sindicatos, ilegales por aquellas calendas, y acudieran a manifestarse contra el régimen. Los presidentes de los clubes solían ser elementos afines al franquismo y eran una verdadera rareza en este mundillo futbolístico teñido de rancio nacionalismo españolista clubes como la Real Sociedad y el Atletic de Bilbao formados tan sólo por jugadores nacidos en Euskadi, o el Barcelona que siempre fue para la mayoría de sus seguidores “algo más que un club”.

Incluso hoy, en pleno siglo XXI, las presiones de las autoridades deportivas españolas hacen que los “tuercebotas” que puedan existir en Gibraltar no puedan disputar campeonatos federados como selección nacional por aquello del “Gibraltar español”. Esta es la tercera vez que España llega a una final europea pero muy bien podría haber sido la cuarta si por medio no se hubiera cruzado la política. En el año 1959 la selección española había eliminado a la polaca, entonces comunista, y en la siguiente ronda le tocó jugar contra la Unión Soviética, la madre de todos los males, y por ahí ya no pasaron las autoridades franquistas que obligaron a la selección española a retirarse de la competición. Franco, sus generalitos y las camisas azules de la Falange no podían permitir que se interpretara el himno soviético en un campo de fútbol español mientras se izaba la enseña roja de la hoz y el martillo. Pero la venganza no tardó en llegar, bastaron cinco años para que en la final de 1964, celebrada en España, la suerte nos deparara el enfrentamiento con la Unión Soviética. Ahora ya no era posible la retirada patriótica del once español, ahora había que jugar y ganar y eso es lo que hizo el once formado por Iribar, Rivilla, Olivella, Calleja, Zoco, Fusté, Amancio, Lapetra, Pereda, Marcelino y Luís Suárez. Un cabezazo de Marcelino, componente de aquellos “Cinco Magníficos” del Real Zaragoza, deshizo el empate siete minutos antes del final del partido. España estaba pendiente de la radio y explotó de alegría, el oso soviético había mordido el polvo de la derrota ante el coraje de los españoles mientras la voz de Matías Prats, padre, elevaba a la épica el cabezazo de Marcelino. Algunos incluso hicieron paralelismos entre esta derrota y el triunfo franquista en la Guerra del 36-39, la masonería y el comunismo volvían a morder el polvo. Otros maquillaron el gol para que en el NO-DO. noticiario oficial del régimen, fuera Amancio, jugador del Real Madrid quien diera el pase de gol, en lugar del barcelonista Chus Pereda que fue quien realmente pasó el cuero a Marcelino para que éste lo empujara a la red. El Madrid era el Real Madrid y Don Santiago Bernabeu pesaba mucho en los alrededores de El Pardo.

Afortunadamente todo aquello ya es historia y los jugadores de la selección han llegado a un final en la que pueden obtener la segunda copa europea para las vitrinas de la federación española. Pero no ha sido un camino de flores el llegar hasta aquí, prácticamente nadie, salvo los jugadores, creían en el seleccionador que ha tenido que aguantar multitud de críticas, especialmente cuando en la fase clasificatoria el equipo perdía una y otra vez y los jugadores no eran una piña. El vestuario estaba distorsionado por la actitud de Raúl, su capitán, que no era consciente de que el tiempo pasa y hay que dejar el camino a los más jóvenes, el ariete madridista en lugar de unir a la plantilla se dedicaba a hacer de “chivato” ante Luís Aragonés exigiendo que sancionara a sus compañeros a la más mínima. Y es que jugar en el Real Madrid a algunos les da muchas, demasiadas alas, acostumbrados como están a las prebendas históricas del equipo de la capital de España.

Hoy, el equipo es una piña, toca y toca el balón y consiguen que cuando ellos juegan se vacíen las calles y media España esté pendiente ante la televisión de sus evoluciones sobre el campo. El otro día ante Rusia demostraron que el fútbol no tiene porqué ser aburrido. Y esta tarde harán bueno el lema de “podemos” y si no lo logran que no sea por falta de buen juego. Si el triunfo les sonríe las calles de todas las ciudades volverán a llenarse de gentes envueltas en los colores rojo y gualda haciendo sonar acompasadamente los cláxones de los coches, e incluso en la parte alta de esta Barcelona, donde algunos agoreros del nacionalismo español dicen que el castellano está en peligro, se verán banderas españolas con el toro de Osborne y los aficionados irán a celebrar la victoria, no a la fuente de Canaletas, lugar que ahora los “cules” frecuentan poco, sino a la Plaza de España, que es el lugar que les corresponde. Y que Dios nos coja confesados ante la oleada de fervor patrio que ya se ha desatado incluso antes de haber hecho morder el polvo a los teutones. Al menos durante unos días nos olvidaremos de esa crisis económica que está tocando a la puerta de casa y que no parece estar presente ante tanto despilfarro en vuelos charter camino de la gloria en Viena. El lunes será otro día.

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