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Desmemoriados y fanáticos socialistas, ¿y ahora qué?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 29 de junio de 2008, 06:44 h (CET)
Mnemosine, aparte de ser la precursora de las parturientas múltiples (yació nueve noches seguidas con Zeus y parió, en un solo parto, a las nueve Musas), también se le atribuía en la antigua Grecia, ser la viva representación del don de la memoria. Se decía, de la hija de Gea y Urano, que los reyes y poetas que se relacionaban con ella y con las Musas, adquirían el don de hablar con autoridad. Y hago referencia a esta antigua deidad para hacer mención a un fenómeno que está padeciendo una importante parte de la ciudadanía de este país, precisamente los que votaron al PSOE, quienes, al parecer, se abrevaron en el mitológico río Lete, del que bebían los muertos para que, al reencarnarse, no recordaran nada de los que les sucedió en su anterior existencia. Sí, señores, estas pobres gentes han sufrido una amnesia colectiva que les ha impedido recordar las promesas, las descalificaciones a los “antipatriotas”, que vaticinaban la entrada de España en la crisis, y las risas de suficiencia del señor Solbes quien, no se sabe si por que su párpado descolgado le impedía ver bien la que se nos avecinaba o si por ineptitud, si no, por malicia; pretendía disimular la realidad, para que no se les escaparan los votos de aquellos a los que tenían hipnotizados mediante el mecanismo psicológico de achacar a la derecha las culpas de todo aquello que salía mal.

Pero el fenómeno comporta un componente añadido de enfermedad de Alzheimer que, incluso, ante la evidencia suministrada por la realidad en la que vivimos, ante las muestras fehacientes de una crisis como la copa de un pino y la debacle en la que nos estamos sumergiendo los españoles en la que, el mixing de desempleo galopante, elevación geométrica de los precios, estancamiento de los salarios y endeudamiento público; forma una amalgama que todavía se agrava más si se tiene en cuenta la actitud con la que se enfrenta a él el Gobierno, que en sus inanidad intelectual, en su minimalismo cerebral, todavía se empeña en sostener, por medio de su máximo representante, señor ZP, que esto no es una crisis, sino una simple incidencia económica. Lo peor es que, entretanto, se dedican a hacer brindis al sol para disimular su pobreza intelectual, con el fin de intentar que los españoles (por aquello del panem et circenses) nos olvidemos de lo esencial y nos quedemos con lo accesorio. Ataques a la Iglesia católica (sembrando cizaña incluso en el Vaticano; propuestas de eliminar el Concordato con la Santa Sede; nuevos programas feministas, como la famosa biblioteca “sólo para mujeres” ¿qué hay de la discriminación señora Aido?; reincidencias en el tema del aborto libre y la eutanasia (temblad jubilados) ¡Ah!, y no nos olvidemos de la panacea universal, el placebo de multitudes ¡el fútbol que todo lo enmascara!

Esto tendría una importancia relativa si, el primer partido de la oposición estuviera vivo. Si, si en lugar de haber sustituido, en aras de unos intereses espurios y de una moralina acomodaticia, el relleno de valores, ideales, principios éticos y morales que constituían su bagaje o, si se quiere, su arma más eficaz para enfrentarse al materialismo, laicicismo, relativismo, frente populismo y totalitarismo del PSOE; se hubieran mantenido en sus trece y esgrimido la fuerza de sus diez millones trescientos mil votantes, reforzado por la evidencia de la validez incontestable de los argumentos que se esgrimieron durante la campaña electoral para que, en lugar de “olvidarse de lo ocurrido en la anterior legislatura” como parece que quiere don Mariano o de lo que expuso magistralmente el señor Pizarro ante un Solbes embustero y resabiado; o de la defensa de los de la ATV o del aborto incontrolado; se hubieran puesto las pilas y hubieran aprovechado la ocasión para desacreditar a los socialistas por sus imprevisiones, sus engaños al pueblo español y sus desatinos e incompetencia en la forma de afrontar la crisis económica que estamos padeciendo.

La situación es tan complicada, los hechos tan apabullantes y las consecuencias de la crisis tan incontestables que, como ocurre en los naufragios, las ratas ya abandonan el barco para el “sálvese quien pueda” y, hasta los antiguos soportes de ZP, los separatistas y comunistas, ya están recogiendo velas y se atreven a pedirle explicaciones; y esto sólo tiene una explicación. Sí señores, las bases ya se están empezando a rebotar, ya no estamos en la España de la abundancia, de las vacaciones caras, de los derroches de fin de semana y del cambio de coche cada tres años. ¡No, señores, esto se acabó, y si queremos ser realistas, puede que para unos cuantos años!

A cambio, la gente empieza a ver los nubarrones de la recesión, se da cuenta de que va a tener que prescindir de muchas cosas para poder atender las hipotecas; dejarse el coche en casa a causa del encarecimiento brutal del combustible; prescindir los domingos y festivos de salir de excursiones y, lo peor de todo, tener la tensión de temer por la conservación del puesto de trabajo, entre otras mil preocupaciones. La demostración la tenemos en el aumento de los impagados a los bancos; la caída en picado de la venta de coches; el derrumbe del precio de las viviendas, especialmente de las de segunda mano; la congelación de los salarios de los altos cargos ( preludio, es evidente, de una congelación de todos los salarios de los funcionarios); restricciones, mediante acuerdos con los sindicatos vendidos al Gobierno, de los incrementos salariales de los trabajadores, a los que les prometieron el oro y el moro, en momentos en que el Gobierno necesitaba sus votos pero, con las arcas agotadas, con el 80% del superávit ( el tan cacareado superávit) agotado y, lo poco que queda, que se acabará de consumir con los 6.000 millones destinados a pagar los 400 euros (que ni son cuatrocientos ni los van a percibir todos los españoles) y, por si fuera poco, no son más que una pequeña tirita puesta en la gran herida producida por la cuchilla de la crisis; es de cajón que ya no va a quedar un céntimo para atender a las otras promesas de beneficios de índole social que, con tanta inconsciencia y temeridad, afirmaron que iban a repartir.

Pero si ustedes siguen la prensa, la de Prisa (por cierto, con qué “prisa”, el señor Rajoy, se ha echado en los brazos de los periodistas de Polanco ¡quién lo iba a decir!) o escuchan las declaraciones de ministros y ministras, parece que tenemos un fábrica de emitir euros. Un aviso, estamos en estanflación: crecimiento 0 el último trimestre; tenemos un millón de inmigrantes sin papeles y, por primera vez, se admite que, como ya anunciábamos hace unos meses, las consecuencias de la crisis van a repercutir seriamente a las recaudaciones de impuestos por el Estado. Se veía venir y uno esta en su derecho de preguntar, a quienes nos dirigen: ¿Y ahora, qué? Mejor no saberlo.

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